DURANTE toda la precampaña y la campaña electoral previa a las elecciones al Parlamento de Andalucía del pasado 17 de mayo, el candidato a la reelección, Juanma Moreno, nos repitió con la cadencia de un pájaro percutor que Andalucía se metería en un lío si el PP no lograba una mayoría suficiente –vulgo absoluta– en las urnas. Los andaluces que votan dijeron que nones: aunque le dieron una victoria abrumadora, la traslación matemática a escaños le dejó a dos de los 55 ansiados. Aun así, Moreno fue investido ayer por tercera vez presidente de la Junta, por primera vez en segunda votación, pero igualmente por mayoría absoluta: 68 de 109, la mayor de la historia autonómica, gracias a que ha pactado con Vox sin apenas resistencia.
Porque, lío, lo que se dice lío no ha existido. Antes al contrario, la negociación ha sido inusualmente hermética y rápida. La escenificación se limitó a perder la primera votación el martes.
En vez de lío, lo que ha habido es un debate de investidura que no versó sobre lo pactado, algo no ya poco moderado, sino antidemocrático.
De hecho, la sorpresa ha sido lo rápido que ha cedido Moreno a la presión de Vox y el calado de las cesiones: la vía andaluza ha quedado sepultada por las mismas guerras culturales que Vox ya impuso en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Porque Vox es el verdadero ganador.
Vale que repetir elecciones es algo indeseable y había que llegar a un acuerdo, pero se ha claudicado sin lío y a las primeras de cambio. El tiempo dirá si Juanma Moreno es capaz de preservar su halo moderado, cuatro años son muchos. Y la política da muchas vueltas.
La otra conclusión de la investidura es la indigencia argumental de la izquierda para criticar el pacto. En primer lugar, por su profunda incoherencia. Nadie, salvo el PP, podía gobernar con un resultado de 53 diputados de 109. A dos de la mayoría absoluta, es una incongruencia supina con el discurso de rechazo a las políticas de ultraderecha no facilitar dos abstenciones. PSOE y Por Andalucía (Sumar y Podemos) están en la estrategia sanchista de polarizar que engorda a Vox. Pero Adelante Andalucía tenía la autonomía y la obligación de demostrar ser esa izquierda alegre y distinta. Pero siguió la misma lógica tan frentista como estéril.
Vox ya cogobierna Andalucía. El primer responsable es Moreno por su claudicación, pero la izquierda es corresponsable por su incoherencia.
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