La gestión de animales comunitarios necesita funciones claras, recursos y vías de apoyo que no dependan de la disponibilidad ilimitada de quienes las cuidan
Son las tres de la madrugada. Una gestora de colonias recibe el aviso de que hay un gato comunitario gravemente herido. La avisa un vecino que conoce la zona y sabe que ella cuida animales. Nadie le pregunta si está disponible, si tiene vehículo, si sabe cómo capturarlo, si cuenta con un lugar donde llevarlo o si puede asumir el coste veterinario. Lo que se espera de ella es que salve la vida del animal. El 14 de octubre participé, en representación de Mishilovers, en un congreso organizado por la Dirección General de Derechos de los Animales en el que se habló de voluntariado.
Dispuse de veinte minutos. Poco tiempo para explicar todo lo que sucede alrededor de las colonias felinas, pero suficiente para plantear una cuestión que considero imprescindible: cuando hablamos de voluntariado, no deberíamos preguntarnos únicamente quiénes son voluntarias, sino qué hacen, en qué condiciones lo hacen y hasta dónde deben llegar sus responsabilidades. Ser voluntaria no significa estar siempre disponible, asumir cualquier tarea, adelantar cualquier gasto o responder personalmente ante cualquier emergencia. Describe una forma de colaborar, no una obligación ilimitada.
Las personas que sostienen el territorioLas gestoras y gestores de colonias aportamos algo que difícilmente puede obtenerse mediante visitas puntuales, actuaciones para la fotografía institucional o contratos que reducen la gestión felina a esterilizaciones aisladas, sin seguimiento, ética ni conocimiento del territorio.
Observamos diariamente a los animales y detectamos cambios de comportamiento, heridas, enfermedades, desapariciones y nuevas incorporaciones. Conocemos sus horarios, sus refugios, los riesgos y, en muchas ocasiones, las relaciones vecinales que rodean cada colonia.
En muchos municipios, las personas que cuidan colonias felinas no pertenecen a ninguna asociación protectoraCon demasiada frecuencia somos también las primeras personas a quienes se llama cuando surge una urgencia, aunque no dispongamos de los medios para resolverla. Aportamos tiempo, conocimiento y vínculo, y asumimos un coste emocional que raramente aparece reflejado en los informes municipales.
Ese conocimiento es imprescindible para gestionar las colonias felinas de forma integral y tomar decisiones adecuadas, en consonancia con la Ley 7/2023. Pero que nuestra participación sea esencial no significa que debamos convertirnos en todo el sistema.
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En muchos municipios, las personas que cuidan colonias felinas no pertenecen a ninguna asociación protectora. Sin embargo, el ayuntamiento conoce sus nombres y apellidos, las vincula a colonias concretas en el censo municipal, les ofrece formación y, en ocasiones, incluso les proporciona otros recursos para las colonias, tal como establece la Ley 7/2023. Existe, por tanto, una colaboración real, cotidiana y conocida por la Administración.
Pero cuando estas personas solicitan una acreditación o un documento que reconozca su función, algunos ayuntamientos responden que no pueden tener voluntariado. Aquí se confunden dos figuras que no son necesariamente equivalentes: ser voluntaria de una entidad de protección animal y ser cuidadora autorizada de una colonia felina municipal.

En Cataluña, la Ley 25/2015 establece un modelo de voluntariado vinculado, con carácter general, a entidades privadas sin ánimo de lucro. Pero la Ley estatal 7/2023 contempla expresamente otra figura: la persona cuidadora de colonias felinas, debidamente autorizada, y exige que los programas municipales regulen sus derechos y obligaciones.
Reconocer y acreditar a una cuidadora no significa necesariamente convertirla en voluntaria del ayuntamiento, sino identificar formalmente su colaboración en un programa público y definir sus funciones, sus límites y las condiciones en las que participa. Ese reconocimiento no debe confundirse con trasladarle la responsabilidad del servicio.
La Ley 7/2023 atribuye a las entidades locales, en los términos previstos por la propia norma, la gestión de los gatos comunitarios y el desarrollo de programas municipales de colonias felinas. Estos deben contemplar, entre otras cuestiones, la atención sanitaria necesaria, los protocolos de actuación y la colaboración ciudadana. La Directriz Técnica de la Dirección General de Derechos de los Animales también señala la necesidad de definir el modelo de relación entre los ayuntamientos y las personas cuidadoras.
El miedo a utilizar la palabra voluntariado no puede dejar a estas personas en una situación indefinida. Hay que distinguir las figuras jurídicas, regular la colaboración y garantizar los recursos y las vías de apoyo necesarios. Cuando una cuidadora dice “no puedo”, debe existir otra persona, un servicio o una vía de derivación capaz de responder.
La Directriz Técnica de la Dirección General de Derechos de los Animales señala la necesidad de definir el modelo de relación entre los ayuntamientos y las cuidadorasFormar para gestionar colonias no es suficienteLa formación dirigida a las personas cuidadoras suele concentrarse en el bienestar felino, el método de captura, esterilización y retorno (CER), la alimentación, las capturas, las normas municipales y, en algunos casos, el factor emocional. Todo ello es necesario, pero la formación también debe enseñar cómo derivar una emergencia, afrontar un conflicto y pedir apoyo cuando no se puede atender a la colonia.
Colaboro también con una fundación que acompaña a familias con niñas y niños en situaciones paliativas u oncológicas. En ese ámbito, nadie considera que la buena voluntad sea suficiente. Las voluntarias recibimos formación para acompañar emocionalmente, reconocer nuestros límites y saber cuándo debemos pedir apoyo o derivar una situación.
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¿Por qué no aplicamos el mismo principio a quienes conviven diariamente con animales enfermos, heridos, abandonados o en riesgo? Desde Mishilovers trabajamos para transformar grupos de personas que sostienen individualmente las colonias en redes locales formadas, coordinadas y reconocidas. Buscamos conectar ese conocimiento con la estructura municipal, los servicios veterinarios, los equipos de captura, las entidades de protección animal y los recursos disponibles en cada territorio.
Formar a quienes cuidan colonias no consiste en enseñarles a soportar más, sino en ofrecerles herramientas para actuar, reconocer sus límites y saber qué recurso activar cuando necesitan apoyo. También exige escuchar y reforzar a las asociaciones locales y ayudar a construir mecanismos de relevo que no dependan siempre de las mismas personas. El sistema debe construirse antes de que la cuidadora llegue al límite, no cuando ya está agotada y la colonia se ha quedado sin nadie que pueda atenderla. La respuesta ante un “no puedo” debe ser que el sistema ya sabe qué hacer.
Montse Casaoliva es consultora de colonias felinas y educadora de gatos. Se dedica de forma profesional a la formación, coordinación, capturas y recursos para gestoras felinas y Ayuntamientos.

Soy educadora en el vínculo humano-felino, especializada en el comportamiento de las gatas y los gatos, formada en Antrozoología y en la IAABC con certificación internacional. Busco el beneficio para la vida de todos los seres vivos.