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La Verja de Gibraltar cae: por qué esta frontera importa mucho más allá de La Línea

Дата публикации: 13-07-2026 06:56:03

Puede que Gibraltar le suene sólo a cosa exótica, a consigna patriotera -¡Gibraltar, español!- y que tenga el vago recuerdo de la foto de diciembre de 1982, cuando se reabrió la Verja después del cerrojazo de Franco en 1969. Puede que haya recibido alguno de esos virales donde se pasa del español al inglés con total naturalidad, el llanito.

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Puede que Gibraltar le suene sólo a cosa exótica, a consigna patriotera -¡Gibraltar, español!- y que tenga el vago recuerdo de la foto de diciembre de 1982, cuando se reabrió la Verja después del cerrojazo de Franco en 1969. Puede que haya recibido alguno de esos virales donde se pasa del español al inglés con total naturalidad, el llanito.

Hasta ahí sabe de Gibraltar, porque en reliadad es probable que usted nunca haya cruzado la Verja de Gibraltar. Que no haya hecho cola en La Línea, en coche o a pie, ni haya tenido que mostrar el DNI a un agente español antes de volver a enseñarlo al otro lado, bajo la mirada de un policía británico. Que nunca se haya topado de bruces con esa imagen improbable: una avenida donde los coches y los peatones esperan a que aterrice un avión en la pista de un aeropuerto que sirvió de marco para la foto de boda de John Lennon y Yoko Ono. Y que, como turista, no haya recorrido sus túneles, refugio estratégico para los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, ni haya comprobado en primera persona la hostilidad de los macacos que, cuenta la leyenda, si desaparecen el Peñón dejará de ser británico, como lo es desde la firma del Tratado de Utrecht en 1713.

Puede que tampoco ha pisado nunca el Peñón, esa roca levantada en la punta misma del Estrecho, frente a África, para trabajar, como los 15.500 trabajadores transfronterizos (10.915 de ellos españoles) o que tampoco sea uno de los muchos miles que han cruzado al otro lado para operar en una de las centenares de empresas y oficinas de servicios financieros del Peñón, un territorio que España ya no considera paraíso fiscal.

Pero el final de esta frontera terrestre -que se materializa este miércoles a las 00:01- también le afecta a usted.

Porque la caída de la Verja no habla solo de una ciudad andaluza que trata de reinventarse frente a la amenaza del paro y el narco y de un territorio británico donde se habla un inglés perfecto mezclado con un gaditano cantarín ceceante y guasón -el llanito-: habla de Brexit, de la frontera sur de Schengen y del papel de España en una de las fronteras más singulares de Europa. "Hay muchas oportunidades para que esto sea un éxito, sería tonto el político que intentara traer menos fluidez y menos prosperidad compartida", dejó dicho Fabián Picardo, en una entrevista para Prensa Ibérica el pasado junio.

El encaje pendiente del Brexit

El fin de la Verja no es solo una decisión local ni una foto simbólica: es la solución práctica a una anomalía que el Brexit dejó abierta en el sur de Europa. El referéndum de 2016 para la salida de la UE, que en el caso de los llanitos fue rechazado de forma masiva, dejó Gibraltar encapsulado como una anomalía pendiente. El Reino Unido abandonó oficialmente la Unión Europea el 31 de enero de 2020. Desde entonces, Gibraltar ha estado en el limbo y junto con él los trabajadores fronterizos que cruzan a diario al otro lado.

El nuevo acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Reino Unido, y que se firma este martes en Bruselas, le da ahora encaje: el Peñón no entra formalmente en Schengen, pero funcionará en la práctica con una lógica de movilidad Schengen, sin controles ordinarios en la Verja y con una circulación ágil de personas y mercancías.

La frontera se mueve y España estará en la puerta de acceso

La entrada y salida de Gibraltar ya no estará sujeto a la diplomacia entre España y Gibraltar o a "razones tan absurdas como que había perdido el Liverpool contra el Madrid", explica Juan José Uceda, portavoz de la Asociación Socio Cultural de Trabajadores Españoles en Gibraltar y promotor también de Frontera Humanitaria, el grupo de voluntarios que ha atendido a los atrapados en la frontera. "Se han vivido situaciones dantescas en la frontera que han condicionado la vida de miles de familias, más de ocho horas en el coche para entrar o salir... sólo por que eso ya merece la pena este acuerdo", sostiene.

