«El baile de las criadas» retrata la desigualdad entre ricos y pobres y la huella nazi en la Barcelona de 1941. Escuche en Más de Uno Murcia la entrevista completa a su autora
Marta Platel firma con El baile de las criadas un homenaje a la generación de mujeres que, en la Barcelona de la posguerra, dejaron sus pueblos para servir en las casas de la alta sociedad. Con esta novela, la autora catalana (con una larga trayectoria en el periodismo de revistas) se ha alzado con el Premio de Novela Fernando Lara 2026 elegido entre más de mil manuscritos. La escritora ha repasado en Más de uno Murcia, en Onda Cero Región de Murcia, las claves de una historia que combina intriga, romance prohibido y memoria histórica.
«Fue un honor y un regalo inmenso que el jurado de un premio tan importante se fijase en mi manuscrito», ha confesado la ganadora, que reconoce que el reconocimiento llega cuando todavía está «consolidando» su voz como novelista, tras el buen recibimiento de su debut, El último vuelo de la abeja reina . «No era una autora conocida. Que se premiase mi novela fue una gran alegría, una sorpresa», ha admitido, convencida de que «los lectores agradecen que los premios actúen como descubrimientos de nuevas voces».
La novela sigue a Melisa Arranz, huérfana de la Guerra Civil -su padre, republicano, fue fusilado; su madre murió enferma- que entra a servir en casa del matrimonio Llebrera, una pareja falangista y filonazi de la Rambla barcelonesa. Allí compartirá habitación con su amiga de la infancia, Lucía, e iniciará su aprendizaje en un servicio doméstico con sus propias reglas no escritas.
La idea, ha contado la autora, nació de un recuerdo de infancia: «De repente me acordé de aquellas mujeres a las que yo veía en mi barrio cuando era pequeña. Mujeres que servían a familias poderosas y que se habían olvidado de vivir su propia vida». Señoras que, recuerda, «sobrepasaban con creces la idea de jubilación y seguían fieles a las familias» a las que habían entregado toda su existencia. Aquella observación de infancia se transformó en años de documentación, «eran mujeres sin derechos, invisibles, pese a que sabían todo lo de las familias. Quise dar voz a estas mujeres que limpiaban las casas, que trabajaban de sol a sol, y que en muchos casos eran maltratadas», resume Platel.
Las cifras que maneja la autora son contundentes: ni semana de vacaciones retribuidas, ni subsidio de vejez, ni seguro médico; solo una tarde libre a la semana -los jueves, el día en el que las criadas de la novela bailan en el salón Cibeles, conocido entonces como «el baile de las criadas» que da título al libro- y un sueldo que, en el mejor de los casos, era irrisorio. Las más desafortunadas, según la escritora, trabajaban únicamente a cambio de techo y comida. Y, además, quedaban «expuestas a la voluntad del señor o del señorito, que las podía violar a su antojo», ha denunciado Marta, que recuerda que muchas víctimas callaban porque «la alternativa era que las echaran a la calle» sin referencias, lo que en muchos casos significaba volver al pueblo de origen (a veces embarazadas) o caer en la más absoluta miseria.
Lejos de presentar a las criadas como un bloque homogéneo, la novela retrata también las desigualdades dentro del propio servicio doméstico. En la casa de los Llebrera, Platel ha reducido la servidumbre a cuatro personajes: la cocinera Fermina, la planchadora Remei, el chófer Julio y la propia Lucía como doncella principal para reflejar lo que define como un «sistema de arriba y abajo». «La cocinera es quien manda; el chófer está por encima de todas ellas, las trata de tú y ellas le tratan de usted; y entre las criadas también hay una jerarquía entre la primera doncella y la que sigue sus órdenes». Esa red de amigas que las criadas tejían fuera de las casas donde servían, ha explicado la autora, «se convertía en su familia».
El otro gran eje de la novela es la presencia nazi en la Barcelona de posguerra, un episodio histórico tan real como poco frecuentado por la ficción. Banderas con la cruz gamada ondeaban junto al Consulado alemán y el Banco Alemán Transatlántico de Plaza Cataluña, y también en la Casa Alemana y la oficina de turismo del Reich, en pleno Paseo de Gracia. Edificios como el Palau de la Música o el teatro Coliseum acogieron actos de propaganda y celebraciones del régimen, como el homenaje por el cumpleaños de Adolf Hitler que recrea la novela.
«Tuve que documentarme mucho», reconoce Platel, que cita un libro titulado Nazis en Barcelona , con fotografías de jerarcas nazis recibidos con honores por las autoridades falangistas en el aeropuerto. Aquel fenómeno, subraya la autora, no fue exclusivo de la capital catalana «Ocurrió en Barcelona, pero también en Madrid, Bilbao o Zaragoza; en todas las ciudades donde había un consulado alemán».
La trama se activa cuando Melisa conoce, en uno de esos jueves de baile en el salón Cibeles, a un hombre que esconde su verdadera identidad. Ese encuentro (y el desengaño que provoca) resulta decisivo en la evolución de la protagonista. «Melisa llega a Barcelona sin más expectativas que huir de la miseria, siendo cauta y obediente. Pero cuando la vida le da un palo, decide tomar las riendas de su destino», ha explicado la autora, en una época en la que, recuerda, «las mujeres no tenían esa probabilidad».
Platel no esconde el paralelismo con el presente, «no creo que las cosas hayan cambiado tanto ahora, porque nadie deja su tierra por gusto», ha reflexionado, trazando un puente entre Melisa, que oculta su origen republicano para servir en casa de unos falangistas y las mujeres migrantes que hoy, en sus palabras, «se encuentran en situaciones muy parecidas, con sueldos irrisorios y siendo miradas por encima del hombro».
La novela, además, no se queda solo en el pasado, late en sus páginas un misterio contemporáneo que únicamente se resuelve en la última página, un recurso con el que la autora combina, en sus propias palabras, «suspense, intrigas y secretos de alcoba» con la memoria de una generación silenciada.
Con ecos de Downton Abbey y de La cocinera de Castamar , El baile de las criadas (Editorial Planeta) conjuga intriga, romance y un retrato social que aspira a devolver la voz a quienes nunca la tuvieron.
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