María Arana y Alberto Díaz aseguran que lo que se llevan de esta experiencia de años acogiendo «es increíble» y animan a quienes sientan el impulso a informarse. En Burgos se necesitan familias de acogida
25/10/2026 a las 09:10h.
María Arana y Alberto Díaz son un matrimonio de Burgos que ha sido, durante años, familia de acogida en Burgos. La desconfianza inicial de un menor vulnerable no es un muro infranqueable; es solo una coraza que empieza a caer en cuanto siente afecto.
En la casa de María Arana y Alberto Díaz, el punto de inflexión llegó a base de trabajo, con la repetición paciente de los días. «Al principio, una de las niñas me repetía si le había metido el papel de la excursión. No se fiaba porque estaba acostumbrada a los olvidos de los adultos», recuerda María. «Con el paso de las semanas, cuando descubren que no les vas a fallar, ves cómo sueltan esa carga que no les corresponde por edad», añade.
Este matrimonio de Burgos tomó la decisión de ser familia de acogida en 2017. Hoy la definen como una de las experiencias más enriquecedoras de sus vidas. Por su hogar han pasado dos parejas de hermanos y, más recientemente, un adolescente con el que mantuvieron un acogimiento temporal hasta su mayoría de edad. Era también hermano de una de las parejas anteriores. «Teníamos dos hijos biológicos y la logística de la crianza en marcha. Vimos que podíamos sumar y ofrecer estabilidad a un menor en dificultad, sabiendo que el proyecto tenía un principio y un final», apunta Albero.
Herramientas que permanecenCuando asoman las heridas del pasado, la situación exige templanza, por muy dura que sea, pero coinciden en que los avances compensan con creces cualquier esfuerzo. «Lo más bonito de este proceso es comprobar que un niño que parte de circunstancias muy difíciles acaba generando recursos propios para confiar en el mundo a través de herramientas que tú le has dado», subraya María.
La prueba definitiva llega cuando concluye la medida de protección y regresan a su núcleo biológico: «Es normal que, al principio, parezca que dan algún paso hacia atrás, al volver a su entorno de origen, pero en los reencuentros hemos visto en ellos herramientas emocionales que antes no tenían», explica este matrimonio.
«Queda mucho más de lo que uno cree a simple vista. Ver a un crío que llegó en alerta tumbarse en la cama y quedarse profundamente dormido, con una tranquilidad absoluta, es algo que no se paga con dinero. Lo hacer por ayudar y la recompensa es enorme», ratifica Alberto.
Una lección para sus hijos biológicosOtra de las sorpresas de esta aventura llegó por la transformación de sus hijos biológicos. Lejos de suponer un freno o una fuente de celos el compartir a sus padres, les abrió la mente a la responsabilidad y a la generosidad. Han aprendido que no todas las infancias son sencillas y que tender la mano transforma otras realidades. «Ahora mis hijos son como son porque han aprendido que hay niños que están peor que ellos, que les puedes ayudar», reflexiona María. Querían enseñarles la importancia de la solidaridad no solo con palabras sino con hechos.
«El acogimiento trae regalos inesperados. Mi hijo pequeño, estiró su propia infancia un par de años más gracias a jugar con los hermanos que llegaron y la relación entre mis hijos salió reforzada», añaden.
El triunfo del vínculo compartidoEl éxito del acogimiento de María y Alberto ha radicado en el respeto con las familias de origen, un principio que Cruz Roja promueve como pilar indiscutible del servicio. «Nosotros somos un complemento para sostener y cuidar, jamás para restar o competir», enfatiza Alberto.
Gracias a un trabajo sin egos, el vínculo con esos niños sigue presente. Los menores, ya integrados en su entorno biológico o emancipados, continúan visitándolos y disfrutando de temporadas en el pueblo familiar de la provincia de Burgos. «Allí son uno más, juegan, entran en la casa de la vecina, tienen una infancia normalizada», apuntan. «Porque muchas veces, si han destacado, es por lo malo y sentirse uno más es gratificante», añade Alberto.
María lanza un mensaje inequívoco a quienes en Burgos se plantean dar el paso de ser familia de acogida. «Queremos que la mayor cantidad de gente sepa que existe este servicio. Que quienes tienen este sentimiento dentro opten por ello porque el proceso, aunque parezca largo, es por el bien de la familia de acogida y de los niños. Lo que recoges es increíble», asegura.
Sesión informativa inicial
1
Sesión informativa inicial (Cruz Roja Burgos). Contacto: Primer acercamiento de la familia interesada. Orientación: Explicación detallada de las distintas modalidades de acogimiento existentes y resolución de dudas iniciales.Formación específica Asecal
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Duración: Curso formativo de 18 horas lectivas. Objetivo: Conocer la realidad de los menores y valorar si el acogimiento encaja con el proyecto familiar (muchas familias deciden en este punto si continuar o no). Informe: Asecal traslada a Cruz Roja sus impresiones sobre la idoneidad y preparación de los participantes.Entrevista personal y ofrecimiento formal (Cruz Roja)
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Definición del perfil: La familia concreta el rango de edad o perfil del menor o adolescente al que se siente capaz de atender. Aportación documental: Entrega de la documentación requerida para iniciar el expediente.Estudio y valoración del entorno (Equipo técnico en Valladolid)
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Revisión del expediente: Envío de la documentación al equipo técnico central de valoración. Visita al domicilio: Profesionales acuden a la vivienda para conocer el entorno físico y familiar de primera mano. Garantía: Proceso riguroso enfocado en comprobar que el hogar ofrece la estabilidad y seguridad necesarias.Dictamen final (Comisión mixta con la Sección de Infancia)
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Filtro definitivo: Reunión conjunta entre Cruz Roja y el área técnica de Infancia de la Junta de Castilla y León. Aprobación: Validación oficial de la familia como apta para el acogimiento.Propuesta y selección del menor (matching)
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Búsqueda de compatibilidad: Cruce entre las necesidades urgentes de un menor y el perfil ofrecido por la familia. Reunión presencial: Presentación formal de la historia y características del niño o adolescente a la familia para su aceptación.Periodo de acoplamiento y acogimiento definitivo
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Transición gradual: Acercamiento progresivo y pautado entre el menor y la familia para generar un vínculo de confianza mutuo. Formalización: Si el acoplamiento resulta positivo, se firma y oficializa la estancia del menor en el hogar.