Entre los adoquines del paseo Marítim de Badalona se divisa una pequeña cueva. Llamas al timbre y asoma una cabeza, a lo payaso de It’ en la alcantarilla. Aunque aquí, en lugar de globos, ofrece refrescos fríos y snacks’. Es Lluís Rejat, propietario de Banys La Pista, un pedazo de historia viva del litoral catalán. Un espacio con ocho décadas de memoria que ha visto la transformación de las playas del área metropolitana en su propia piel. Además, es un secreto muy buen guardado: cuenta con una terraza íntima en primera línea de playa donde tomar algo sin que te molesten, cuya decoración vintage ha encandilado a decenas de directores y actores.Seguir leyendo....
Entre los adoquines del paseo Marítim de Badalona se divisa una pequeña cueva. Llamas al timbre y asoma una cabeza, a lo payaso de ‘It’ en la alcantarilla. Aunque aquí, en lugar de globos, ofrece refrescos fríos y ‘snacks’. Es Lluís Rejat, propietario de Banys La Pista, un pedazo de historia viva del litoral catalán. Un espacio con ocho décadas de memoria que ha visto la transformación de las playas del área metropolitana en su propia piel. Además, es un secreto muy buen guardado: cuenta con una terraza íntima en primera línea de playa donde tomar algo sin que te molesten, cuya decoración vintage ha encandilado a decenas de directores y actores.

Lluís Rejat, asomando en el paseo marítimo de Badalona desde el sótano donde vende bebidas. / Abel Cobos
“Aina Clotet, para su última película, ‘Viva’, ha grabado aquí”, recuerda Rejat. “También vino Netflix a grabar ‘¿Quién es Erin Carter?’”, un ‘thriller’ británico de 2023, “y usaron la terraza y luego este edificio para una persecución”, cuenta señalando el bloque anexo a la terraza. “Maria Ripoll también ha grabado aquí, e incluso ha reservado el espacio para fiestas. Hemos recibido muchísimos directores”, detalla. Podría continuar un buen rato, confiesa. La lista de producciones que han usado Banys La Pista como escenario es interminable, “desde series, hasta películas, pasando por anuncios de moda”, promete.
El encanto es obvio. Solo cruzar la puerta ya te topas con decoración vintage que demuestra que este local ha tenido muchas vidas. Tienes un par de ‘jukebox’ de los sesenta y setenta (ojo, una de ellas todavía funcional), butacas de club de billar ochentero, sillas de colores que recuerdan a las coloridas playas de los noventa, incluso un pequeño tiovivo en el trastero. También puedes pedirle que te enseñe los espacios donde antiguamente recogían la ropa de los bañistas, otra reliquia vintage que todavía siguen en pie.

Una de las 'jukebox' vintage de Banys La Pista, encendida. / Abel Cobos
La historia de Banys La Pista empieza en los 40, cuando un empresario lo fundó con el objetivo de hacer pistas de tenis −de ahí el nombre−. Esa idea duró poco: rápidamente se estableció como espacio de baños, siguiendo la moda de la época. Es decir, pagabas tu entrada, podías alquilar un espacio para cambiarte y dejar los bártulos, y disfrutabas de playa privada. Desde entonces, ha ido evolucionando. Ha tenido piscina, bar con terraza, club de billar y un largo etcétera, adaptando sus usos dependiendo de las necesidades y modas del momento.
El negoció paso a manos de la familia Rejat cuando Lluís era un niño. Por eso, hablar con él es una sesión de historia exprés del litoral. Recuerda desde las playas delimitadas por boyas (que eran “barriles de vino con un ancla”, rememora), también cuando tuvieron que construir una piscina porque la costa barcelonesa quedó contaminada por la industria y el alcantarillado (“mi padre contrajo tifus limpiando la suciedad del agua”, otra de sus anécdotas), hasta los juegos olímpicos, cuando se hizo una limpieza general y se abrieron las playas a la ciudadanía.

La terraza de Banys La Pista, con un centenar de casetas listas para alquilar. / Abel Cobos
En total, ocho décadas continuadas de servicio ininterrumpido hasta hoy en día. Ahora, además de bar, sigue alquilando espacios para bañistas que quieran dejar prendas, neoprenos, tablas, barcas o cualquier utensilio marino. Unos supervivientes: “antes, todo esto era zona de baños de playas privadas. Ahora quedamos pocos espacios, como La Donzella de la Costa o el Club Nàutic Bétulo, que también alquilan casetas. El resto se han convertido exclusivamente en restaurantes”.

Un cliente deja su tabla entre el laberinto marítimo en el sótano de Banys La Pista. / Abel Cobos
Para acceder a este fotogénico espacio puedes, o bien dejar una tabla o barca en su custodia (a 20 euros al mes), o pagar un euro, la entrada puntual, que te permite acceso a las duchas, la terraza y las instalaciones. Otra opción: reservarlo para eventos, como han hecho tantos directores. “Hace poco tuvimos una grabación, esta semana tenemos un cumpleaños y el fin de semana toca una boda”, detalla Lluís, enumerando la agenda. Eventos con espíritu 100% mediterráneo garantizado.
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