España acaba de ampliar el cribado poblacional del cáncer de mama a las mujeres de 45 a 74 años; sin embargo, una mayor tasa de detección solo encuentra más tumores, pero no evidencia que se pueda reducir el número de muertes por esa causa
Hasta hace unos meses, una mujer española de entre 50 y 69 años tenía una referencia bastante clara: hacerse una mamografía cada dos años dentro del programa de cribado poblacional del Sistema Nacional de Salud (SNS). Pero, desde mayo, la Comisión de Salud Pública aprobó ampliar el programa a las mujeres de 45 a 74 años, manteniendo la misma periodicidad bienal, una medida que incorpora a más de un millón de mujeres al programa. La decisión responde, entre otras razones, al incremento de la esperanza de vida, pero esta realidad demográfica no significa que con más años se mantenga el estado de salud, el mismo riesgo de cáncer ni las mismas necesidades de prevención.
Con las competencias sanitarias transferidas, las comunidades autónomas son las encargadas de poner en marcha el nuevo escenario; donde tienen hasta tres años para comenzar a modificar el cribado y hasta seis para alcanzar una cobertura de invitación cercana al 100 % en los nuevos grupos de edad. El impacto presupuestario estimado de este cambio asciende a 534 millones de euros entre 2025 y 2029.
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Esta decisión sigue la recomendación europea de 2022 y llega después de que varias comunidades se adelantaran a dicha modificación, dando lugar a un mapa autonómico muy desigual. Galicia mantiene el cribado entre los 50 y los 74 años; Castilla y León y Ceuta ya ofrecen el programa entre los 45 y los 74, mientras que La Rioja y Navarra lo hacen de los 45 a los 69 años. La Comunitat Valenciana se encuentra en un proceso progresivo de ampliación hasta los 74 años y Castilla-La Mancha también está ampliando su población diana. Otras comunidades, como Madrid, Murcia, Andalucía, Asturias y Extremadura, están igualmente en distintas fases de implantación de ampliaciones de edad.
En Catalunya, por ahora, el programa poblacional sigue dirigido a las mujeres de 50 a 69 años, con una mamografía cada dos años. Es decir, una mujer catalana que tenga 70 años no entra todavía en el programa autonómico de cribado por razón de edad. La situación cambiará con la implantación del nuevo criterio aprobado para el conjunto del SNS, pero no será inmediata.
La experiencia de las mujeres gallegasSi hay un lugar donde esta nueva etapa del cribado ya ha comenzado, es Galicia. Allí llevan tres años invitando a las mujeres de 70 a 74 años a hacerse una mamografía. La comunidad incorporó a este grupo de edad en septiembre de 2023, después de analizar la incidencia de cáncer de mama en esa población y teniendo en cuenta el aumento de la esperanza de vida, según explican a este periódico desde la Dirección General de Salud Pública de la Consellería de Sanidade.
Los primeros datos muestran que las mujeres de esta edad están respondiendo a la invitación y que la mamografía permite encontrar tumores que no se habían buscado. Hasta finales de 2025, 111.400 mujeres de 70 a 74 años recibieron una invitación y 90.769 acudieron (el 81,48 %), una participación muy similar a la del conjunto del programa, que fue del 83,50 %.
Entre los principales resultados, entre septiembre de 2023 y diciembre de 2024 se detectaron 485 cánceres de mama, con una tasa de detección de 8,14 casos por cada 1.000 mujeres exploradas, frente a 4,83 y 5,15 casos por cada 1.000 en los grupos de edad inmediatamente inferiores. Los datos obtenidos en Galicia forman parte de la experiencia que se ha tenido en cuenta al extender el programa nacional hasta los 74 años.
¿Se reducirá la mortalidad?Antes de que Sanidad decidiera ampliar la edad de cribado, tanto por arriba como por abajo, encargó un informe a la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (RedETS), coordinado por AQuAS. Esta entidad revisó toda la evidencia disponible y, en el caso de las mujeres de 70 a 74 años, encontraron que podía existir cierto beneficio, pero los resultados no permiten saber con precisión de cuánto estamos hablando.
La coordinadora del área de evaluación de AQuAs, Jessica Ruiz, ha explicado a La Vanguardia que “la evidencia apunta a que podría haber un beneficio para este grupo de edad. Sin embargo, la magnitud de este beneficio no se conoce exactamente y la evidencia no es suficientemente sólida”. La razón de esa imprecisión se debe a que los estudios disponibles son observacionales, y comparan lo que ocurre en poblaciones en las que se ha ampliado el cribado, “pero no permiten concretar que el efecto observado se deba a la intervención, ya que no se controlan todos los factores que pueden influir en la evolución de la enfermedad, como los tratamientos o las técnicas quirúrgicas”, subraya Ruiz.
Jessica Ruiz
Coordinadora del área de evaluación de AQuAs
Por eso, una cosa es saber que la mamografía encuentra más tumores y otra poder demostrar cuánto contribuye ese diagnóstico precoz a evitar muertes por cáncer de mama. “Para saberlo con seguridad habría que seguir a las mujeres durante, al menos, una década”, asegura la especialista. En ese sentido, el informe explica que la ampliación del rango de cribado podría aportar beneficios mediante la detección temprana y una posible reducción de la mortalidad, pero también identifica incertidumbres, especialmente en relación con el sobrediagnóstico. Es decir: diagnosticar mediante el cribado un tumor que, si no se hubiera detectado, no habría llegado a producir síntomas ni a poner en riesgo la vida de la mujer.
