Antes de las nueve de la mañana, Amal ya se ha maquillado, se ha peinado y ha doblado con cuidado la manta sobre la que ha dormido. No hay espejo, salvo uno pequeño apoyado sobre una piedra. Lleva mes y medio viviendo entre los pinos de un bosque de Sarrià, a los pies de Collserola. Cada mañana se arregla como si fuera a salir de casa. Dormir al raso, dice, no tiene por qué decidir cómo se presenta al mundo. Seguir leyendo....
Antes de las nueve de la mañana, Amal ya se ha maquillado, se ha peinado y ha doblado con cuidado la manta sobre la que ha dormido. No hay espejo, salvo uno pequeño apoyado sobre una piedra. Lleva mes y medio viviendo entre los pinos de un bosque de Sarrià, a los pies de Collserola. Cada mañana se arregla como si fuera a salir de casa. Dormir al raso, dice, no tiene por qué decidir cómo se presenta al mundo.
Es una de las personas sin techo, de variados perfiles, que en las últimas semanas han empezado a verse por esta zona verde cercana al Centro Universitario de Diseño y Arte de Barcelona (Eina) y al parque del Castell de l'Oreneta. Los alrededores de la ronda de Dalt no han atraído hasta ahora tantos asentamientos y pernoctadores individuales como la ronda Litoral, donde el crecimiento del sinhogarismo es muy visible. Con todo, el incremento de personas que duermen al raso se percibe en los diez distritos de Barcelona y llega a numerosos puntos inhabituales.
"Prefiero estar con los animales", explica sin dramatismo. "Aquí, al menos, sé lo que me puedo encontrar". Amal asegura que se siente más segura en el bosque que en el centro de Barcelona, donde relata haber vivido situaciones con hombres que terminaron por hacerle perder la tranquilidad: miradas insistentes, acercamientos que no había buscado y noches en las que apenas podía dormir por miedo a ellos. Recuerda una noche "infernal" en un cajero de plaza Catalunya. Tras este capítulo, decidió alejarse de la ciudad y refugiarse en Collserola.

Amal,de Argelia ,en el lugar del bosque de Collserola donde vive / Jordi Otix / EPC
La actual presencia de personas sin hogar a los pies de Collserola llegó al pleno de Sarrià-Sant Gervasi a principios de septiembre, donde vecinos expresaron su preocupación por una realidad cada vez más visible. El último recuento de Arrels Fundació contabilizó 1.982 personas en diciembre de 2025, un 43,2% más que dos años antes. La entidad señaló también un desplazamiento del sinhogarismo hacia zonas periféricas de la ciudad, alejadas del centro histórico, donde tradicionalmente se había concentrado.
Que ese desplazamiento haya alcanzado Collserola resulta especialmente significativo porque el parque no ha sido hasta ahora un lugar habitual para personas que duermen en la calle, a diferencia de Montjuïc. La situación adquiere además una dimensión particular, actualmente, con el espacio sometido a restricciones relacionadas con la peste porcina africana (PPA). Amal, sin embargo, dice desconocer esas medidas. En la zona en la que vive, ya dentro del bosque, la señalización sobre las restricciones es escasa.

Amal tiende la ropa entre dos árboles / Jordi Otix / EPC
"Nunca antes me había defendido de un jabalí"Tiene 35 años y llegó a Barcelona desde Argelia buscando una vida mejor. Allí, según relata, ocupaba un puesto de jefa en el ayuntamiento. Su hermana, periodista y presentadora de televisión, sigue viviendo en el país. Amal no imaginó que su viaje terminaría, al menos temporalmente, entre los árboles de Collserola. "Los periodistas son el cuarto poder de la sociedad", afirma con seriedad. Por eso, explica, está dispuesta a contar su historia.
Con ella, en otra tienda, vive un hombre que llegó desde París y que tiene una discapacidad. Él asegura que intenta protegerla. No quiere aparecer en cámara. Tiene tres hijos y explica que le avergüenza que pueda circular una imagen suya durmiendo a la intemperie.

Amal muestra la importancia del periodismo en Argelia / El Periódico
Entre ambos han levantado un pequeño campamento con una lona, varios plásticos y ropa tendida entre las ramas. Es su casa provisional. Allí Amal ha tenido que aprender a convivir con animales que, hasta ahora, asegura que solo había visto en documentales. Ha encontrado jabalíes y serpientes. A uno de los jabalíes, recuerda, tuvo que ahuyentarlo echándole agua, casi sin tiempo para pensar qué hacer.
"El trabajo me ha salvado"Miedo, admite, tiene. Pero asegura que es menor que el que llegó a sentir durmiendo en el centro de Barcelona. Después de mes y medio en Collserola, el primer cambio importante en su situación ha llegado por un trabajo. Amal ha conseguido empleo en una escuela cercana. Cada mediodía recoge a los niños en el comedor, los acompaña a casa y por la tarde los ayuda con las actividades extraescolares.
El trabajo le ha devuelto una rutina: un horario que cumplir, nombres que aprender y un "hasta mañana" al final de cada jornada. Y también le ha abierto una puerta inesperada. En la escuela conoció a la madre de uno de los niños. Las dos entablaron una amistad y la mujer ha decidido acogerla en su casa. Si todo sigue según lo previsto, la próxima semana Amal dejará de dormir en los próximos días.
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Amal se dirige hacia la escuela donde trabaja / Jordi Otix / EPC
Dice sentirse afortunada. "Jamás me hubiera imaginado pidiendo asilo. Mi sueño ahora es encontrar más trabajos y poder formar una familia aquí, en Europa, sin ayuda de nadie". Lo cuenta con alivio, aunque también con cautela. Ahora tiene un trabajo, una amiga dispuesta a ayudarla y la perspectiva de volver a dormir bajo un techo. Pero todavía no considera que su situación esté resuelta. "No puedo bajar la guardia", sentencia.
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