Un murmullo constante en bares, salas de espera o supermercados que se ha ido apagando. Esta percepción generalizada ha sido confirmada por la ciencia: hablamos cada vez menos. Un estudio reciente, firmado por Matías Mel y Valeria Feifer, asegura que en los últimos 15 años hemos reducido nuestras conversaciones diarias un 28%. Concretamente, hemos pasado de pronunciar unas 16.000 palabras al día a poco más de 12.700. Este dato, analizado en el programa 'La Tarde' de COPE, plantea una pregunta clave: ¿estamos dejando de hablar o simplemente lo hacemos de otra manera?Para el colaborador Antonio Agredano, una de las claves está en el impacto de los dispositivos móviles. "La cantidad de conversaciones que interrumpe el móvil es un hecho", ha señalado. Según Agredano, el gesto de atender una notificación de inmediato "hace que se queden muchas conversaciones interesantes en el camino".Mariano Urraco Solanilla, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, ha explicado en COPE que, aunque habría que analizar la metodología del estudio, el resultado "encaja bastante". El sociólogo lo atribuye a una tendencia social hacia "la aceleración, las prisas y la búsqueda de una eficacia". Esta necesidad de rapidez explicaría en buena medida la reducción de palabras en nuestro día a día.Sin embargo, Urraco matiza que no se trata de que hablemos menos, sino de que lo hacemos de forma diferente. "La comunicación no solo es conversación cara a cara", ha afirmado, señalando el auge de los mensajes de WhatsApp, los audios y la actividad en redes sociales. Se trata, en definitiva, de "otra forma de hablar".El sociólogo también ha querido reivindicar la importancia de lo que a menudo se desprecia como "cháchara" o conversación trivial. Ha defendido que preguntarle al vecino por temas aparentemente sin interés es fundamental. "Es a través de ese tipo de conversaciones cómo se genera el vínculo", ha subrayado, explicando que en esos intercambios, como los que se dan en la sala de espera de un hospital, "también se hace sociedad".El estudio apunta como responsables de este cambio a los smartphones, el teletrabajo e incluso las cajas de autopago de los supermercados. Sobre esto último, Urraco ha comentado que hay personas, especialmente las más tímidas, que prefieren la interacción con una máquina porque se sienten "menos juzgados" que al hablar con un cajero en persona.Una imagen cada vez más común es la de grupos de jóvenes sentados juntos en un banco, pero cada uno inmerso en su propio móvil. Urraco plantea la duda de si no estarán interactuando entre ellos a través de los dispositivos, lo que define como "otra forma de estar juntos". Este cambio cultural, impulsado por el desarrollo tecnológico, no afecta solo a los más jóvenes.El experto ha destacado que las personas mayores y los adultos en edad laboral también han modificado sus hábitos. De hecho, las interrupciones por motivos de trabajo son más propias de la franja de edad de "los 30, los 40, los 50" que de los jóvenes, quienes, según Urraco, "cuando están interesados por algo, son mucho más fieles" a la conversación.La irrupción de la inteligencia artificial (IA) como ChatGPT o asistentes como Alexa añade otra capa al problema. Urraco ha advertido sobre cómo la interacción con la tecnología está erosionando las normas de cortesía, ya que se prescinde de ellas por considerarlas superfluas en una búsqueda constante de eficacia. Esto ha alertado, "se genera un mundo mucho más frío y calculador al final".Finalmente, Antonio Agredano ha ofrecido una perspectiva diferente, planteando si realmente el balance es negativo. "Hay que ver si hablamos menos, pero nos comunicamos más", ha reflexionado. En su opinión, herramientas como WhatsApp o las redes sociales permiten tener "comunicación con más personas", sugiriendo que quizás hemos ampliado el alcance de nuestras interacciones, aunque haya cambiado la forma.