En otras palabras, ampliar el cribado puede permitir encontrar antes algunos cánceres que sí necesitan tratamiento, pero también puede hacer que se diagnostiquen tumores que no llegarían a tener consecuencias clínicas. Por tanto, queda pendiente conocer el beneficio real que aporta encontrar los tumores antes y en qué mujeres ese beneficio compensa los posibles efectos adversos del cribado.
Cuanto más buscas, más encuentrasEl cribado de una enfermedad, en este caso de cáncer, tiene una paradoja y es que cuanto más sensible es un programa, más lesiones encuentra. Algunos serán tumores que necesitan tratamiento y otros problemas de lenta evolución que no llegarán a causar síntomas durante la vida de la mujer. Eso es lo que se denomina sobrediagnóstico: detectar mediante el cribado una enfermedad que, de no haberse encontrado, no habría llegado a causar problemas clínicos.
Un estudio estadounidense publicado en Annals of Internal Medicine analizó los datos de 54.635 mujeres de 70 años o más. Entre las mujeres de 70-74 años, los investigadores estimaron que aproximadamente el 31 % de los cánceres detectados mediante cribado podían corresponder a sobrediagnósticos, una proporción que aumentaba en edades superiores. Aunque son datos que no se pueden extrapolar ni sirven para extraer conclusiones definitivas, pone sobre la mesa el debate sobre si es beneficioso seguir buscando un cáncer en una mujer con una expectativa de vida limitada por otras patologías; y cuál es el riesgo de diagnosticar y tratar algo que nunca habría llegado a ser clínicamente relevante.

La ampliación española se produce en un contexto de envejecimiento demográfico y aumento de la longevidad, pero vivir más años no significa que todas las mujeres tengan el mismo riesgo de cáncer, ni la misma salud, comorbilidad o expectativa de vida. Por eso, la siguiente evolución del cribado es probable que no se limite a seguir ampliando los rangos de edad. Desde la Dirección General de Salud Pública gallega apuntan hacia un cribado más personalizado, basado en el riesgo individual de cada mujer.
De la edad al riesgo individualDe hecho, esta transición de la edad al riesgo individual ya se está haciendo, gracias al programa MamoRisk en el que ya están participando diferentes regiones. El proyecto, liderado desde Galicia por la investigadora Manuela Gago Domínguez y desarrollado junto al IDIS, el Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur y el CNIO, pretende validar un modelo que calcule el riesgo individual de desarrollar cáncer de mama combinando diferentes factores. Este modelo incorpora información genética, sociodemográfica y relacionada con los hábitos de vida, además de la densidad mamaria obtenida mediante mamografía, con el fin de clasificar a las mujeres según su riesgo y estudiar si aquellas con mayor probabilidad de desarrollar cáncer podrían beneficiarse de un seguimiento más intenso.
Esta calculadora, en la que participarán 10.000 mujeres de 14 comunidades, permitiría clasificar a cada mujer de la población diana en un grupo de riesgo, de manera que se podría ajustar su itinerario en el cribado de cáncer de mama en función del mismo. Aunque el modelo está por validar, plantea una evolución pasando de un esquema en el que la edad determina fundamentalmente quién entra en el programa a otro en el que la edad sea una variable más dentro de una estimación individual del riesgo.
Ante tantas incertidumbres, el equipo de AQuAS también hizo un ejercicio de comparación de las distintas formas de organizar el cribado. Para ello realizó un modelo económico en que compararon 18 estrategias combinando distintas edades de inicio y finalización y diferentes intervalos entre mamografías. El punto de partida era el programa que existía hasta ahora, con mamografías cada dos años entre los 50 y los 69 años, y se estudió qué ocurriría si se ampliaba tanto por debajo de los 50 como por encima de los 69. El modelo siguió de forma teórica a una cohorte de unas 320.000 mujeres desde los 45 años para estimar qué podía ocurrir con cada una de estas opciones. Entre todas las opciones analizadas, la que ofrecía una mejor relación entre los beneficios en salud y los costes era mantener el cribado cada dos años entre los 45 y los 74 años, precisamente la estrategia que ahora se ha aprobado para el Sistema Nacional de Salud.
Pero ¿de dónde sale ese posible beneficio? Según Guillem Torres, economista de la salud del área de evaluación de AQuAS, “el modelo parte de dos efectos esperados del cribado: detectar los tumores en estadios más tempranos, cuando tienen mejor pronóstico, y que, incluso dentro de un mismo estadio, los tumores encontrados mediante el cribado puedan tener una mortalidad menor que los que se diagnostican después de que aparezcan síntomas”.
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En el grupo gallego de 70-74 años, el porcentaje de carcinomas in situ fue del 12,71 %, frente al 12,16 % en las mujeres de 65-69 años y porcentajes superiores en los grupos más jóvenes. “Estos resultados vienen a confirmar que la decisión tomada ha sido acertada”, considera el responsable gallego, aunque no permita medir el efecto de la ampliación del cribado sobre la mortalidad a largo plazo.
En definitiva, lo que se está estimando es qué podría ocurrir si una detección más temprana modifica el momento y las características con las que se diagnostica el cáncer y, con ello, su pronóstico, aunque no se pudo valorar el sobrediagnóstico porque su magnitud y sus consecuencias son difíciles de cuantificar con la evidencia disponible. Probablemente, el futuro de la prevención del cáncer de mama no solo pase por hacer más mamografías durante más años, sino en intentar saber qué mujer necesita qué tipo de vigilancia, cuándo y con qué intensidad para detectar un cáncer cuando todavía se puede cambiar su pronóstico, evitando al mismo tiempo pruebas y tratamientos que no le van a aportar beneficio.