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El panóptico, ese virus de bolsillo

Дата публикации: 21-09-2026 04:00:34

Soy un parado de sesenta y dos años. Antes trabajaba como analista del mercado farmacéutico: a partir de cifras, predecía tendencias, evoluciones, patrones. Ahora dedico la mayor parte del tiempo a observar el mundo en que vivo y a tratar de entenderlo. No es que antes no lo hiciera; es que ahora tengo tiempo. Y no entiendo lo que veo: en los países que lideran el mundo, ciudadanos que votan en libertad aúpan al poder a gobiernos autócratas disfrazados de democracia. A su rebufo van otras democracias contagiadas por el mismo virus.De ese virus sabe mucho José Antonio Marina. Lo describe en La vacuna contra la insensatez. Tratado de inmunología mental : ideas que infectan la inteligencia, distorsionan la memoria, sesgan el juicio y nos dejan a merced de la manipulación política e ideológica. El problema es que hay demasiados antivacunas, y en las redes el virus se multiplica y muta más deprisa de lo que tardamos en nombrarlo.Me considero progresista. Vengo de la Transición, cuando creímos que tres columnas —lucha, sacrificio y dignidad— sostendrían un proyecto de sociedad democrática. Yo me beneficié de él: educación y sanidad gratuitas, universales y de calidad. Hoy esas columnas se tambalean. El suelo que las sostenía —los valores de la izquierda, la defensa de los derechos conquistados— se ha envenenado, y ese fluido tóxico amenaza con carcomer todo lo construido.Hay jóvenes competentes, bien preparados, que no encuentran una vida digna. No pueden alquilar ni comprar una vivienda mientras los grandes tenedores desvían el parque inmobiliario hacia el alquiler turístico. Están enfadados, y con razón. Pero aquí aparece la paradoja peligrosa: no dirigen su rabia contra quienes les han cerrado la puerta, sino contra quienes prometen abrírsela. Votan en contra de los únicos que se proponen cambiar sus condiciones de vida.La izquierda grita y se agita, pero nadie la escucha. Ha llegado tarde, una vez más. Sigue atrapada en estructuras viejas, en una política de disculpa permanente y de culpabilización del contrario. Tiene talento joven, dispuesto, competente. No lo visibiliza ni lo dignifica. La siguen gobernando las viejas formas.Mientras en Estados Unidos Donald Trump insulta y discrimina, en Nueva York gobierna un hombre que encarna exactamente lo contrario: Zohran Mamdani, treinta y cuatro años, nacido en Uganda, hijo de madre india, musulmán, socialista democrático. Trump lo atacó sin piedad: lo llamó comunista y antisemita. Mamdani representa todo lo que la ultraderecha teme: un progresista que no pide perdón.¿Y qué hizo Mamdani? No se arredró. No se disculpó por su socialismo. Ganó las elecciones de noviembre de 2025 con la mayor participación en unas municipales neoyorquinas desde 1969: más de dos millones de votos emitidos, más de un millón para él. Su campaña fue sencilla y, precisamente por eso, revolucionaria. Una palabra: asequibilidad. Congelar los alquileres. Transporte público gratuito. Guarderías municipales sin coste. Tiendas de alimentación públicas. No eran promesas ideológicas abstractas; eran respuestas a problemas concretos.Y no se quedaron en promesas. En junio de 2026, a seis meses de tomar posesión, la Junta de Regulación de Alquileres aprobó por siete votos contra uno la congelación del 0 % para más de un millón de viviendas de renta estabilizada, la primera que alcanza también a los contratos de dos años en la historia de la ciudad. Los primeros cien días le habían dado un 48 % de aprobación, un arranque discreto. Medio año después, cumplida la promesa mayor, el respaldo subía al 58% frente a un 26% de rechazo. Gobernar de izquierdas, resulta, no cuesta votos: los consolida.Mamdani ganó porque demostró que se puede hacer política progresista de verdad, sin pedir permiso y sin disculparse. Lo hizo frente a Trump. Y ganó porque la izquierda de su país lo respaldó sin ambigüedades, de Bernie Sanders a Alexandria Ocasio-Cortez, con toda una generación detrás.Las realidades no son comparables. Pero lo que hay que importar no es el programa, es la actitud. Mamdani se enfrentó a Trump sin miedo. Hizo política de izquierdas en un país donde los republicanos la persiguen con ferocidad. Ganó porque puso a gente joven y competente, ajena a los círculos del poder tradicional, a dirigir áreas de gobierno de verdad. Porque comunicó en vídeos virales, con humor, sin la solemnidad acartonada que asfixia a la política española.La gente no vota nostalgia: vota esperanza. Buscad a los Mamdani españoles. Existen. Ponedlos al frente. Dignificadlos. Dadles poder real, no un hueco en la foto. Plantad cara a la derecha y a los tecnófascistas sin pedir perdón. No os justifiquéis: legislad. Mejorad la vida de la gente. El talento está. Las soluciones están. La esperanza está. Solo falta que la izquierda española tenga el coraje de mirar a Nueva York y hacer lo mismo: poner a gobernar a su juventud progresista. Es la única manera de ganar en un mundo donde la ultraderecha avanza. Vais tarde, sí. Pero todavía hay tiempo._____________Carlos Barge es socio de infoLibre.

