El fitness emocional promete preparar la mente antes de que lleguen las crisis de salud mental, pero los expertos avisan: hay una línea muy fina entre el autocuidado y la tiranía del bienestar
Adopta una postura cómoda. Túmbate o siéntate en el suelo sobre un cojín o una silla. Observa en qué partes de tu cuerpo percibes la solidez, el contacto con la superficie y lleva la atención ahí. Fíjate en las sensaciones táctiles: ¿qué partes de tu cuerpo percibes más frías o más calientes? ¿notas algún movimiento?.... Una voz tenue y pausada guía estas instrucciones en una app de meditación y mindfulness. Estamos a punto de sumergirnos en una sesión de ‘body scan’ o ‘escáner corporal’, una práctica que tiene como propósito enseñar a usar el cuerpo como un ancla para frenar pensamientos acelerados.
Durante años, cuidarse había estado asociado a lo físico. Ahora, esa lógica empieza a trasladarse también al territorio emocional. En el discurso anglosajón del bienestar, el término ‘emotional fitness’ o fitness emocional, gana presencia. Y en España, aunque no siempre se emplea esa etiqueta, encontramos conceptos cercanos. ¿Pero en qué consiste y qué aporta realmente el fitness emocional? ¿Dónde están sus límites? Y, sobre todo: ¿es una herramienta útil para cuidar la salud emocional o una nueva forma de convertir el bienestar en una obligación más y un bien de consumo?
Mucho antes que el fitness emocional
La etiqueta de fitness emocional es reciente, pero quienes desarrollan la práctica desde hace décadas miran el término con cierta distancia. Es el caso de Rafael Bisquerra, presidente de la Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar (RIEEB), quien lleva desde mediados de los noventa dedicado al estudio y desarrollo de la educación emocional. Él prefiere hablar de gimnasia o entrenamiento (emocional). Para Noelia Iglesias, de la sección del Deporte del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya, son prácticas de carácter preventivo orientadas a fortalecer capacidades psicológicas como la flexibilidad cognitiva, la tolerancia a la frustración o la autorregulación. “La idea es mantener la mente en forma antes de que aparezcan situaciones de crisis”, detalla.
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“El fitness emocional es una forma bonita de decir que, igual que entreno el cuerpo y voy al gimnasio, voy a entrenar mi mente”, corrobora la psicóloga y divulgadora Silvia Álava Sordo. Eso sí, del mismo modo que al comenzar a entrenar físicamente puede ser conveniente contar con un profesional que indique qué ejercicios realizar y con qué intensidad, la psicología puede ayudar a identificar el punto de partida de cada persona y determinar qué habilidades necesita fortalecer. “No todos necesitamos lo mismo”, advierte la especialista.
Muy importante: no hay que esperar tener una crisis¿Para qué sirve entrenar las emociones?El propósito no debería ser dejar de sentir miedo, tristeza, enfado o frustración. Tampoco mantenerse en calma ante cualquier circunstancia. Según Maria Navarrete Fa, no tiene nada que ver con reprimir las emociones. “Significa ser capaz de reconocer qué estoy sintiendo y disponer de recursos para decidir qué hago con eso que siento”, valora la formadora y docente universitaria especialista en educación emocional, neuroeducación y creatividad. Es decir, ser capaz de sentir miedo sin que eso paralice, por ejemplo.
La gimnasia emocional debe servir para fomentar la conciencia, la regulación y la autonomía emocional, además de las habilidades sociales y de vida para el bienestar. “Es importante que el miedo no derive en ansiedad y estrés patológico o que la tristeza no derive en depresión o la ira en violencia”, apunta Bisquerra, quien cree que esas competencias no son solo una tarea individual, sino que también deberían ser un objetivo de la educación, las organizaciones y políticas públicas.

Para Álava, “somos analfabetos emocionales”, todavía nos cuesta identificar y nombrar lo que sentimos, comprender qué información nos aporta una emoción y saber cómo regularla. Por eso, “es importante entrenar nuestras habilidades emocionales, ya que puede contribuir a cuidar la salud emocional”, señala. Pero también recuerda que vivimos en una sociedad que complica la vida cotidiana con la exigencia constante de producir, estar disponibles y aprovechar incluso el tiempo libre.
