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24/03/2023 / Ana García Urcola

SCHUBERT:
Schwanengesang. Ian Bostridge, tenor Lars Vogt, piano PENTATONE (1 CD)
Hace ya tiempo que Ian Bostridge se ha convertido en un intérprete expresionista. Su voz mantiene esa belleza insultante de hace tres decenios que nos hechiza cual flautista de Hamelin en momentos de relativa despreocupación, como en Liebesbotchaft o Das Fischermädchen, pero ha ido adquiriendo el gusto por los enfoques oblicuos y los claroscuros, como si se tratara de un Murnau de la música. Bostridge lleva la máxima de no hacer nunca dos veces lo mismo hasta extremos insospechados, como tratar cada nota y cada sílaba de forma diferente, o imprimir un timbre distinto a cada nota de una coloratura, incluidas… ¡las consonantes! De hecho, es probablemente el cantante que más juego extrae a las diferentes intensidades de cada fonema consonántico. No se puede iluminar con mayor contraste, del blanco nuclear al negro obsidiana ese Doppelgänger o ese Der Atlas, que resultan sobrecogedores, hasta la búsqueda del práctico desgarro sonoro.
El arte de crear desasosiego utiliza un recurso rítmico curioso, que consiste en no caer forzosamente con el pianista tras un valor breve, aunque sí en la pulsación. Un virtuosismo estilístico que encuentra un compañero ideal en ese grandísimo músico que fue Lars Vogt y que nos ha dejado a una edad absolutamente impropia. No deja de producir cierto escalofrío y mucho dolor que este Canto del cisne schubertiano haya sido también su testamento discográfico. Sólo un gran artista como él era capaz de seguir al inglés en esa singladura hacia esta versión de Doctor Caligari imponiendo también su propia personalidad: qué acertados cambios de pedal en las notas largas para eliminar resonancias, qué líneas intermedias tan bien cantadas para provocar insospechados y naturales contrapuntos, qué variedad de matices. Asómense, si no temen sondear las más terribles profundidades del alma humana.
Ana García Urcola