Pedro del Hierro nos invita a detenernos y pensar en los pequeños detalles gracias a la filosofía japonesa del Hanami en plena Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Una manera de disfrutar de un desfile que va más allá de los looks y que logra cautivar nuestra mirada atenta.
Pensar que una cita en Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, en el Invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela, puede ser intensa resulta casi inevitable. Sin embargo, Pedro del Hierro, junto a sus directores creativos, Nacho Aguayo y Alex Miralles, nos proponen todo lo contrario. El punto de partida de su colección Hanami mantiene una filosofía japonesa que nos ayuda a detenernos, contemplar y observar frente a la velocidad cotidiana. Por lo que, a fin de cuentas, este conocimiento se convierte en una invitación que se traslada al espectador.
Aunque debemos enfatizar cómo ese lenguaje se convierte en parte de la moda, porque son precisamente esos detalles contemplativos los que nos hacen descubrir colores, texturas y transparencias. De hecho, tras haber disfrutado del desfile dentro del marco de la Semana de la Moda de Madrid, hemos observado que la influencia oriental no cae en una interpretación literal, sino más bien en un diálogo entre Oriente y Occidente como forma de enriquecer la identidad de Pedro del Hierro.
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De hecho, los guiños asiáticos son solo una forma de incorporar referencias a un imaginario ya existente, donde el minimalismo inicial se transforma en un concepto más colorido y detallista. Aun así, podríamos afirmar que todos estos conceptos se pueden relacionar con la vida misma: viajar, acumular experiencias y dejarnos llevar por una idea inicial que finalmente resulta incorrecta. Esa es la clave del Hanami. Por ese motivo, ¿qué mejor manera de adentrarnos en este universo que a través de los directores creativos de Pedro del Hierro?
La tradición japonesa del Hanami, ese momento de contemplación de los cerezos en flor, sirve como punto de partida para hablar de la necesidad de detenerse. Para el equipo creativo de Pedro del Hierro, es también el tiempo necesario para pensar qué vendrá después. «El Hanami es el tiempo que necesitamos Nacho y yo para pararnos a pensar qué va a ser lo siguiente que vamos a desarrollar para la colección», explican. Una invitación que trasladan también al público: «Que pare, que se ponga una cita consigo mismo en vez de con tantas citas que tenemos en el día a día».
Esa idea de contemplación se lleva directamente a las prendas, donde algunos detalles requieren acercarse para descubrirlos. «Es un poco esa contemplación también de la belleza y la contemplación de los colores, de las texturas, de las transparencias», señalan. La propuesta establece así un diálogo entre Oriente y Occidente sin recurrir a una interpretación literal de sus referencias culturales.
El diálogo entre Oriente y Occidente para Pedro del HierroEl punto de partida oriental se amplía con colores y diferentes tipos de silueta para evitar caer en lo evidente. «No queríamos un atuendo japonés o no queríamos un vestido chino», explican. Sí aparecen algunos guiños, como volúmenes inspirados en la chaqueta coreana, escotes de cuello Mao y otros detalles, pero entendidos como pequeñas incorporaciones a un universo propio: «Es como una maleta que te llevas a un viaje en el que vas incorporando a lo que tienes tú detalles orientales».
El contraste se convierte en otro de los grandes códigos de la colección. «Nosotros empezamos queriendo hacer una colección minimalista en blanco y negro y al final es bastante, no maximalista, pero bastante detallista y con mucho color», cuentan. Una contradicción que entienden como reflejo de la propia vida: «En la moda, cuando viajas, te vas enriqueciendo de momentos, de texturas, de tejidos», del mismo modo que las experiencias van transformando una base inicial.
En cuanto a la identidad de la casa, hay elementos que permanecen como pilares, mientras que otros continúan abiertos a la exploración. La sastrería, tanto femenina como masculina, se mantiene como una seña de identidad, pero la búsqueda de nuevos conceptos es constante. «Nosotros siempre estamos mirando qué va a ser lo siguiente», explican, una actitud que consideran fundamental para que cada colección siga resultando atractiva.
Esa evolución se construye también desde el diálogo entre las distintas miradas creativas. «Son ya muchos años de convivencia y de coparentalidad cultural de las colecciones», explican. La confianza permite que las ideas circulen con naturalidad y que incluso piezas concebidas inicialmente para una línea terminen incorporándose a la otra. Detrás hay «mucha conversación, mucho trabajo conjunto, mucha investigación a nivel de tejidos, de coloridos y de texturas y de patronaje» y, finalmente, prueba y error.
Una colección pensada para la alfombra rojaLa fluidez y el movimiento parten, precisamente, del estudio de cada prenda y de los tejidos elegidos para desarrollarla. «Es la suma del estudio del tipo de prenda que vas a desarrollar y, sobre todo, ponerle mucho foco en los tejidos que después vas a emplear», explican. A ese trabajo se suma el estilismo, para el que cuentan con un equipo capaz de «optimizar y empatizar» esa dimensión de la propuesta.










Cuando una colección abandona la pasarela para llegar a alfombras rojas, premios o festivales, hay una cualidad que consideran imprescindible: la personalidad. Y esa misma idea define también su manera de entender la elegancia. «Creo que es hacerla tuya», explican. Ya sea un esmoquin, un traje o cualquier otra propuesta, la clave está en llevarla al propio universo y conseguir que, al vestirla, «forme parte de ti y que no vayas disfrazado».
Por último, el objetivo del desfile es que el público se conceda precisamente ese tiempo de pausa que inspira la colección. «La grata satisfacción de haber tenido ese tiempo para parar y apreciar todas las siluetas que van a haber en la pasarela», resumen. Porque para Pedro del Hierro el desfile no debe ser únicamente un pase de modelos: «Tiene que haber una luz bonita, una música bonita, tiene que haber una energía bonita». En esta ocasión, esa intención se refuerza con una banda sonora positiva y alegre, pensada para que el público salga con «una sensación de alegría» y con la impresión de haber vivido algo efímero y especial.
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