Durante siglos permaneció integrado en la vida interior del monasterio, reservado a la contemplación de la comunidad religiosa. Sin embargo, desde este jueves, ojo, el Patio de los Evangelistas del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial incorpora un nuevo capítulo a su historia: por primera vez puede ser visitado por el público tras una intervención destinada a recuperar su imagen del siglo XVI. La apertura permite acceder a uno de los espacios más singulares del conjunto escurialense, concebido como un lugar de recogimiento, pero también como una pieza esencial dentro del programa artístico, arquitectónico y espiritual impulsado durante el reinado de Felipe II. No se trata únicamente de un jardín encerrado entre galerías. El patio fue ideado como una representación ordenada de la naturaleza, una suerte de paraíso terrenal construido a partir del equilibrio entre los elementos vegetales, el sonido del agua y la geometría de la piedra.Seguir leyendo....
Durante siglos permaneció integrado en la vida interior del monasterio, reservado a la contemplación de la comunidad religiosa. Sin embargo, desde este jueves, ojo, el Patio de los Evangelistas del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial incorpora un nuevo capítulo a su historia: por primera vez puede ser visitado por el público tras una intervención destinada a recuperar su imagen del siglo XVI. La apertura permite acceder a uno de los espacios más singulares del conjunto escurialense, concebido como un lugar de recogimiento, pero también como una pieza esencial dentro del programa artístico, arquitectónico y espiritual impulsado durante el reinado de Felipe II. No se trata únicamente de un jardín encerrado entre galerías. El patio fue ideado como una representación ordenada de la naturaleza, una suerte de paraíso terrenal construido a partir del equilibrio entre los elementos vegetales, el sonido del agua y la geometría de la piedra.
La actuación, ejecutada durante 12 meses por Patrimonio Nacional, ha contado con una inversión de 1,7 millones de euros procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. El objetivo ha sido corregir las modificaciones acumuladas a lo largo de más de 400 años y devolver al recinto una lectura unitaria, tanto desde el punto de vista arquitectónico como paisajístico. Para reconstruir esa apariencia histórica, el proyecto ha ido más allá de una restauración convencional. Los especialistas han trabajado con documentación del Archivo General de Palacio, investigaciones sobre el sistema hidráulico del monasterio y un plano realizado en 1865 por Salcedo de las Heras. Estas fuentes han permitido identificar transformaciones, recuperar proporciones y aproximarse al modo en que el patio fue pensado originalmente.

La intervención ha tenido un coste de 1,7 millones de euros procedentes de los fondos europeos. / PATRIMONIO NACIONAL
Entre las intervenciones más destacadas figura la restauración del pavimento de granito y de las carpinterías situadas en la planta inferior del claustro. También se han rehabilitado los cuatro estanques y se han renovado sus superficies para garantizar la correcta circulación y conservación del agua. El tratamiento del jardín ha ocupado un lugar central. Los 12 parterres que organizan el espacio vuelven a incorporar especies vegetales elegidas de acuerdo con el carácter histórico del conjunto. Junto a ellas, se ha instalado un sistema de riego más eficiente, pensado para reducir el consumo y facilitar el mantenimiento sin alterar la percepción estética del recinto.
Otro de los retos ha sido compatibilizar la apertura al turismo con la protección de un patrimonio especialmente delicado. En el acceso situado frente a la escalera principal se ha colocado una estructura cortavientos de vidrio. Su presencia crea una barrera frente a la humedad y las corrientes de aire, al tiempo que preserva la continuidad visual del claustro. Esta solución resulta especialmente importante para las pinturas murales de Pellegrino Tibaldi, uno de los grandes artistas vinculados a la decoración del monasterio. La protección permitirá mantener abierto el espacio durante todo el año y reducir el impacto que una mayor afluencia de visitantes podría provocar sobre las obras.

La restauración está respaldada por un riguroso trabajo de investigación histórica y documental. / PATRIMONIO NACIONAL
La recuperación del Patio de los Evangelistas ofrece, además, una nueva perspectiva sobre El Escorial. Frente a la imagen monumental, severa y pétrea que suele asociarse al edificio, el visitante encuentra aquí un recinto luminoso, articulado por el agua y el ritmo de los jardines. Es la cara más íntima de un complejo concebido como palacio, monasterio, panteón, biblioteca y centro de poder. La restauración no busca congelar el patio en una recreación idealizada del pasado, sino hacer legible su concepción renacentista y garantizar su permanencia. Su apertura amplía la experiencia de visita y permite comprender mejor cómo la arquitectura escurialense utilizó el paisaje para expresar una determinada visión del mundo: ordenada, simbólica y sometida a una rigurosa armonía.