La Verja deja de funcionar como control ordinario entre La Línea y Gibraltar, pero los controles Schengen se trasladan al puerto y al aeropuerto del Peñón.

Pero la frontera sigue existiendo. La Verja deja de funcionar como control ordinario entre La Línea y Gibraltar, pero los controles Schengen se trasladan al puerto y al aeropuerto del Peñón. El aeropuerto es, en realidad, terreno del istmo que, a fuerza de ocuparlo, Gibraltar lo hizo suyo.

La soberanía nunca ha estado en las conversaciones para alcanzar este acuerdo y eso queda claro desde el primer artículo del Tratado. España no renuncia a que esa Roca sea algún día española y Reino Unido no se plantea perder esta plaza estratégica, el pueblo de Gibraltar nunca ha querido ser español. Pero a partir de la entrada en vigor del acuerdo España gana una función práctica muy relevante: aplicar controles Schengen en las entradas exteriores del Peñón. No lo hará sola.

El texto, de más de mil páginas y decenas de anexos, fija los detalles técnicos sobre la realización de los controles en el puerto y aeropuerto de Gibraltar (dos líneas de chequeos de pasaportes, una controlada por Gibraltar/Reino Unido, y la segunda por España/Unión Europea).

Los controles se aplicarán de forma sucesiva, de modo que quien entre en Gibraltar tendrá que superar las exigencias de las dos jurisdicciones. La Policía Nacional española asumirá los chequeos Schengen en el aeropuerto, punto al que también serán derivados los viajeros que lleguen por vía marítima para completar la revisión. Es uno de los aspectos más delicados para el Gobierno gibraltareño, que todavía recuerda con traumatismo el momento en que de la noche a la mañana Franco echó el cierre a la Verja en 1969 (después de una visita de la reina Isabel II) y partió en dos la vida diaria de miles de familias mixtas. Que un policía español esté en lo que consideran suelo gibraltareño ha costado lo suyo.

La Línea y el Campo de Gibraltar: una oportunidad o la puntilla que faltaba

Ante la caída de la Verja y el nuevo escenario, hay quien ve el vaso medio lleno, medio vacio y quien tiene el vaso de la paciencia a punto de rebosar. Juan Franco, alcalde de La Línea, está en el grupo de los que asegura no saber realmente cómo va a ser el día después de la caída de la Verja, pero es de los que ha remado a favor de obra por que este acuerdo se alcanzara. "Estábamos en la UVI, ya por lo menos hemos pasado a planta", compara.

La prosperidad compartida, esa expresión que ha estado en boca de la diplomacia a lo largo de estos años de negociaciación, es una entelequia mientras no se aterrice con medidas concretas. Por eso Franco avisa de que Pedro Sánchez tiene que venir a hacerse la foto con medidas concretas en materia de pensiones, fiscalidad y sobre todo desarrollo de la zona para paliar el problema del paro y la vivienda.

La Línea llega al día después de la Verja con dos lastres de fondo: un desempleo estructural que la mantiene entre las ciudades más castigadas de España y un narcotráfico que ha arraigado en parte del tejido social hasta alterar la economía, la convivencia y las expectativas de futuro de sus jóvenes. De ahí que Franco pida medidas concretas al Gobierno de España pero también planes de empleo concretos y programas educativos específicos para La Línea. Lo que ha ganado el Campo de Gibraltar con el acuerdo es foco: conviene que ahora no se apague.

Para el Gobierno gibraltareño, en lo que son los meses finales de Fabián Picardo como ministro principal, supone estabilidad y conexión con Europa sin renunciar a su identidad británica.

El acuerdo no es un win win pero podría serlo. El acuerdo no garantiza por sí solo una prosperidad compartida, pero abre una oportunidad inédita. La Verja cae; ahora falta comprobar si también cae la vieja costumbre de que La Línea ponga el suelo, los trabajadores y la paciencia mientras otros escriben el futuro al otro lado de la frontera.

Fuente: El Correo de Andalucía

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