Cientos de evacuados de los pueblos de Villa del Prado y Aldea del Fresno aguardan en el polideportivo de Villamanta (Madrid) con la esperanza de poder regresar a sus hogares. Mientras, la vida se organiza entre literas, mesas para el desayuno y juegos de niños que corretean ajenos al drama. En medio de la incertidumbre, emerge la figura de Mariví, una voluntaria de 65 años que se ha convertido en el alma del pabellón, donde ya la apodan la jefa de los desayunos.Mariví lleva 72 horas sin dormir, pero mantiene una sonrisa y una energía que contagia a todos a su alrededor. Durante una entrevista en el programa 'Fin de Semana' con la comunicadora Beatriz Pérez Otín, ha confesado de dónde saca la entereza. “Tengo una persona arriba que me da fuerzas para seguir adelante, es mi marido”, ha explicado, recordando a su esposo fallecido hace cinco años. “Él es el que me está dando fuerzas para seguir adelante”.La empatía es otro de sus motores. Mariví piensa constantemente en la situación de los desalojados, consciente de que a ella podría ocurrirle lo mismo. “Si algún día me pasa, creo que ellos me echarán una mano como nosotros hemos echado una mano”, ha afirmado. Esta convicción la impulsa a seguir, a pesar del agotamiento visible en sus ojos enrojecidos por el humo y el cansancio.La llegada de los evacuados el pasado jueves fue especialmente dura. Según ha relatado Mariví al comunicador Dani Santos, venían “fatal, muy tristes”, sufriendo “muchos ataques de ansiedad, muy nerviosos”. Incluso los animales reflejaban el estrés. “Esta noche hemos conseguido que hayan dormido relajados. La anterior noche era imposible, era ladrar, el gato que teníamos era nada más que llorar”, ha comentado sobre la leve mejoría.La voluntaria sospecha de la naturaleza de los fuegos, lo que añade un punto de rabia a la situación. “Piensas que esto es como adrede, piensas que no es normal que esté un foco aquí, a los 10 minutos aquí, a los otros 10 minutos en otro lado”, ha manifestado. Sin embargo, esa frustración se transforma en amabilidad hacia los afectados. “A la hora de estar con ellos, tienes que tener paciencia, mucha paciencia y quererles”.Entre las decenas de historias personales, una ha conmovido especialmente a Mariví: la de una madre y una hija que huyeron sin nada, dejando atrás la insulina y la medicación para el corazón de la joven, recién operada. Ante la imposibilidad de volver a por ellas, la propia Mariví se encargó de conseguirlas. “Yo me fui a farmacia, yo las he comprado todo, se lo he traído, y estoy pendiente, porque sí que me han llegado”, ha explicado.El dolor ajeno se convierte en un impulso para ayudar. “Verlas llorar a una madre y una hija... me ha dolido mucho, porque puede ser mi madre y mi hija, o puedo ser yo y mis hijas o mis nietas, que tengo dos, y me duele”, ha confesado emocionada. Ese sentimiento es el que alimenta su dedicación incansable hacia todos los que se refugian en el polideportivo.El equipo de voluntarios no es improvisado. Se formó a raíz de la DANA de 2023, que también golpeó duramente la zona. “Hicimos un grupo con protección civil de voluntarios, nos apuntamos todas las mujeres, porque casi todas somos mujeres”, ha detallado Mariví. Ahora, en cuanto surge una emergencia, se activan de inmediato para ayudar.El trabajo es incesante, de día y de noche. Por la mañana, atienden los desayunos y ofrecen conversación y ánimo a los evacuados. Por la noche, cuando la calma parece llegar, la vigilancia continúa. “Te paseas por todo el pabellón, uno por uno, a ver cómo están y cómo no están, porque hay gente que duerme, hay gente que no puede, porque está con esos ataques de ansiedad. Hay que cuidarlos”, ha relatado.Afortunadamente, no necesitan más ayuda material gracias a la solidaridad recibida. Cáritas, varias ONG, la Comunidad de Madrid y parroquias como la de Navalcarnero han enviado suministros. La gran incógnita sigue siendo cuándo podrán volver a casa, una decisión que depende del viento. A pesar de todo, Mariví lo tiene claro: “Pasaremos otra noche con ellos atendiéndolos, y de aquí yo no me voy”.
