Por: Miguel Corrales, Business Development Manager de InterSystems El debate sobre inteligencia artificial en salud ya no pasa únicamente por determinar si los hospitales y centros de salud incorporarán IA generativa en sus procesos clínicos y administrativos. La discusión está avanzando hacia una pregunta más compleja: bajo qué condiciones se utilizará esta tecnología y quién […]
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Por: Miguel Corrales, Business Development Manager de InterSystems
El debate sobre inteligencia artificial en salud ya no pasa únicamente por determinar si los hospitales y centros de salud incorporarán IA generativa en sus procesos clínicos y administrativos. La discusión está avanzando hacia una pregunta más compleja: bajo qué condiciones se utilizará esta tecnología y quién mantiene la responsabilidad cuando interviene en procesos que pueden afectar la atención de un paciente.
La IA generativa puede aportar valor concreto en tareas como la documentación clínica, la elaboración de resúmenes de pacientes, la reducción de carga administrativa y el apoyo a distintos flujos de trabajo. Sin embargo, para que ese aporte sea sostenible, debe estar acompañado de mecanismos de supervisión humana, trazabilidad, protección de datos sensibles y responsabilidades claramente definidas.
Este principio ya está comenzando a materializarse en estándares internacionales. InterSystems IntelliCare, por ejemplo, obtuvo la certificación bajo el Reglamento de Dispositivos Médicos de la Unión Europea (MDR) Clase IIa, convirtiéndose en el primer sistema de información de salud unificado y potenciado por IA en alcanzar esta clasificación. Entre otros requisitos, este marco establece controles rigurosos para el uso de funcionalidades que pueden intervenir en procesos clínicos.
En la práctica, esto significa que la inteligencia artificial puede asistir al profesional, por ejemplo, generando información o apoyando determinadas tareas, pero las decisiones que tienen implicancias clínicas permanecen bajo responsabilidad humana. Ese principio no debería entenderse como una limitación tecnológica, sino como una condición necesaria para incorporar estas herramientas de manera segura y confiable.
La IA generativa no está llamada a automatizar el juicio clínico. Su mayor potencial está en apoyar a los equipos de salud, reducir tareas repetitivas y facilitar el acceso a información relevante, permitiendo que los profesionales puedan concentrar más tiempo y atención en sus pacientes.
En ocasiones, los mecanismos de control y supervisión pueden percibirse como una barrera para acelerar la adopción tecnológica. Sin embargo, en salud ocurre precisamente lo contrario: establecerlos desde el comienzo permite generar las condiciones de confianza necesarias para escalar estas soluciones. Una implementación acelerada, pero sin responsabilidades claramente definidas, puede terminar generando problemas mucho más difíciles de resolver posteriormente.
Chile ya cuenta con experiencias que demuestran el potencial de la inteligencia artificial aplicada a la salud. Un ejemplo es DART (Diagnóstico Automatizado de Retinografías Telemáticas), desarrollado en el país para apoyar la detección de retinopatía diabética mediante el análisis automatizado de imágenes. Experiencias de este tipo muestran cómo la tecnología puede contribuir a ampliar capacidades y hacer más eficientes determinados procesos de atención.
La evolución desde soluciones específicas de inteligencia artificial hacia herramientas generativas integradas cada vez más profundamente en los flujos clínicos plantea, sin embargo, nuevos desafíos. Un modelo capaz de resumir antecedentes, generar documentación o interactuar con información clínica requiere definir con claridad qué puede hacer de manera automatizada, qué acciones necesitan validación profesional y cómo queda registrada cada intervención.
Ese es uno de los desafíos que Chile deberá abordar a medida que avance la adopción de estas tecnologías. No se trata solamente de incorporar nuevas capacidades, sino de establecer marcos de gobernanza que permitan determinar responsabilidades, mantener trazabilidad y asegurar que las decisiones clínicas continúen estando donde corresponden: en manos de los profesionales de salud.
La IA generativa tiene un lugar relevante en el futuro de la salud. Pero ese lugar está al servicio del criterio clínico, no en su reemplazo. Avanzar bajo ese principio no significa poner un freno a la innovación, sino crear las condiciones para que pueda implementarse con confianza y sostenerse en el tiempo.