Hacía mucho calor. Mucho. Tanto, que durante la misa pontifical de este jueves en la basílica de la Mercè tuvieron que encender todos los ventiladores y, claro, saltaron los plomos. Sí, por dos veces, la iglesia se quedó sin plomos. Suerte que quien oficiaba la ceremonia era el arzobispo y cardenal de Barcelona, Joan Josep Omella, que tiene el don de la palabra y, sobre todo, un excelente sentido del humor. Tras el apagón, Omella aprovechó para pedir más dinero a los asistentes para poder pagar la luz. Lo dijo en broma, claro. Pero lo dijo.Seguir leyendo....
Hacía mucho calor. Mucho. Tanto, que durante la misa pontifical de este jueves en la basílica de la Mercè tuvieron que encender todos los ventiladores y, claro, saltaron los plomos. Sí, por dos veces, la iglesia se quedó sin plomos. Suerte que quien oficiaba la ceremonia era el arzobispo y cardenal de Barcelona, Joan Josep Omella, que tiene el don de la palabra y, sobre todo, un excelente sentido del humor. Tras el apagón, Omella aprovechó para pedir más dinero a los asistentes para poder pagar la luz. Lo dijo en broma, claro. Pero lo dijo.
En primera fila, el alcalde, Jaume Collboni, enfundado en uno de sus trajes de los días grandes, solo se veía eclipsado por la americana verde esperanza que lucía la atlética teniente de alcalde Maria Eugènia Gay. Gay estaba tan feliz por haber terminado la Cursa de la Mercè como el alcalde lo estaba por los resultados de la encuesta que este jueves publicó El Periódico sobre las próximas elecciones municipales.
También estaba sonriente y bien rodeado el teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle. Lo vimos con toda la cúpula militar. Con los de tierra, mar y aire, además de los máximos responsables de la Policía Nacional, la Guardia Civil, la Guardia Urbana y los Mossos d’Esquadra en Barcelona. Por cierto, los Mossos estuvieron bien representados por la comisaria jefa de los Mossos en Barcelona, Montserrat Estruch, pero fue comentada la ausencia de la recién nombrada jefa de los Mossos, Sílvia Catà, en un día tan notable.
Todos los servidores públicos lucían sus mejores galas, algunos incluso con guantes blancos, lo que propició que a más de uno le cayeran auténticas gotas de sudor. Las mismas que soportaron los numerosos seminaristas enfundados en sus sotanas. A ellos, Omella, en otra de sus cuñas humorísticas, explicó a los presentes que no eran unos jóvenes que estaban allí celebrando su primera comunión. Sin duda, el cardenal de Barcelona, cuando se jubile, que está en ello, después de cumplir los 80 años, podría convertirse en un monologuista de éxito. Es un excelente comunicador y en simpatía no le gana nadie.

El alcalde Jaume Collboni y la teniente de alcalde Maria Eugènia Gay, en la primera fila de la misa de la Mercé. / Jordi Otix
Entre el resto de autoridades no faltó el presidente del Parlament, Josep Rull, que saludó con su corrección habitual a cada uno de los responsables militares y policiales. También vimos al conseller Ramon Espadaler, al líder del PP, Dani Sirera, al de Junts, Jordi Martí, que está enchufadísimo con la precampaña electoral, y al de VOX, Gonzalo de Oro.
Unas filas más atrás encontramos muy bien rodeado a Ramon Agenjo. Digo esto porque estaba entre su hija, la empresaria y directiva Silvia Agenjo, y la siempre elegante y afectuosa Sonia Mulero, que, en su condición de directora de la Fundación Banco Sabadell, tiene mucho que ver con la reconstrucción del órgano de la basílica.
Estaban también el que fuera vicepresidente del Tribunal Constitucional, Eugeni Gay, ahora ya más conocido por ser el padre de la teniente de alcalde; el expresidente del Barça Joan Gaspart; y el director de Cáritas Diocesana de Barcelona, Eduard Sala, persona necesaria y de quien siempre resulta interesante escuchar sus reflexiones sobre la pérdida de valores de la sociedad actual.
Omella, que habló mucho en catalán, pero también lo hizo en castellano, al terminar, saludó uno por uno a todos los asistentes a la ceremonia. "No hay que perder nunca el sentido del humor", me comentó sonriendo y con esa voz grave que le caracteriza.
Vimos también a Damià Calvet, Neus Munté y Joana Ortega, entre otras caras conocidas que no quisieron perderse una celebración pensada para creyentes, pero también emotiva e interesante para quienes no lo son. A la salida, todos se dirigieron al Ayuntamiento, donde hubo codazos por alcanzar la primera fila de los balcones para ver a los castellers. Allí pudimos saludar a la vicepresidenta del Barça, Elena Fort; a la futura candidata de ERC, Elisenda Alemany; al empresario y pareja de Maria Eugènia Gay, el socio de Spencer Stuart, Arturo Llopis; y a la pareja del alcalde Lluís Sanz, siempre amable y que lucía unas bonitas alpargatas catalanas de color azul.
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Pues sí, hacía mucho calor y saltaron dos veces los plomos de la Mercè. Pero entre el buen humor de Omella, la galanura de la ceremonia y las ganas de los barceloneses de celebrar a su patrona, fue una mañana fantástica.
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