Cientos de evacuados de los pueblos de Villa del Prado y Aldea del Fresno aguardan en el polideportivo de Villamanta (Madrid) con la esperanza de poder regresar a sus hogares. Mientras, la vida se organiza entre literas, mesas para el desayuno y juegos de niños que corretean ajenos al drama. En medio de la incertidumbre, emerge la figura de Mariví, una voluntaria de 65 años que se ha convertido en el alma del pabellón, donde ya la apodan la jefa de los desayunos.
Mariví lleva 72 horas sin dormir, pero mantiene una sonrisa y una energía que contagia a todos a su alrededor. Durante una entrevista en el programa 'Fin de Semana' con la comunicadora Beatriz Pérez Otín, ha confesado de dónde saca la entereza. “Tengo una persona arriba que me da fuerzas para seguir adelante, es mi marido”, ha explicado, recordando a su esposo fallecido hace cinco años. “Él es el que me está dando fuerzas para seguir adelante”.

Beatriz Pérez Otín, desde el polideportivo de Villamanta (Madrid). Lugar en el que se acoge a desalojados por el incendio
La empatía es otro de sus motores. Mariví piensa constantemente en la situación de los desalojados, consciente de que a ella podría ocurrirle lo mismo. “Si algún día me pasa, creo que ellos me echarán una mano como nosotros hemos echado una mano”, ha afirmado. Esta convicción la impulsa a seguir, a pesar del agotamiento visible en sus ojos enrojecidos por el humo y el cansancio.
La gestión de la ansiedad y el miedoLa llegada de los evacuados el pasado jueves fue especialmente dura. Según ha relatado Mariví al comunicador Dani Santos, venían “fatal, muy tristes”, sufriendo “muchos ataques de ansiedad, muy nerviosos”. Incluso los animales reflejaban el estrés. “Esta noche hemos conseguido que hayan dormido relajados. La anterior noche era imposible, era ladrar, el gato que teníamos era nada más que llorar”, ha comentado sobre la leve mejoría.
La voluntaria sospecha de la naturaleza de los fuegos, lo que añade un punto de rabia a la situación. “Piensas que esto es como adrede, piensas que no es normal que esté un foco aquí, a los 10 minutos aquí, a los otros 10 minutos en otro lado”, ha manifestado. Sin embargo, esa frustración se transforma en amabilidad hacia los afectados. “A la hora de estar con ellos, tienes que tener paciencia, mucha paciencia y quererles”.
Historias que duelen y dan fuerzaEntre las decenas de historias personales, una ha conmovido especialmente a Mariví: la de una madre y una hija que huyeron sin nada, dejando atrás la insulina y la medicación para el corazón de la joven, recién operada. Ante la imposibilidad de volver a por ellas, la propia Mariví se encargó de conseguirlas. “Yo me fui a farmacia, yo las he comprado todo, se lo he traído, y estoy pendiente, porque sí que me han llegado”, ha explicado.

David Casado
El polideportivo de Villamanta acoge a los desalojados
El dolor ajeno se convierte en un impulso para ayudar. “Verlas llorar a una madre y una hija... me ha dolido mucho, porque puede ser mi madre y mi hija, o puedo ser yo y mis hijas o mis nietas, que tengo dos, y me duele”, ha confesado emocionada. Ese sentimiento es el que alimenta su dedicación incansable hacia todos los que se refugian en el polideportivo.
Voluntarios organizados y sin descansoEl equipo de voluntarios no es improvisado. Se formó a raíz de la DANA de 2023, que también golpeó duramente la zona. “Hicimos un grupo con protección civil de voluntarios, nos apuntamos todas las mujeres, porque casi todas somos mujeres”, ha detallado Mariví. Ahora, en cuanto surge una emergencia, se activan de inmediato para ayudar.
El trabajo es incesante, de día y de noche. Por la mañana, atienden los desayunos y ofrecen conversación y ánimo a los evacuados. Por la noche, cuando la calma parece llegar, la vigilancia continúa. “Te paseas por todo el pabellón, uno por uno, a ver cómo están y cómo no están, porque hay gente que duerme, hay gente que no puede, porque está con esos ataques de ansiedad. Hay que cuidarlos”, ha relatado.
Afortunadamente, no necesitan más ayuda material gracias a la solidaridad recibida. Cáritas, varias ONG, la Comunidad de Madrid y parroquias como la de Navalcarnero han enviado suministros. La gran incógnita sigue siendo cuándo podrán volver a casa, una decisión que depende del viento. A pesar de todo, Mariví lo tiene claro: “Pasaremos otra noche con ellos atendiéndolos, y de aquí yo no me voy”.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.