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Cofete, el valor de seguir salvaje

Дата публикации: 02-08-2026 09:00:36

Fuerteventura. Al vislumbrar la indicación pertinente, el camino obliga a torcer a la derecha y pronto la carretera remolonea. De repente, el trayecto se vuelve sinuoso, curvilíneo, atravesando las vértebras más espinosas del corazón de Jandía. Así, metro a metro, el bullicio del día a día se desvanece, el ir y venir de locales y visitantes queda atrás; solapado por la fuerza del viento y por un paisaje a cada metro más áspero, solitario y sobrecogedor. La vegetación es escasa, la roca predomina y cada curva reconfirma la pureza del territorio. Hay quienes se detienen al borde del camino, oteando el horizonte con ambas manos a modo de visera; quienes siguen de largo lentamente, degustando cada metro y también quienes se bajan de sus vehículos, ensimismados con un paisaje que parece haber sido creado para ellos. Decenas de kilómetros más tarde, una última curva abre los espacios, acercando y revelando el tesoro natural inalcanzable para impacientes: la playa de Cofete.

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Fuerteventura. Al vislumbrar la indicación pertinente, el camino obliga a torcer a la derecha y pronto la carretera remolonea. De repente, el trayecto se vuelve sinuoso, curvilíneo, atravesando las vértebras más espinosas del corazón de Jandía. Así, metro a metro, el bullicio del día a día se desvanece, el ir y venir de locales y visitantes queda atrás; solapado por la fuerza del viento y por un paisaje a cada metro más áspero, solitario y sobrecogedor. La vegetación es escasa, la roca predomina y cada curva reconfirma la pureza del territorio. Hay quienes se detienen al borde del camino, oteando el horizonte con ambas manos a modo de visera; quienes siguen de largo lentamente, degustando cada metro y también quienes se bajan de sus vehículos, ensimismados con un paisaje que parece haber sido creado para ellos. Decenas de kilómetros más tarde, una última curva abre los espacios, acercando y revelando el tesoro natural inalcanzable para impacientes: la playa de Cofete.

Ubicada en la costa occidental de la península de Jandía, en el interior del Parque Natural del mismo nombre, al sur de la isla majorera, se trata de uno de los espacios protegidos de más valor de Canarias. Cobijada por el macizo que recorre el parque, sus 12 kilómetros de terreno virgen, este es uno de los paisajes más singulares y mejor conservados del Archipiélago gracias, en parte, a su escasa transformación urbanística y riqueza geológica y el carácter salvaje de su hábitat. Sin lugar a dudas, se trata de uno de los destinos turísticos mejor atesorados del conjunto de las Islas Canarias.

Tarea sencilla es deshacerse en elogios con tiempo y palabras a este legendario lugar. Sin embargo, el último reconocimiento ha llegado a sus costas impulsado por The World’s 50 Best Beaches (Las 50 Mejores Playas del Mundo), entidad independiente que cada año publica un ranking, como su nombre indica, de las cincuenta mejores playas del mundo. Este año, y por primera vez, la playa de Cofete ocupa el puesto número 38, compartiendo reconocimiento junto a las costas de países como México, Barbuda, República Dominicana, Emiratos Árabes Unidos o Curazao.

La decisión fue tomada por más de 1.000 expertos: periodistas de viajes, editores de numerosos países y profesionales del sector turístico. También tuvo peso la opinión de los Beach Ambassadors (embajadores de playa), figura clave en la elaboración de la clasificación compuesta por viajeros, periodistas especializados o creadores de contenido. Entre ellos no figuran representantes de instituciones ni responsables de promoción turística, garantizando de esta manera la independencia en el proceso de selección. Por último, y como cada año, la institución revisa con atención cada propuesta y evalúa los parámetros específicos que entrarán en juego de cara al estricto sistema de votación.

Playa de Cofete, en la isla de Fuerteventura.

Playa de Cofete, en la isla de Fuerteventura. / Turismo Islas Canarias

Aquí, la popularidad no lo es todo; de hecho, es una cualidad que queda relegada a un segundo plano. Las características del lugar son relevantes a la hora de escalar en la lista como también lo son la fauna y vida silvestre local que permanece en el lugar, el nivel de conservación del entorno (que siga permaneciendo virgen), la calidad del sonido ambiental o la facilidad de entrar al agua.