Un murmullo constante en bares, salas de espera o supermercados que se ha ido apagando. Esta percepción generalizada ha sido confirmada por la ciencia: hablamos cada vez menos. Un estudio reciente, firmado por Matías Mel y Valeria Feifer, asegura que en los últimos 15 años hemos reducido nuestras conversaciones diarias un 28%. Concretamente, hemos pasado de pronunciar unas 16.000 palabras al día a poco más de 12.700. Este dato, analizado en el programa 'La Tarde' de COPE, plantea una pregunta clave: ¿estamos dejando de hablar o simplemente lo hacemos de otra manera?
Para el colaborador Antonio Agredano, una de las claves está en el impacto de los dispositivos móviles. "La cantidad de conversaciones que interrumpe el móvil es un hecho", ha señalado. Según Agredano, el gesto de atender una notificación de inmediato "hace que se queden muchas conversaciones interesantes en el camino".
Una sociedad más acelerada y eficazMariano Urraco Solanilla, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, ha explicado en COPE que, aunque habría que analizar la metodología del estudio, el resultado "encaja bastante".
El sociólogo lo atribuye a una tendencia social hacia "la aceleración, las prisas y la búsqueda de una eficacia". Esta necesidad de rapidez explicaría en buena medida la reducción de palabras en nuestro día a día.

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Redes sociales
Sin embargo, Urraco matiza que no se trata de que hablemos menos, sino de que lo hacemos de forma diferente. "La comunicación no solo es conversación cara a cara", ha afirmado, señalando el auge de los mensajes de WhatsApp, los audios y la actividad en redes sociales. Se trata, en definitiva, de "otra forma de hablar".
El valor de la 'cháchara'Es a través de ese tipo de conversaciones cómo se genera el vínculo"
Mariano Urraco Solanilla
Profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid
El sociólogo también ha querido reivindicar la importancia de lo que a menudo se desprecia como "cháchara" o conversación trivial. Ha defendido que preguntarle al vecino por temas aparentemente sin interés es fundamental.
"Es a través de ese tipo de conversaciones cómo se genera el vínculo", ha subrayado, explicando que en esos intercambios, como los que se dan en la sala de espera de un hospital, "también se hace sociedad".

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Personas hablando entre ellas
El estudio apunta como responsables de este cambio a los smartphones, el teletrabajo e incluso las cajas de autopago de los supermercados. Sobre esto último, Urraco ha comentado que hay personas, especialmente las más tímidas, que prefieren la interacción con una máquina porque se sienten "menos juzgados" que al hablar con un cajero en persona.
Nuevos hábitos en todas las edadesUna imagen cada vez más común es la de grupos de jóvenes sentados juntos en un banco, pero cada uno inmerso en su propio móvil.
Urraco plantea la duda de si no estarán interactuando entre ellos a través de los dispositivos, lo que define como "otra forma de estar juntos". Este cambio cultural, impulsado por el desarrollo tecnológico, no afecta solo a los más jóvenes.
El experto ha destacado que las personas mayores y los adultos en edad laboral también han modificado sus hábitos. De hecho, las interrupciones por motivos de trabajo son más propias de la franja de edad de "los 30, los 40, los 50" que de los jóvenes, quienes, según Urraco, "cuando están interesados por algo, son mucho más fieles" a la conversación.
Se genera un mundo mucho más frío y calculador al final"
Mariano Urraco solanilla
Profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) como ChatGPT o asistentes como Alexa añade otra capa al problema. Urraco ha advertido sobre cómo la interacción con la tecnología está erosionando las normas de cortesía, ya que se prescinde de ellas por considerarlas superfluas en una búsqueda constante de eficacia. Esto ha alertado, "se genera un mundo mucho más frío y calculador al final".
Finalmente, Antonio Agredano ha ofrecido una perspectiva diferente, planteando si realmente el balance es negativo. "Hay que ver si hablamos menos, pero nos comunicamos más", ha reflexionado.
En su opinión, herramientas como WhatsApp o las redes sociales permiten tener "comunicación con más personas", sugiriendo que quizás hemos ampliado el alcance de nuestras interacciones, aunque haya cambiado la forma.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.