La noche puede ser una aliada en la extinción de los incendios forestales o una feroz enemiga, todo depende de las circunstancias, y en el caso del que se declaró el domingo a mediodía en Soneja, la primera (del domingo al lunes) fue de las que contribuyen a mejorar las posibilidades en la batalla contra el fuego, como cuenta uno de los profesionales que participó en el operativo.
La noche puede ser una aliada en la extinción de los incendios forestales o una feroz enemiga, todo depende de las circunstancias, y en el caso del que se declaró el domingo a mediodía en Soneja, la primera (del domingo al lunes) fue de las que contribuyen a mejorar las posibilidades en la batalla contra el fuego, como cuenta uno de los profesionales que participó en el operativo.
Los bomberos forestales de Sant Mateu completaban su turno de guardia del domingo cuando recibieron una llamada: hacían falta en Soneja. Seis compañeros llegaron a la zona afectada a las 23.00 horas, donde permanecieron, a pie de fuego, hasta las diez de la mañana del día siguiente.
Entre ellos estaba Miquel Ferriz, con diecisiete años de experiencia en la extinción de incendios forestales, y conocido en Instagram por su perfil El Gos Mantero, donde comparte información relacionada con su trabajo, entre otros temas que le preocupan o le interesan.
Ya estuvo en los incendios de Bejís y Villanueva de Viver, y como sus compañeros, conoce perfectamente los riesgos que comporta un fuego en pleno verano con condiciones tan adversas como las que se reprodujeron el domingo.
Explica que enfrentarse a un incendio por la noche tiene una desventaja principal, que es la retirada de los medios aéreos, «que son un gran apoyo», pero también pueden encontrarse aspectos positivos, como que la temperatura desciende y aumenta la humedad, «aunque no siempre sea así». En el caso del incendio de Soneja, se produjo ese alivio en la presión de las condiciones ambientales y a esas circunstancias se sumó un cambio tanto en la intensidad del viento como en su dirección, lo que contribuyó a facilitar la perimetración del fuego, que era su objetivo.

La unidad de bomberos forestales de Sant Mateu durante su participación en la extinción del incendio de Soneja. / MEDITERRÁNEO
Al pensar en los trabajos de extinción nocturnos, a cualquier profano en la materia le pueden surgir preguntas como las dificultades para ver y moverse sobre el terreno en medio de la oscuridad.
Miquel Ferriz señala que, en realidad, ante las llamas «hay poca visibilidad sea de día o de noche», aunque no niega la obviedad de que, dependiendo de las zonas, manejarse de noche puede ser más difícil, especialmente «si estás dentro del bosque». Esa fue otra de las ventajas con las que contaron él y sus compañeros en este caso, estaban cerca del casco urbano de Azuébar, en una zona con sendas y caminos «y era más fácil saber dónde estábamos».
Defiende que los bomberos forestales están preparados para afrontar los grandes incendios forestales, que están normalizándose desde la entrada del actual milenio «como consecuencia del cambio climático», aunque también advierte que hace falta más inversión, «vamos por detrás de la evolución de los incendios en materia de recursos». Como muestra, un botón. El camión de la unidad de Sant Mateu «está en el taller desde hace un mes, en plena temporada de incendios», por lo que tuvieron que acudir a Soneja con dos todoterrenos y herramientas de mano, es decir, sin el recurso del agua.
En destino, se unieron al operativo formado, entre otros, por dos bomberos voluntarios de Lucena y una Brigada de Refuerzo de Incendios Forestales (BRIF) del Ministerio, con dos camiones, «en una parte del perímetro amplia», y allí permanecieron con un objetivo claro: evitar que el fuego se expandiera desde la cola «para ir cerrándolo». Durante las doce horas en las que estuvieron en la zona del incendio «no paramos», pero lograron su propósito. Cinco horas después, se dio el fuego por estabilizado.

Imagen de archivo de una participación de la unidad de bomberos forestales de Sant Mateu en la extinción de un incendio. / MEDITERRÁNEO
Ferriz tiene muy claro que los incendios están cambiando y las condiciones en las que se encuentra el monte «no solo en Castellón, sino en todo el País Valencià y en la península Ibérica» son uno de los detonantes para que así sea.
Señala que con el significativo abandono del mundo agrícola rural a partir de los años 60 del siglo pasado, las montañas se han transformado y tienen «más masa boscosas con una gran continuidad y sin gestión, que sumado a la repercusión del cambio climático, con un aumento generalizado de las temperaturas y una disminución de la humedad» han formado una tormenta perfecta.
Asegura que «llevamos tres semanas del verano con una gran intensidad de incendios y lo estábamos viendo venir». Si las circunstancias no cambian, el de Soneja «por el momento no es grande», se considera así a partir de una afección de más de 500 hectáreas, pero tenía todas las condiciones para que así fuera.
«Ha cambiado la concepción de los incendios forestales, que ya no son solo un problema medioambiental, sino también una cuestión de protección civil»
Miquel Ferriz
— Bombero forestal de Sant Mateu
Incide en que hasta finales de los noventa, las unidades de bomberos forestales no existían, pero el hecho de que los incendios estén cambiando ha hecho que se cambia la concepción que se tiene sobre ellos, «ya no son solo un problema medioambiental, sino una cuestión de protección civil». Precisamente, según indica, esa gran continuidad boscosa de la que hablaba hace que los pueblos del interior estén más amenazados y su protección siempre será una priodidad.
Uno de los aspectos que ha contribuido a mejorar cómo los servicios de extinción afrontan su labor es el uso de la tecnología, que permite, por ejemplo, precisar con gran exactitud cuál será el comportamiento de los vientos o cómo evolucionarán las temperaturas, lo que ayuda a planificar con mayor efectividad el trabajo de campo. «Cuando nosotros llegamos a Soneja, la estrategia de intervención ya estaba hecha», adaptada a esas previsiones y al comportamiento del fuego en ese momento.
Miquel Ferriz defiende que «el servicio de bomberos forestales ha progresado» en los últimos años, un mérito que en buena medida atribuye «a la lucha de los sindicatos y los trabajadores para mejorarlo». Insiste en que «hace falta una inversión seria» para atender cuestiones tan básicas como la renovación de los camiones y el resto de recursos materiales, pero también reivindica que «la extinción es una pata fundamental, pero estamos ante un problema socioeconómico de prevención».
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