A la hora de emitir un veredicto también es primordial conocer si las corrientes son tranquilas la mayor parte del tiempo, que la presencia de visitantes no dé pie a usuales estampas concurridas en el lugar y la frecuencia de días en los que las condiciones climáticas son lo más idílicas posibles. Y la playa de Cofete ha demostrado ser un paraíso digno de ocupar uno de los cincuenta primeros puestos.

No es extraño descubrir que, al escuchar a sus visitantes ocasionales o habituales hablar sobre este lugar, rara vez se refieren a Cofete exclusivamente como un lugar de baño y recreo. «Como ciudadano majorero, siento que se trata de un símbolo de libertad y pureza. Es una extensión interminable de arena, mar y amarillo hasta donde alcanza la vista que siempre garantiza una sensación de soledad y tranquilidad», afirma Rayco Cabrera, natural de Fuerteventura. «En mi caso, no acudo regularmente hasta allá; pero no cabe duda de que se trata de un lugar muy especial para los majoreros y majoreras. Que haya recibido este reconocimiento no me sorprende para nada, es un lugar especial».

También Lola García, presidenta del Cabildo Insular de Fuerteventura, ha mostrado su alegría al conocer el destacado lugar de la playa de Cofete en este ranking: «Siempre es bueno recibir este tipo de galardones, especialmente los que reconocen los valores naturales de Fuerteventura. Como isla Reserva de la Biosfera, es un auténtico honor que nuestro hogar reciba reconocimientos internacionales por la calidad de sus playas y espacios naturales como es el caso de Cofete, en el Parque Natural de Jandía, uno de los espacios salvajes más relevantes no sólo de la isla majorera, sino de toda Canarias».

Una buena noticia para uno de los tantos espacios reseñables del Archipiélago que atrae otro asunto a la conversación: la importancia de mantener este espacio limpio, sin signos de huella humana. Este es sin duda una de las principales cuestiones que más preocupan a la población majorera y uno de los desafíos a los que se enfrenta esta icónica localización

«A la playa de Cofete puede llegar mucha basura por estar situada a barlovento», afirma Aceysele Chacón, majorera. «Recuerdo que un día eché a andar por la costa y me topé con más y más basura. Entre tanta, encontré una caja de plástico que utilicé para meter desperdicios dentro. Cargué kilos en esa jornada. Aunque últimamente no voy mucho, cuando lo hago intento limpiar la playa de porquería».

Sin embargo, J.M, que disfrutó de este enclave por primera vez hace dos años, recalca la belleza y la limpieza del paraje: «Cuando visité el lugar no había rastro de basura, todo lo contrario. Aquella tarde, la playa, el horizonte, el viento, el silencio, las montañas… Parecía un impecable limbo, la última frontera de la vida misma».

En este sentido, el cabildo majorero dispone de un servicio llamado Fuerteventura, bonita por naturaleza, un programa que incluye acciones por todo el territorio insular para la conservación y mantenimiento de entornos naturales. «En el caso de la playa de Cofete, este proyecto actúa en colaboración con el Ayuntamiento de Pájara. Sin embargo, la mejor medida es la conciencia ciudadana. Es fundamental que el visitante sea consciente del valor natural de este paraje, retirando la basura que genere», añade Lola García.

Aun así, los desechos no son la única inquietud. Entre la población majorera puede identificarse una preocupación más palpable año tras año: la posible masificación turística. «La sensación de estar ‘en el fin del mundo’, característica de lugares como este, deja de tener sentido si todo el mundo viene aquí», argumenta Aceysele. Opinión que comparte Rayco Cabrera: «Con los años, Cofete se ha mantenido menos virgen como consecuencia de los visitantes. ¿Me preocupa? Sí. Es cierto que a quien aún no conozca esta playa le diría que no pierda la oportunidad de descubrirla; pero también le pediría que guardase el secreto».

Para el Cabildo insular, de cara al Parque Natural de Jandía, al igual que ocurre con el resto de la isla, la masificación turística es uno de los principales retos. «Debemos cuidar y mejorar lo que ya tenemos en lugar de seguir creciendo. Su protección como parque natural ya supone un freno a la presión urbanística, por ejemplo», afirma la presidenta.

