Tras el GP de Barcelona-Catalunya salí del Circuit con una sensación un poco extraña, que se fue volviendo aún más rara a medida que fueron pasando las horas. Y no porque tuviera claro que no volveremos a ver una carrera de F1 allí hasta dentro de dos años (que también, pese a que ya he argumentado varias veces en estas mismas páginas que la nueva periodicidad bianual no me parece mal), si no porqué probablemente no volveremos a disfrutar de la conducción de Fernando Alonso con un monoplaza en este escenario.Leer la noticia completa