El boom de las piscinas parece no tocar techo. El último recuento catastral dibuja una expansión acelerada de las piscinas no cubiertas: han pasado de 42.821 en 2025 a 44.939 en 2026.
El boom de las piscinas parece no tocar techo. El último recuento catastral dibuja una expansión acelerada de las piscinas no cubiertas: han pasado de 42.821 en 2025 a 44.939 en 2026.
Son 2.118 más en apenas doce meses, un incremento próximo al 5%. Traducido al ritmo cotidiano, la comunidad registró 5,8 piscinas al aire libre más por día: casi seis cada jornada.
La denominación importa. Los datos permiten hablar de piscinas «incorporadas» o «registradas», pero no asegurar que todas hayan sido construidas durante el último año.
El Catastro contabiliza las instalaciones que constan en sus bases y publica la estadística diferenciando entre piscinas cubiertas y no cubiertas, también con detalle municipal. Parte del aumento puede responder a obra nueva, pero también a actualizaciones, declaraciones o regularizaciones de elementos que ya existían.
La fotografía autonómica es inequívocamente exterior. Frente a las 44.939 piscinas descubiertas, solo aparecen 1.948 cubiertas. En total son 46.887 instalaciones registradas, de las que casi el 96% están al aire libre. Dicho de otro modo: en Galicia hay unas 23 piscinas descubiertas por cada una bajo techo, una proporción llamativa en una comunidad donde la precipitación media anual es elevada respecto al resto de la península.
El fenómeno, además, tiene un marcado sesgo atlántico. La provincia de Pontevedra reúne 19.834 piscinas no cubiertas, el 44% de todas las existentes en Galicia. Vigo encabeza la clasificación municipal con 2.812 descubiertas y 102 cubiertas, mientras Oleiros y Nigrán completan el grupo de concellos que lidera un mapa cada vez más azul. La posición de estos municipios apunta hacia las áreas de vivienda unifamiliar y expansión residencial de las Rías Baixas y del entorno coruñés como principales focos del fenómeno.
Efecto medioambientalDetrás del dato inmobiliario asoma también una cuestión ambiental. Una piscina no equivale por sí sola a un consumo constante, ni todas tienen el mismo tamaño, sistema de depuración o régimen de uso.
Pero la multiplicación del parque obliga a mirar más allá del símbolo de confort: llenado, reposición por evaporación, mantenimiento y demanda energética se suman en plena vigilancia sobre los recursos hídricos.
El dato llega, además, en un momento especialmente sensible. Esta semana, Augas de Galicia activó la prealerta por escasez moderada en los sistemas del río Lérez y del Anllóns y la Costa da Coruña, además de aplicar medidas equivalentes en el subsistema de Baiona. El organismo autonómico recomienda intensificar el control de los consumos y preservar el agua para los usos esenciales.
El Catastro no permite concluir con esta tabla cuántas piscinas son públicas, comunitarias o particulares, ni medir su consumo real. Sí deja una evidencia: el paisaje residencial gallego está cambiando con rapidez.
A razón de casi seis nuevas incorporaciones al aire libre cada día, la piscina ha dejado de ser una rareza climática para convertirse en una pieza cada vez más habitual del urbanismo disperso gallego.
Suscríbete para seguir leyendo