Silvia Álava
Psicóloga y divulgadora
No hay que esperar a quebrarse para entrenar las habilidades emocionales, recuerda Silvia Álava. “Pero también podemos trabajar otras habilidades como comunicarnos de forma asertiva, aprender a poner el foco atencional en lo que realmente queremos o aprender a caer en cuenta en cómo nos estamos hablando, en si tenemos un diálogo interno positivo, negativo o neutro que muchas veces nos está condicionando cómo nos estamos sintiendo”, afirma.
Navarrete Fa también insiste en que el entrenamiento debe empezar antes de cualquier crisis: “La gimnasia emocional no busca intervenir únicamente cuando aparece el problema sino entrenar competencias y generar recursos antes de necesitarlos, para que cuando llegue la situación difícil nuestro cerebro tenga aprendizajes”. Noelia Iglesias también ve paralelismos entre ejercitar el cuerpo y la mente. “Al igual que en la preparación física, en la psicológica debemos dosificar las cargas para no sobrecargar a la persona, mantener una consistencia constante porque un ejercicio aislado no genera cambios neuronales, y respetar estrictamente los tiempos de descanso para evitar el sobreentrenamiento mental, la rumiación o el agotamiento que paralizan cualquier progreso”, aclara la psicóloga deportiva.
La prevención tiene un límiteEstar bien no significa estar bien siempreEl entrenamiento emocional no sustituye a la terapia ni al tratamiento psicológico. “Que la sociedad incorpore herramientas de autorregulación como el ‘breathwork’ o la meditación a su rutina diaria es fantástico para la prevención. Estas prácticas ayudan a regular la activación del organismo, pero no resuelven un trauma, un duelo complejo o un trastorno de ansiedad”, asegura Iglesias.
En España, el 29 % de la población padece de algún trastorno mental, con especial prevalencia de los cuadros de ansiedad y depresión, según la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM). Por eso el auge del negocio del bienestar tiene su lógica. Ciudades como Barcelona y Madrid cuentan cada vez más con nuevos estudios boutique que prometen bajar el ritmo, conectar con el cuerpo y crear momentos de pausa. Pero Álava advierte del riesgo de mercantilización, porque el problema aparece cuando se presentan como equivalentes a una intervención de salud mental.
El reto es perder el miedo. Según Álava, “antes estaba completamente invisibilizado, no lo contábamos. Actualmente, cada vez hay más gente que pide ayuda, pero todavía hay quienes lo sienten como si hubieran fracasado “y necesitamos entrenar las emociones porque vivimos en una sociedad en la que todo es producir”.
La necesidad de estas herramientas convive con una dificultad estructural: acceder a atención psicológica no siempre es sencillo. Álava señala la falta de recursos de psicología clínica en el sistema público y reclama más plazas para atender a quienes necesitan ayuda. ¿Cómo reconocer cuándo el malestar requiere atención profesional? Álava propone fijarse en la interferencia que produce en la vida cotidiana. Si las dificultades afectan de forma persistente al sueño, la alimentación, la concentración, la energía, el trabajo o las ganas de hacer cosas, conviene consultar con un especialista.
Los expertos ven el fitness emocional como una herramienta de ayuda. Sin embargo, Silvia Álava advierte del riesgo de confundir la felicidad con la alegría constante. Todas las personas atraviesan días difíciles y situaciones desagradables. “Hay que permitirse estar triste, enfadado o cansado. Hay días que nos apetece meternos en la cama y al día siguiente no pasa nada, es un día puntual. Tampoco es necesario convertir cada experiencia en una oportunidad de mejora personal”, enfatiza.
También, si empezamos a hablar de emociones como algo que se entrena, podemos pasarnos de rosca. “Existe el riesgo a lo que denominamos positivismo tóxico o hipercontrol emocional. Buscar estar siempre bien o reprimir emociones incómodas como la tristeza, la rabia o el miedo no es señal de fortaleza, sino de rigidez psicológica”, admite Iglesias. El verdadero fitness emocional no consiste en no sentir malestar o en tener un control absoluto, sino en desarrollar la capacidad de transitar las emociones difíciles”, concluye Noelia Iglesias.
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