Jordi Grau, ingeniero técnico y formado en entrenamientos grupales y personales, organiza clases de CrossFit infantil, una disciplina que cada vez más niños disfrutan
Un niño corre, salta, se agacha, trepa, se cuelga y levanta su propio peso casi sin pensárselo. Lo hace en el patio del colegio, en el parque o mientras juega con sus amigos. Son movimientos naturales que forman parte de la infancia. Pero ¿qué ocurre cuando todos ellos entran en un box de CrossFit?
La imagen que tenemos de esta disciplina suele estar asociada a adultos levantando grandes pesos y llevando su cuerpo al límite durante entrenamientos exigentes e intensos. Por eso, hablar de una versión para los más pequeños puede parecer, de entrada, contradictorio. Pero no lo es.
En las clases de CrossFit Kids, el objetivo no es que levanten grandes cargas ni que entrenen como adultos en miniatura. La prioridad, al menos en el programa que dirige Jordi Grau, ingeniero técnico y formado en entrenamientos grupales y personales, es que aprendan a moverse correctamente, jueguen y descubran el ejercicio como una actividad que puede acompañarlos durante toda la vida.
En 2014 abrió uno de los primeros centros de esta especialidad en España y, con el tiempo, incorporó la variante infantil. La idea nació, precisamente, de una necesidad familiar. “Surgió la oportunidad de brindarles a mis hijos una alternativa al resto de actividades extraescolares en el ámbito del deporte que existían, siendo totalmente compatible con el resto de los deportes que se practican en la infancia”, explica.
La esencia de las sesiones es sencilla, con práctica física, juegos y movimientos funcionales adaptados a cada etapa. “Nuestros peques realizan movimientos funcionales similares a los de una clase para adultos adaptados 100% a su edad, donde nos centramos en que aprendan a moverse de manera correcta sin aplicarle ninguna carga”, describe el experto.
La edad no determina tanto los ejercicios como podríamos creer. “Al tratarse de movimientos básicos, la adaptación que hacemos en función de edad o nivel reside en el volumen de trabajo. Esto significa que niños de 5 años harán el mismo entrenamiento que otros de 12 años, modificando la cantidad de trabajo según su edad”, expresa.

Esta visión que se aleja de la exigencia y dureza asociada a este deporte. “Se trata de una asociación errónea tanto para adultos como para niños”, asegura. En el caso de los mayores, “hablamos del factor de intensidad relativa a cada atleta en función de capacidad tanto física como técnica”.
En los más pequeños, todavía más. “La intensidad nunca es mayor que la que puede aplicar en su tiempo libre de patio en la escuela”, ya que “no buscamos atletas, buscamos que crezcan amando el deporte”, señala.
Todo ello envuelto con una supervisión y adaptación muy específicas. “Lo primero es que se encuentren cómodos en clase y que sus padres puedan estar presentes en la sala en todo momento”, explica. Luego, vigila que estén bien hidratados y les hace saber que pueden ir al baño cuando lo necesiten. Por último, dedica el tiempo que haga falta a explicarles “cómo deben moverse por la sala para no sufrir ningún accidente con el resto de los usuarios adultos del box”.
Una actividad familiarCada vez más familias encuentran el atractivo en esta propuesta. Una de ellas es la de Margherita Savino, madre de dos criaturas. A ella siempre le había llamado la atención el CrossFit, más que otros deportes tradicionales, por lo que pensó que podía ser una buena opción para sus niños. “Hace tres años, mi marido y yo decidimos apuntar a nuestros hijos, de 11 y ocho años, porque empezar una disciplina como el CrossFit desde pequeños puede aportar múltiples beneficios”, narra.
“Mis hijos van encantados a cada clase. Se divierten muchísimo con los circuitos que practican en el box y, al mismo tiempo, van integrando poco a poco la base de muchos de los ejercicios más importantes. Esto les ayudará a mantenerse fuertes y sanos a lo largo de su vida, siempre, obviamente, adaptado a su edad y a sus capacidades”, manifiesta Savino.
Además, les hace muy felices estar con otros niños y con el entrenador, aprendiendo a jugar en equipo. “Se cansan, sí, pero sobre todo se divierten... ¡Y de eso se trata!”, exclama. Es por todo ello que, bajo su punto de vista, “no hay nada mejor que enseñarles a adquirir hábitos saludables a través de una actividad tan completa como esta”.
BeneficiosPoco a poco, la ciencia empieza a aportar algunos datos a favor del CrossFit Kids, pero la investigación aún es limitada y sin conclusiones definitivas. Uno de los estudios más citados es un ensayo publicado en 2020, titulado A randomized study of CrossFit Kids for fostering fitness and academic outcomes in middle school students, que entrevistó a 144 alumnos de secundaria y encontró mejoras en la condición física y la confianza de quienes practicaban esta actividad.
Algo que también ha observado Grau desde su centro. “A nivel físico, conforme avanzan las semanas, ellos mejoran de manera significativa el patrón de movimiento de todos los ejercicios trabajados”, lo cual “tiene un efecto inmediato en la cantidad de trabajo que pueden acumular con el mismo esfuerzo que hacían a principio de curso”. Además, a nivel emocional, se trabaja en equipo “con el objetivo de que nadie se vea ni inferior ni superior”.
Eva Ferrer Vidal-Barraquer, especialista en medicina del deporte en la unidad creada por el Hospital Sant Joan de Déu y el Hospital Clínic de Barcelona, ya advertía en una entrevista para La Vanguardia que la práctica deportiva ayuda al desarrollo motor, cognitivo y emocional.
“Los niños que son más activos suelen tener mejor rendimiento en la escuela porque mejora la concentración. También suelen distribuir mejor el tiempo; es algo que los psicólogos deportivos recalcan mucho. Si hacen el ejercicio que necesitan, descansan mejor”, describe.
Eva Ferrer
Especialista en medicina del deporte
Pero que una actividad sea saludable no significa que cualquier intensidad sea adecuada para cualquier niño. Ferrer advierte de la importancia de observar señales como una fatiga que no se recupera. “Esto puede significar que nos hemos pasado de la raya, ya que para los menores el descanso es primordial”, dice.
Y, sobre todo, subraya que no se debe obligar a un menor a practicar un deporte que no le gusta: “Si obligas a tu hijo a hacer esa actividad y a él no le gusta, nacerá una frustración y lo acabará dejando o lo hará mal. Entonces, todos los beneficios que pudiera aportar no existirán”, avisa.
Por todo ello, Grau insiste en entender bien qué significa esta disciplina en menores antes de juzgarla. El CrossFit infantil no empieza con una barra cargada de peso ni termina con un niño exhausto. Tiene que ver con un menor que aprende a controlar su propio cuerpo, entender sus movimientos y descubrir que el ejercicio puede ser divertido. Unas lecciones que les invitan a seguir moviéndose cuando la clase acaba.