Las altas temperaturas vuelven a poner a España en alerta. La segunda ola de calor del verano mantiene activados avisos en buena parte del país, con máximas que superarán los 40 grados en varias comunidades autónomas, como por ejemplo Catalunya, y noches tropicales que dificultarán el descanso. Seguir leyendo....
Las altas temperaturas vuelven a poner a España en alerta. La segunda ola de calor del verano mantiene activados avisos en buena parte del país, con máximas que superarán los 40 grados en varias comunidades autónomas, como por ejemplo Catalunya, y noches tropicales que dificultarán el descanso.
Los expertos advierten de que la persistencia del calor extremo aumenta el riesgo de sufrir problemas de salud relacionados con las elevadas temperaturas, especialmente entre los colectivos más vulnerables.
De hecho, el impacto de este fenómeno ya se refleja en los registros sanitarios. Según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), Catalunya acumula 57 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas en los primeros días de julio, mientras que en el conjunto de España la cifra supera las 150 muertes.
Ante episodios de calor extremo como el actual, los especialistas distinguen tres afecciones principales relacionadas con la exposición prolongada a las altas temperaturas y ayudan a diferenciarlas entre sí para poder actuar de forma eficaz y evitar graves desenlaces.
Este fenómeno se produce cuando el organismo pierde más líquidos de los que ingiere y no dispone de suficiente agua para llevar a cabo sus funciones normales, tal y como informa la organización Mayo Clinic.
Aunque puede aparecer en cualquier época del año, el riesgo de deshidratación aumenta significativamente durante las olas de calor, debido a la mayor pérdida de líquidos a través del sudor.
Entre los síntomas más habituales se encuentran la sed intensa, la sequedad de boca, el cansancio, los mareos, el dolor de cabeza y una disminución de la cantidad de orina, que además suele presentar un color más oscuro del habitual.
Este es un trastorno más grave que la deshidratación y suele aparecer tras una exposición prolongada a temperaturas elevadas o después de realizar actividad física intensa en ambientes calurosos.
Según el Ministerio de Sanidad, en esta fase el organismo todavía es capaz de regular su temperatura, pero comienza a mostrar signos de que el esfuerzo para enfriarse está llegando a su límite: sudoración abundante, debilidad, cansancio, mareos, dolor de cabeza, náuseas, calambres musculares y sensación de desmayo.
Además, la piel puede mostrarse fría, pálida o húmeda pese a las altas temperaturas. Los expertos sanitarios como el Hospital Clínic de Barcelona, recomiendan trasladar a la persona a un lugar fresco, ofrecerle agua y favorecer el descanso para evitar que el cuadro evolucione hacia un problema más grave.
Es la forma más grave de enfermedad relacionada con el calor y constituye una emergencia médica que requiere atención inmediata. Se produce cuando los mecanismos que utiliza el cuerpo para regular la temperatura dejan de funcionar correctamente y la temperatura corporal se eleva de forma peligrosa, generalmente por encima de los 40 grados, según el Clínic de Barcelona.
A diferencia del agotamiento por calor, el golpe puede provocar alteraciones neurológicas como confusión, comportamiento extraño, dificultades para hablar, pérdida de conciencia o convulsiones.
Sin una intervención rápida, puede ocasionar daños en órganos vitales e incluso resultar mortal. Ante la sospecha de un golpe de calor, los especialistas recomiendan llamar inmediatamente a los servicios de emergencia mientras se intenta enfriar a la persona afectada.
Para explicar de forma sencilla la gravedad de estas afecciones, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado de Sonora (Isssteson), en México, utilizan un semáforo del calor que permite identificar los distintos niveles de riesgo asociados a las altas temperaturas.
En la zona verde se situaría la deshidratación, considerada la primera señal de alerta de que el organismo está perdiendo más líquidos de los que puede reponer.
El color amarillo correspondería al agotamiento por calor, momento en el que el cuerpo ya tiene dificultades para mantener una temperatura adecuada.
Finalmente, el rojo representa el golpe de calor, la situación de mayor gravedad y una emergencia médica que requiere atención urgente.
Aunque la gravedad de estas afecciones es diferente, las medidas para prevenirlas son muy similares. Los expertos recomiendan beber agua con frecuencia aunque no se tenga sensación de sed, evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día, permanecer en espacios frescos o climatizados siempre que sea posible y utilizar ropa ligera, holgada y de colores claros.
También se aconseja reducir la actividad física intensa durante los momentos de mayor calor, evitar el consumo de alcohol y prestar especial atención a niños, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas.
Reconocer los primeros síntomas y actuar con rapidez puede evitar que una simple deshidratación termine convirtiéndose en un problema mucho más grave.