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Soy un parado de sesenta y dos años. Antes trabajaba como analista del mercado farmacéutico: a partir de cifras, predecía tendencias, evoluciones, patrones. Ahora dedico la mayor parte del tiempo a observar el mundo en que vivo y a tratar de entenderlo. No es que antes no lo hiciera; es que ahora tengo tiempo. Y no entiendo lo que veo: en los países que lideran el mundo, ciudadanos que votan en libertad aúpan al poder a gobiernos autócratas disfrazados de democracia. A su rebufo van otras democracias contagiadas por el mismo virus.

De ese virus sabe mucho José Antonio Marina. Lo describe en La vacuna contra la insensatez. Tratado de inmunología mental : ideas que infectan la inteligencia, distorsionan la memoria, sesgan el juicio y nos dejan a merced de la manipulación política e ideológica. El problema es que hay demasiados antivacunas, y en las redes el virus se multiplica y muta más deprisa de lo que tardamos en nombrarlo.

Me considero progresista. Vengo de la Transición, cuando creímos que tres columnas —lucha, sacrificio y dignidad— sostendrían un proyecto de sociedad democrática. Yo me beneficié de él: educación y sanidad gratuitas, universales y de calidad. Hoy esas columnas se tambalean. El suelo que las sostenía —los valores de la izquierda, la defensa de los derechos conquistados— se ha envenenado, y ese fluido tóxico amenaza con carcomer todo lo construido.

La izquierda grita y se agita, pero nadie la escucha. Ha llegado tarde, una vez más

Hay jóvenes competentes, bien preparados, que no encuentran una vida digna. No pueden alquilar ni comprar una vivienda mientras los grandes tenedores desvían el parque inmobiliario hacia el alquiler turístico. Están enfadados, y con razón. Pero aquí aparece la paradoja peligrosa: no dirigen su rabia contra quienes les han cerrado la puerta, sino contra quienes prometen abrírsela. Votan en contra de los únicos que se proponen cambiar sus condiciones de vida.

La izquierda grita y se agita, pero nadie la escucha. Ha llegado tarde, una vez más. Sigue atrapada en estructuras viejas, en una política de disculpa permanente y de culpabilización del contrario. Tiene talento joven, dispuesto, competente. No lo visibiliza ni lo dignifica. La siguen gobernando las viejas formas.

Mientras en Estados Unidos Donald Trump insulta y discrimina, en Nueva York gobierna un hombre que encarna exactamente lo contrario: Zohran Mamdani, treinta y cuatro años, nacido en Uganda, hijo de madre india, musulmán, socialista democrático. Trump lo atacó sin piedad: lo llamó comunista y antisemita. Mamdani representa todo lo que la ultraderecha teme: un progresista que no pide perdón.

¿Y qué hizo Mamdani? No se arredró. No se disculpó por su socialismo. Ganó las elecciones de noviembre de 2025 con la mayor participación en unas municipales neoyorquinas desde 1969: más de dos millones de votos emitidos, más de un millón para él. Su campaña fue sencilla y, precisamente por eso, revolucionaria. Una palabra: asequibilidad. Congelar los alquileres. Transporte público gratuito. Guarderías municipales sin coste. Tiendas de alimentación públicas. No eran promesas ideológicas abstractas; eran respuestas a problemas concretos.

Y no se quedaron en promesas. En junio de 2026, a seis meses de tomar posesión, la Junta de Regulación de Alquileres aprobó por siete votos contra uno la congelación del 0 % para más de un millón de viviendas de renta estabilizada, la primera que alcanza también a los contratos de dos años en la historia de la ciudad. Los primeros cien días le habían dado un 48 % de aprobación, un arranque discreto. Medio año después, cumplida la promesa mayor, el respaldo subía al 58% frente a un 26% de rechazo. Gobernar de izquierdas, resulta, no cuesta votos: los consolida.

Mamdani ganó porque demostró que se puede hacer política progresista de verdad, sin pedir permiso y sin disculparse. Lo hizo frente a Trump. Y ganó porque la izquierda de su país lo respaldó sin ambigüedades, de Bernie Sanders a Alexandria Ocasio-Cortez, con toda una generación detrás.

Las realidades no son comparables. Pero lo que hay que importar no es el programa, es la actitud. Mamdani se enfrentó a Trump sin miedo. Hizo política de izquierdas en un país donde los republicanos la persiguen con ferocidad. Ganó porque puso a gente joven y competente, ajena a los círculos del poder tradicional, a dirigir áreas de gobierno de verdad. Porque comunicó en vídeos virales, con humor, sin la solemnidad acartonada que asfixia a la política española.

La gente no vota nostalgia: vota esperanza. Buscad a los Mamdani españoles. Existen. Ponedlos al frente. Dignificadlos. Dadles poder real, no un hueco en la foto. Plantad cara a la derecha y a los tecnófascistas sin pedir perdón. No os justifiquéis: legislad. Mejorad la vida de la gente. El talento está. Las soluciones están. La esperanza está. Solo falta que la izquierda española tenga el coraje de mirar a Nueva York y hacer lo mismo: poner a gobernar a su juventud progresista. Es la única manera de ganar en un mundo donde la ultraderecha avanza. Vais tarde, sí. Pero todavía hay tiempo.

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Carlos Barge es socio de infoLibre.

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