Se estudia la adaptación a las características del campo de Castilla y Léon, además de sus posibles salidas comerciales en un futuro
16/04/2026 a las 22:34h.
Es un cultivo poco explotado en Europa, pero que se erige como una posibilidad de futuro, debido a su alto valor nutricional, sus escasas necesidades de agua y sus diversas utilidades. El amaranto es un superalimento ancestral y un cultivo al que se le ven muchos paralelismos con la quinoa. Ahora, su futuro está sujeto a conocer cómo se adaptará la planta a las características del campo de Castilla y Léon, además de cuáles podrían ser sus destinos comerciales.
Desde el año 2017, el Centro Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl) trabaja en varias investigaciones sobre la posible implantación de amaranto en los cultivos de la región, con el reto de buscar nuevas opciones emergentes que den una alternativa para el agricultor, especialmente en el cereal, cuyo valor económico tienes muchas fluctuaciones. «Empezamos a trabajar con el amaranto porque es un grano sin gluten. Está demandado por cierto colectivo de la población que cada día se está incrementando y también hay que darles acceso a nuevas materias primas. Tiene un gran valor nutritivo y entraría muy bien en la rotación de cultivos. El problema es localizar semilla», detalla Nieves Aparicio, investigadora del Itacyl.
Un trabajo para conocer cómo se comporta el cultivo ante el clima y los suelos de la región, y su implantación en los mercados. Aparicio incide en que son cultivos que «no están adaptados o no hay material genético que se haya obtenido aquí en España». En esta línea, apunta a que el primer paso fue «buscar variedades fuera y adaptar el ciclo de cultivo a nuestras condiciones, ver qué variedades eran mejores, cuándo es la época de siembra, cómo es el manejo, si hay herbicidas, no hay herbicidas, si hay enfermedades o si hay alguna plaga que le afecte. En resumen, ver cuál es el ciclo y cuál es el manejo agronómico que le debemos dar».
Doctorando
En la investigación sobre el amaranto, hace dos años, el Itacyl dio un paso más de la mano de la empresa Innovaciones Agroalimentarias, a través de la 'Investigación y desarrollo del cultivo de amaranto en Castilla y León, a lo largo de toda la cadena de valor', (Amarcyl), enmarcado en la convocatoria de proyectos de investigación o de desarrollo experimental para promover la atracción de talento científico técnico. Una iniciativa a cuatro años, donde un doctorando debe llevar a cabo su actividad investigadora con la colaboración de la Universidad de Salamanca.
«Es un pseudo cereal, enmarcarlo de alguna forma en la mente del consumidor en una línea parecida a la quinoa. Hubo un boom hace unos años con la quinoa bastante fuerte en Europa, y nos parecía que por estudiar esta posibilidad era interesante», desvela Carlos García, responsable del proyecto por parte de Innovaciones Agroalimentarias. En la actualidad, su investigación se encuentra en el ecuador, en un tiempo en el que ha trabajado con plantas, con semillas, con germinado, y con diferentes tipos de material. «Tenemos una determinación del perfil nutricional, tenemos también una determinación de cómo se comporta frente a diferentes tipos de estrés, porque lo que queremos es ver si se puede implementar esta planta en Castilla y León, ver cómo se comporta a nivel de crecimiento, fisiología, con respecto a la tierra, al clima y a la edafología de la región», avanza. En este contexto, desvela que se está trabajando en un invernadero, y en campo en el centro Experimental del Itacyl, para conocer las necesidades que tiene el agua, de fertilizante, y determinar un protocolo de futuro.
El resultado, según el investigador, de momento, es positivo. «Al principio necesita tener agua en la germinación, es un requerimiento básico, si no, no va a brotar la semilla. Después, es una planta muy resiliente, que aguanta casi todo, aguanta calor, aguanta sequía, aguanta un suelo semipobre», precisa. En conclusión, defiende que «con pocas necesidades, tanto de nutrientes como de agua, puede tirar para adelante», añadiendo que también en el estudio se está buscando un material genético que se adapta mejor a las características de Castilla y León. En cualquier caso, el cultivo tiene un ciclo que, según Nieves Aparicio, se extiende desde mayo hasta septiembre, «más o menos como el girasol, un maíz, y no necesita tanta cantidad de agua como pueden necesitar estos cultivos». Ve interesante, si se confirma esta tendencia, que se abra este nuevo cultivo, ya que en el contexto de la región «actualmente que hay crisis muchas veces de agua, recursos y demás, y esta opción puede ser bastante válida»
De momento, la presencia de amaranto en los campos de la región es casi anecdótica, y residual. «Creo que los pocos que se están animando a plantarlo es casi un poco recomendado por nosotros,. Como empresa, tenemos las semillas, tenemos las variedades y se las facilitamos para que hagan ensayos, para que hagan pruebas y demás», concluye Carlos García.
El amaranto es una planta que tiene un perfil interesante a nivel nutricional, con un alto contenido en proteínas, y en antioxidantes, con propiedades también a nivel farmacológico. «Tiene un alto contenido en lisina, que es un aminoácido esencial, en este caso nuestro cuerpo no produce y con este alimento podríamos conseguir consumirlo en la dieta y conseguir la cantidad mínima recomendada», desvela Carlos García. Afirma sentir «ilusionado» en poder confirmar que el producto tiene «mucho potencial».
Con respecto a su colocación en el mercado, la semilla del amaranto se puede consumirse como la quinoa. «La preparación es una cosa ya un poco más imaginativa, se puede utilizar en yogures, para añadir a ensaladas, incluso hay gente que hace como una especie de palomitas. Se puede añadir en comidas de guiso, de carne. Al final, la semilla se puede utilizar en un montón de preparados». Otro de los componentes, según revela, es la biomasa que puede utilizarse tanto para la producción de energía como para la propia agricultura.
En el ámbito de germinados, se presenta un brote con un color violeta y, en muchos casos «se podría utilizar para ensaladas con esas mezclas de lechugas, espinacas, canónigos, esos preparados de cuarta o quinta gama», puntualiza Nieves Aparicio.
Asimismo, añade que el amaranto también tiene un uso para la cosmética, a través de la obtención de escualeno, un producto que ya no se puede extraer de origen animal. Un ámbito que también se puede abrir a la investigación.