Hace ya casi 20 años que el entonces presidente de la Generalitat, José Montilla, avisó de la creciente desafección de la ciudadanía hacia las instituciones. Hablaba entonces de la relación Catalunya-España. Dos décadas después los síntomas de desapego de los ciudadanos hacia la política se extienden por toda España. El ambiente de crispación es irrespirable, sobre todo en Madrid. Se detecta odio y hay quien predice que nos acercamos a la pelea física como hemos visto en parlamentos asiáticos.
La insatisfacción con la política escala posiciones en el ranking de los principales problemas ciudadanos, así lo muestran los últimos sondeos del CIS y de su homólogo en Catalunya (CEO). En el conjunto de España, los problemas políticos, la inestabilidad por la falta de acuerdos y la corrupción son ya la tercera preocupación, tras la vivienda y la economía. La última encuesta del CEO del jueves iba más allá. Preguntaba qué partido cree que tiene más capacidad para resolver los principales retos como la gestión de los servicios públicos, la seguridad, la pobreza o la economía. La respuesta más repetida era descorazonadora: ninguna formación política. Sobre el grado de confianza en las instituciones, solo los ayuntamientos aprueban justito con un 5,3. El resto, desde los gobiernos, los parlamentos, la UE, los partidos, los sindicatos y la justicia, tienen clamorosos suspensos. Y, por último, es llamativo que el 92% de la población afirme que el Gobierno esconde a menudo información relevante a la ciudadanía. ¿Nos engañan?
Son muchos los avisos que emite la sociedad a los representantes políticos y no parece que estos reaccionen más allá de lamentarse del peligro de discursos extremistas que ganan adeptos. Estaría bien que, en vez de acusar a los demás, hirieran autocrítica porque el desapego puede ser irreparable. La semana pasada, durante una reunión en Zaragoza de alcaldes de formaciones tan distintas como PSOE, PP, ERC o Bildu, hubo una coincidencia que comentaron en privado: “El nivel de crispación en la política española nos está haciendo mucho daño”. Está bien que se hayan dado cuenta, pero más allá de decirlo, deben actuar o la ciudadanía se desconectará definitivamente.

Periodista nacido en Arenys de Mar. Vicedirector de La Vanguardia. Antes trabajó para medios como El Punt, El Correo Catalán, Cadena 13, Agencia EFE, TVE, Avui o 20 Minutos
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