En 'A la deriva', la nueva serie de Atresplayer protagonizada por Paula Echevarría y Daniel Grao, hay una gran historia de amor silenciada. Es la que viven los personajes a los que interpretan los actores catalanes Albert Baró y Llorenç González. En los años 70, en los que se ambienta la ficción, sacar a la luz su romance gay era muy peligroso, como muestra la ficción que se estrenó hace una semana.Seguir leyendo....
En 'A la deriva', la nueva serie de Atresplayer protagonizada por Paula Echevarría y Daniel Grao, hay una gran historia de amor silenciada. Es la que viven los personajes a los que interpretan los actores catalanes Albert Baró y Llorenç González. En los años 70, en los que se ambienta la ficción, sacar a la luz su romance gay era muy peligroso, como muestra la ficción que se estrenó hace una semana.
—Presenten a su personajes, Vicente y Germán.
Llorenç González: Vicente es un pescador que, antes del naufragio, acababa de casarse con Maca.
Albert Baró: Germán es el hijo de Rosa, la dueña de la cantina del pueblo, y el más joven de los supervivientes del naufragio. Es un chico con una sensibilidad especial, observador e intenso, que lucha por ser fiel a sus sentimientos y a su identidad. Es más introvertido que extrovertido: piensa más de lo que dice y siente más de lo que expresa. Toda su historia gira en torno al conflicto entre quién es realmente y quién cree que debe ser en el contexto de la España de los años 70.
—Sus personajes protagonizan la gran historia de amor prohibida de la serie.
Llorenç González: Exacto. Cuando reaparece dos años después, les naufragio les ha cambiado. En ese entorno, Vicente tendrá que enfrentarse a un nuevo paradigma: sus sentimientos hacia su mujer y hacia Germán, porque durante el naufragio nació entre ellos algo muy fuerte.
Albert Baró: Vicente y Germán se conocían del pueblo pero no eran amigos. El naufragio les permite conocerse de verdad, nace ese amor y ese vínculo basado en la escucha y la complicidad. Pero al volver al mundo real todo eso es muy difícil de gestionar. Es muy bonito ver cómo se relacionan de una forma cuando están solos y de otra completamente distinta cuando sienten el peso de la mirada externa. Es muy interesante explicar ese contraste.
Llorenç González: Tampoco hay que olvidar la época en la que transcurre la historia. Además, esta relación tan cercana nace en unas circunstancias extremas, de supervivencia, y eso hace que el vínculo sea todavía más intenso.
—La culpa estará muy presente en esa relación, sobre todo por parte de Vicente, que es el que tiene una pareja…
Llorenç González: Sí, obviamente existe esa culpa porque incluso para nosotros era difícil de imaginar. Hay que pensar que cuando uno naufraga no sabe si va a volver o no. Uno rehace su vida de alguna manera y el cambio llega cuando regresa. Intentar volver a encajar en un modelo o en un patrón que existía antes es todo un reto. Evidentemente existe esa culpa con Maca y también pesa mucho la época en la que transcurre la historia, los años 70.
—¿Cómo es interpretar a dos personajes que tienen que reprimir constantemente lo que sienten? ¿Se trabaja mucho a través de las miradas?
Albert Baró: Sí, creo que es muy interesante cuando los personajes, más allá de lo que pueden verbalizar, también sienten, también tienen esos silencios y esas palabras no dichas. En nuestra trama el silencio tiene mucho poder. Hay muchos secretos y muchas cosas calladas. Es bonito cuando tienes que trabajar desde dentro, imaginarte cosas e ir creando capas. Es interesante que a veces incluso un gesto o una mirada hablan mucho más que una palabra.
Llorenç González: A nivel interpretativo, para un actor siempre es muy interesante el ejercicio de tener que callar cosas. El personaje no puede ser expansivo, tiene que ser muy contenido y expresar lo que siente no con la palabra, sino con el gesto, la mirada, la intención, el silencio o simplemente con la presencia.
Albert Baró: Además, eso habla de que son personajes muy humanos, con contradicciones. Muchas veces decimos una cosa, pero sentimos otra. Todo lo que pasa por dentro siempre es muy interesante y creo que a los dos nos gusta mucho trabajar desde ese lugar.

Albert Baró, en 'A la deriva' / Atresmedia
—¿La serie está pensada para tener una segunda temporada?
Llorenç González: Ojalá.