El último refugio del Atlántico

El último refugio del Atlántico / La Provincia

Pero mantener intacto un enclave como este no depende solamente de los visitantes y sus acciones. Existen peligros invisibles que también podría condicionar el futuro de Cofete en los próximos años: el aumento del nivel del mar debido al cambio climático. Un asunto que se abordó el pasado junio en Fuerteventura durante el primer Encuentro Regional de los Consejos Científicos de la Red Canaria de Reservas de la Biosfera. Allí, Tony Gallardo, director de la Reserva de la Biosfera de Fuerteventura, avisó a este medio sobre los peligros a los que se enfrentan distintos emplazamientos de las islas. Entre ellos, como resultado de datos satelitales, un incremento de 7,94 centímetros en los últimos 27 años de la superficie del agua que rodea al Archipiélago.

A pesar de este dato, y a diferencia de otras localizaciones como Isla de Lobos, por el momento la costa de Cofete no aparece en ningún estudio o informe oficial como uno de los puntos en peligro de desaparecer como consecuencia de los efectos del calentamiento global. Incluso en los peores escenarios, este lugar, fascinante como es, parece mantenerse al margen de una amenaza que pone en jaque a otros enclaves naturales.

El reconocimiento a esta cosa llega en un momento en el que enfrenta un reto sostenido en el tiempo: seguir siendo Cofete. Un emplazamiento virgen, sin bandera azul, torres de socorristas o incontables y coloridas toallas esparcidas en la arena. Esta esquinita del sur de Fuerteventura continúa conservando su atmósfera silenciosa, imponente y natural. Un equilibrio que depende, como lo ha hecho hasta ahora, de las instituciones pertinentes; pero también de quienes decidan internarse en la sinuosa carretera que conduce hasta este tesoro. Cada residuo que se recoge, cada sendero que se respeta y cada baño precavido insufla vida a esta inmensa playa. Cuidarla no es una opción, es la única obligación.

En un mundo donde cada vez quedan menos lugares ajenos a la huella humana, todavía existen espacios capaces de emocionar con su autenticidad. Aquí no hay grandes infraestructuras ni reclamos de neón que busquen engatusar a sus visitantes. Hay un océano bravo, una montaña que se arroja hacia el mar y una franja de arena donde el tiempo trascurre a su antojo. Quizás sea esta una de las incontables razones por las que la gente, al retornar sobre sus propios pasos en la playa de Cofete, no habla de un lugar de baño, no; hablan del camino hasta alcanzarlo y de lo que sintieron al llegar. De un lugar que, obviamente, es una de las mejores playas del mundo.

El Roque del Moro, en el Parque Natural de Jandía, entre la punta  de Barlovento y el Islote, es uno de los límites de la playa de Cofete.

El Roque del Moro, en el Parque Natural de Jandía, entre la punta de Barlovento y el Islote, es uno de los límites de la playa de Cofete. / La Provincia

Enclaves vírgenes

52 banderas azules ondean en las costas canarias este verano, cinco más que el año pasado. Este distintivo de carácter internacional concedido por la Asociación e Educación Ambiental y de Consumidor (Adeac), certifica la excelencia ambiental, la seguridad, la accesibilidad y la calidad del agua en playas y puertos deportivos.

Sin embargo, muchos de los arenales más característicos y reconocibles carecen de esta medalla. Es el caso de Cofete, en Fuerteventura, Güigüí, en Gran Canaria, o Benijo, en Tenerife. La razón es que se trata de enclaves de carácter virgen, donde la ausencia de las infraestructuras y los servicios exigidos hacen inviable esta condecoración.

En este punto, la paradoja resulta evidente: muchas de las características que impiden a estas playas optar a una bandera azul son, precisamente, las que las convierten en lugares únicos y atractivos. Cada costa canaria posee sus propios atributos y unos valores que no siempre encajan en los criterios de este distintivo. Por eso, quedarse fuera de esta clasificación puede convertirse, en realidad, en la mejor noticia. En Canarias, obtener una bandera azul podría implicar renunciar, al menos en parte, a la esencia que hace especiales algunos de sus paisajes.

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