El colombiano intentó quedarse en España, pero le fue denegado el permiso. En total, cerca de 40 mujeres denunciaron ser víctimas, pero solamente se comprobaron dos casos.Otras historias: Las hijas de Isak Andic cierran filas alrededor de su hermano Jonathan y aseguran que "no existía un cisma familiar"
María estaba sentada en el suelo en la Plaza de Oriente, en Madrid, tras realizar las compras. Estaba sola. Frente a ella actuaba un músico callejero y quería contemplarlo.
En ese momento, un hombre se le acercó por el costado. Ella alcanzó a verlo por el rabillo del ojo.
—Hola, hola —dijo dos veces Israel Gutiérrez.
La mujer no le hizo caso. Acto seguido, se giró y le dio la espalda.
La reacción del hombre fue inmediata: la tomó por el cuello y la apretó. Ella no pudo soltarse. Y sus recuerdos se tornaron difusos a partir de ese momento.
—Lo siguiente que puedo recordar es a esta persona en mi habitación, en mi cama, violándome, zarandeándome, golpeándome, dándome órdenes y gritándome —contó María durante el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Madrid en 2015.
Ella es una de las casi 40 víctimas que denunciaron ser abusadas por Israel Gutiérrez en su momento, un colombiano de 58 años que fue expulsado de España el pasado 10 de junio en un vuelo fletado por la Comisaría General de Extranjería y Fronteras.
El victimario cumplió una condena de nueve años en España. Cuando salió en libertad, su intención era quedarse en el país, pero el Grupo Operativo de Extranjeros II de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de Madrid estuvo al tanto de que, mientras Gutiérrez estaba en la cárcel, había caducado el decreto de expulsión.
Al darse cuenta, el colombiano, que ha sido stripper y figurante de películas para adultos, interpuso recursos ante varios juzgados para continuar con su residencia. Sin embargo, los investigadores de la Policía elaboraron diversos informes en los que sostenían el peligro que representaba el condenado y la existencia de un riesgo de que pudiera volver a cometer delitos similares.
Uno de los primeros casos investigados se sitúa en 1998. Gutiérrez, con síndrome de acondroplasia, aseguraba ser un chamán. En la vivienda en la que residía tenía su consultorio.
Allí, él les mencionaba a las mujeres que tenía poderes curativos y místicos para ayudarles a afrontar sus enfermedades, los problemas sentimentales o, incluso, dificultades personales.
En medio de las consultas, el falso chamán les ofrecía una infusión de hierbas para facilitar los rituales. Sin embargo, según la investigación, esa bebida contenía una sustancia que anulaba la voluntad de las víctimas y las dejaba en un estado de indefensión que le permitía abusar sexualmente de ellas.
Por la forma de actuar, los investigadores sospecharon que estaba usando burundanga. Incluso, en su momento, el caso tuvo gran repercusión nacional porque fue uno de los primeros casos en los que se usó ese tipo de droga.
Pese a que hay cerca de 40 víctimas que denunciaron haber pasado el mismo calvario, solo se pudieron demostrar dos casos, entre ellos el de María. Y a cada una de las víctimas se le indemnizó con 50.000 euros.
La detención de Gutiérrez se produjo en 2012. En ese momento habían pasado tres años del evento sucedido en la Plaza de Oriente.
María estaba en su trabajo y, como era costumbre, se puso a leer el periódico. Allí vio el titular que decía que habían capturado a un presunto agresor sexual. Posteriormente vio la foto y lo reconoció de inmediato.
Leyó el caso. Constató el modus operandi: la víctima aseguraba que el victimario le había dado una sustancia que la había dejado con una sensación de ingravidez.
—Eso es lo que me hizo a mí —le dijo María a una compañera de trabajo mientras le mostraba el artículo.
Salió de su trabajo para fumar un cigarro y, como lo contó en la audiencia, se dijo a sí misma:
—Si esa mujer tuvo el valor de contárselo a todo el mundo, yo también —aseguró en el juicio entre sollozos.
Desde ese entonces le cuesta "caminar sola por donde sea". Tiene miedos recurrentes. También tuvo que acudir a tratamiento porque, aseguró, se sentía sucia.
Cuando pudo recobrar sus sentidos tras haber sido drogada por el chamán, María tenía dolor de cabeza, como si hubiese tenido una resaca. "Sentía mucho malestar en todo el cuerpo, con mis partes doloridas; estaba sucia, pegajosa, me sentía asquerosa y vi que toda la cama estaba revuelta, que olía a sudor, a rancio, daba asco".
Adicionalmente llevaba el mismo pijama de la noche anterior, "cosa que nunca hago, ya que siempre me pongo un pijama limpio porque me gusta que huela a suavizante".
Las sábanas y ese pijama los lavó durante una semana. Después decidió tirarlos. "Solo quería sentirme limpia y que no fuera verdad lo que había pasado", agregó en la audiencia.
Lo que arrojó la investigación de Gutiérrez es que se trata de un hombre que, valiéndose de su apariencia, se ganaba la confianza de sus víctimas por medio de su "poder" para sanar las dolencias del ser humano.
Aprovechaba esas necesidades de las mujeres dado que acudían a su piso. Allí, sin que nadie lo viera, podía drogarlas y abusar de ellas.
Pero si ese plan no funcionaba, salía como un depredador por las calles. Aplicaba burundanga en objetos cotidianos: papeles, periódicos y cualquier otra cosa. Elegía a sus víctimas. Se acercaba a ellas y las drogaba para llevarlas a su propia residencia y violarlas.
Intentaba borrar los rastros. La segunda víctima que declaró en su contra aseguró que Gutiérrez llevaba "plásticos en los dedos" mientras la violaba.
El victimario nunca mostró arrepentimiento. Tampoco pidió perdón. Incluso, cuando salió de escuchar los testimonios de las personas de las que abusó, algunos periodistas lo esperaban a las afueras.
Le preguntaron al respecto y cuestionaron su forma de actuar. Pero la respuesta dejó claro que no se arrepentía por lo hecho.
—Si quieren que aparezca en su programa de televisión, páguenme —les dijo.