El uso de algunos adjetivos como dantesco o kafkiano debe emplearse con moderación en los artículos periodísticos, salvo cuando se refieren, por ejemplo, realmente a Dante Alighieri o, como es esta vez el caso, al laberinto administrativo que aqueja a la octogenaria Floristería Soriano de la avenida Gaudí, que pese a su proximidad a la Sagrada Família es una tienda de barrio y que, visto el celo con el que el Ayuntamiento de Barcelona quiere hacer cumplir en esa zona en concreto las ordenanzas municipales de paisaje urbano, ha decidido cerrar. Pero ni siquiera eso puede hacer, bajar la persiana. Kafkiano, lo dicho.Seguir leyendo....
El uso de algunos adjetivos como dantesco o kafkiano debe emplearse con moderación en los artículos periodísticos, salvo cuando se refieren, por ejemplo, realmente a Dante Alighieri o, como es esta vez el caso, al laberinto administrativo que aqueja a la octogenaria Floristería Soriano de la avenida Gaudí, que pese a su proximidad a la Sagrada Família es una tienda de barrio y que, visto el celo con el que el Ayuntamiento de Barcelona quiere hacer cumplir en esa zona en concreto las ordenanzas municipales de paisaje urbano, ha decidido cerrar. Pero ni siquiera eso puede hacer, bajar la persiana. Kafkiano, lo dicho.
El contexto ya fue publicado el año pasado. Como la zona de la Sagrada Família es un Espacio de Gran Afluencia, el gobierno municipal emprende ahí periódicas ofensivas en busca de incumplimientos de todo tipo, como usos inadecuados de las licencias de actividad, contratos irregulares a los trabajadores, salud pública… A esas expediciones de caza y captura se sumaron también los funcionarios del departamento de paisaje urbano, que desde finales de los años 90 disponen de una ordenanza que regula hasta el más mínimo detalles de cómo deben presentarse cara al público los establecimientos y que, en realidad, casi nunca se ha aplicado. Basta salir a la calle para constatar cuántos carteles en bandera hay en las calles que no sean farmacias o párquings, que sí tienen permiso, o cuantas tiendas tienen pequeños o grandes focos que iluminan sus escaparates. La altura de los toldos está también milimétricamente regulada y ampliamente incumplida y, en otra flagrante infracción, miles de rótulos están incorrectamente colocados.
Cuando esos funcionarios decidieron actuar en la avenida Gaudí, casi que no dieron abasto. Son muchos los comercios que han tenido que retirar elementos so pena de sanción. Después, esa misma campaña ha ampliado su radio y ahora son los comercios de las calles situadas por debajo de la Sagrada Familia las que se han llevado tan gigante susto, “sin previo aviso”, como ha explicado en redes sociales Marta Izquierdo, de Cal Sardà, otra tienda de barrio que nadie diría, por su formal escaparate, que es sancionable.

Houria, pareja de Xavier Soriano y alma de la tienda, junto a la entrada del establecimiento. / Elisenda Pons
El caso de Floristería Soriano, no obstante, es el rizo rizado. Desde hace unos 50 años, su escaparate sobresale unos 30 centímetros de la fachada, nada inusual, tampoco, en otras calles de la ciudad. El dueño resume la situación. Ha recibido una amenazante notificación del departamento de licencias e inspección del Eixample. Tiene un mes para iniciar las obras de retirada de ese elemento. “En caso de incumplimiento –dice el documento oficial—se procederá a la ejecución forzosa mediante la ejecución subsidiaria o la imposición de multas coercitivas reiteradas por un importe máximo cada una de 3.000 euros”. Es dice la notificación oficial que, como es habitual, advierte que la presentación de un recurso no detiene la ejecución de la sanción.
El distrito ofreció a Soriano, como al resto de comerciantes, una subvención para las reformas que sea necesario realizar. “Pero el trámite de aprobación me han dicho que será, como mínimo, de cuatro meses”, dice. Es la misma administración, no hay ni que recordarlo. Para saber qué obras habría que realizar, este comerciante encargó catas de la fachada. En resumen, que menos de 50.000 euros no le va a costar la reforma. Ha decidido, pues, rendirse. Irse de la avenida Gaudí e instalarse en su otra tienda, en Granollers, pero tampoco eso es tan fácil. El dueño de la finca le ha informado de que no le permitirá un traspaso del negocio si antes no subsana la situación. Más kafkiano. “El remedio que me queda es afrontar unas obras más ambiciosas, de quizá 150.000 euros, y convertir la tienda en un negocio más para turistas”, explica. Esa opción merece un párrafo más cerrar esta historia.

Celler de Gelida, de la calle Vallespir, bien lejos de la Sagrada Família. / A. de S.
Esta semana ha anunciado el Ayuntamiento de Barcelona quién será en septiembre el pregonero de la fiesta mayor de la ciudad. Será Antoni Falgueras, acompañado de su hija, la sumiller Meritxell, dueños de un establecimiento con 130 años de historia a sus espaldas, el Celler de Gelida, una bodega fenomenal, sin duda. A menos de un año de las elecciones municipales, el alcalde Jaume Collboni explicó que el gobierno municipal tiene como gran meta respaldar ese tejido comercial que caracteriza esta ciudad, de ahí la apuesta por estos pregoneros. El Celler de Gelida, en la calle Vallespir (Sants) merece una visita y más de una compra, pero si estuviera en la avenida Gaudí no pasaría el filtro de los censores del paisaje urbano.
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