Es posible que, mientras paseabas por Madrid, te hayas topado, sin saberlo, con alguna casa de aspecto algo extraño o desordenado. Quizá su fachada, con ventanas irregulares o incluso tapiadas, llamó tu atención. O, si has tenido la oportunidad de entrar en alguna de ellas, puede que te sorprendiera lo pequeñas que parecían por fuera en comparación con lo que sugería su tamaño desde el interior. Seguir leyendo....
Es posible que, mientras paseabas por Madrid, te hayas topado, sin saberlo, con alguna casa de aspecto algo extraño o desordenado. Quizá su fachada, con ventanas irregulares o incluso tapiadas, llamó tu atención. O, si has tenido la oportunidad de entrar en alguna de ellas, puede que te sorprendiera lo pequeñas que parecían por fuera en comparación con lo que sugería su tamaño desde el interior.
De hecho, una de las más conocidas que aún se conservan a día de hoy se encuentra en el barrio de la Morería, en La Latina, ocupando la esquina que forma la calle de Mancebos con la de Redondilla, y cuya construcción original se ha datado entre 1565 y 1590.

Edificio reformado de una antigua Casa a la Malicia, en la calle de la Redondilla, del barrio de La Latina en Madrid / Wikipedia
Pues déjame decirte que no, no era solo una impresión. Con buhardillas falsas, plantas ocultas bajo enormes tejados y pasillos y escaleras diseñados estratégicamente, estas casas fueron construidas con un objetivo muy concreto: engañar al sistema. Así lo explicaba la creadora de contenido @la.inercia, quien desvelaba el nombre de estas curiosas construcciones conocidas como "Casas a la Malicia".
En 1561, al trasladar la corte a Madrid, la afluencia de las familias al servicio del Rey Felipe II y el pequeño tamaño de la villa trajo consigo un grave problema: no había sitio para tanto funcionario real. Esta situación provocó la aprobación de una medida tan revolucionaria como polémica.
Se trataba de la "Regalía de Aposento", que obligaba "a todo vecino de la villa de Madrid a alojar a un funcionario del rey" cediendo parte del espacio de sus hogares para alojarlos si su casa podía "partirse". Así, los llamados aposentadores reales recorrían las calles junto a arquitectos para inspeccionar cada vivienda de la capital y determinar si la casa era de facil partición, es decir, si se podía dividir sin complicaciones para alojar a un extraño.

En esta imagen puede observarse el lado noble frente al lado pícaro de una "Casa a la Malicia" / Leaf Madrid
Por supuesto, la picardia española no se hizo esperar, y es que los vecinos de Madrid encontraron la manera perfecta para eludir esta regalía: diseñar interiores absolutamente laberínticos, con escaleras escondidas, techos que cambiaban de altura o pasillos que no llevaban a ningun sitio. Esta curiosa estrategia sería la que acabaría dando lugar a las conocidas como "Casas a la Malicia" o "Casas con trampa".
Así, los inspectores, incapaces de dividir los espacios, declaraban las viviendas de incómoda partición, permitiendo a sus ocupantes evadir la ley y no perder su casa... y es que ya se sabe, "hecha la ley, hecha la trampa".