Albert Baró: De momento no tenemos esa información. Esperamos que funcione muy bien y que la gente la vea.
Llorenç González: Pero, tal y como termina, podría haber perfectamente una segunda temporada.
—Han rodado en Canarias. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Alguna anécdota?
Albert Baró: Rodamos en Gran Canaria, concretamente en Agaete y el Puerto de las Nieves. Es un lugar espectacular, parece una postal y eso enriquece muchísimo la serie. Además, hay muchos exteriores para contextualizar esa época y ese pueblo de pescadores.
Llorenç González: Siempre que ruedas en exteriores te enfrentas al clima y puede pasar cualquier cosa. Nosotros mismos tuvimos una escena en la que vimos cómo una cortina de agua venía desde el mar. La veíamos acercarse y, de repente, la teníamos encima. Tuvimos que correr, con los cámaras intentando proteger el material.
Albert Baró: Veíamos venir esa nube negra que daba miedo. Además, era nuestra última escena de rodaje y acabamos la serie empapados, corriendo hacia los coches. Fue espectacular. En exteriores cualquier imprevisto complica mucho las cosas porque hay permisos, horarios... En un plató puedes recuperar una escena otro día, pero en exteriores es mucho más complicado.
Llorenç González: Incluso la luz condicionaba mucho, porque había escenas que tenían que rodarse antes de que anocheciera.

Llorenç González (en el centro), en 'A la deriva' / Atresmedia
—¿Qué ha sido lo más difícil de interpretar a Germán y Vicente?
Albert Baró: En mi caso, construir todo lo que vivió Germán durante esos dos años de naufragio. Aunque la serie no lo explica, nosotros necesitábamos saber qué había pasado para tener esas vivencias dentro del personaje. Ese trabajo fue muy interesante. Luego también toda la parte de los silencios, de la vulnerabilidad y de lo que siente pero no expresa. Eso también fue un reto.
Llorenç González: En mi caso, trabajar desde un lugar mucho más contenido, más hacia adentro. Tengo tendencia a gesticular y a expresar mucho con la cara, quizá porque he hecho personajes más cercanos a la comedia. Aquí era todo lo contrario. Ha sido un ejercicio muy interesante porque aprendes a apoyarte mucho en la mirada, y ayuda mucho tener a los compañeros.
Albert Baró: Además, compartimos muchas escenas y queríamos que cada encuentro aportara algo distinto. Buscábamos matices diferentes para que el espectador descubriera nuevas capas de la relación y que ese amor no se convirtiera en una obsesión, en algo negativo y tóxico por ser repetitivo.
—¿Creen que esta pareja puede convertirse en un referente para mucha gente?
Llorenç González: Hombre, sería bonito que la gente pudiera sentirse reflejada. No me gusta hablar de referentes, pero ojalá la gente conecte con el sentimiento que transmite esta relación: seguir lo que uno siente. Eso es algo universal, más allá del tipo de relación.
Albert Baró: Creo que también sirve para visibilizar este tipo de vínculos. En los años 70 faltaban referentes, comunidad y espacios seguros. Hoy, por suerte, eso ha cambiado. Todavía queda mucho camino por recorrer, pero el mensaje de nuestra historia es que uno nunca debería dejar de ser quien es por miedo a no ser querido. Siempre habrá alguien que te escuche, que te entienda y que no te juzgue.
—Si tuvieran que elegir el que cambió su carrera, ¿cuál sería? ¿'Gran Hotel' y 'Merlí', respectivamente?
Llorenç González: Y no solo por tener de madre a Concha Velasco, que fue un disfrute. Ya había hecho mucho teatro en Catalunya, la serie 'Ventdelplà', pero 'Gran Hotel' fue un cambio de vida a muchos niveles. Era la primera vez que afrontaba un personaje de ficción en televisión con tanto recorrido y tanto peso, tuvo mucha repercusión y compartí reparto con actores como Concha Velasco, Adriana Ozores, Amaia Salamanca, Yon González, Pep Anton Muñoz o Pedro Alonso.
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Albert Baró: En mi caso 'Merlí' fue una pasada, tanto profesional como personalmente. Además, cruzó fronteras y tuvo muchísimo éxito en Latinoamérica. Gracias a esa serie pude irme un año a trabajar a Argentina, donde hice una novela. Fue una experiencia increíble, en un país que no conocía y donde me sentí muy arropado. Son dos proyectos que me marcaron mucho y que han construido el actor que soy hoy ahora.
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