Cuestan 500 dólares y acompañaron al atleta keniano en una gesta histórica en el maratón de Londres
27/04/2026 Actualizado a las 14:42h.
En lo que te lees este texto, Sabastian Sawe ya había corrido en el maratón de Londres dos o hasta tres kilómetros. Todo depende en lo que tardes de llegar al punto final. Él tardó 2 minutos y 50 segundos en recorrer 1.000 metros. Esa fue la medida exacta con la que Sawe convirtió una frontera legendaria en una cifra tangible. El atleta keniano paró el crono en 1:59:30. Una cifra casi de ciencia ficción. Menos de dos horas para cubrir los 42,195 kilómetros de la distancia más simbólica del atletismo.
Lo que ha hecho Sawe pertenece a esa clase de gestas que obligan a recalibrar lo posible. Corrió a un ritmo de 16,99 segundos cada 100 metros, una velocidad que la mayoría apenas sostendría durante una recta. Pero no fue una recta. Fueron más de 42 kilómetros de resistencia, cálculo, sufrimiento y precisión. Londres asistió así al instante en que la maratón dejó atrás una barrera psicológica que parecía escrita en piedra.
Sawe celebró su récord del mundo y una proeza sobrehumana posando con las zapatillas que llevaba en sus pies. También protagonistas de esta hazaña. Blancas, afiladas, casi irreales. Las adidas Adizero Adios Pro Evo 3. Como pasa en otros deportes, estas zapatillas no corrieron por él, pero le ayudaron a alcanzar su récord. Pasa en otros deportes, donde la tecnología es parte fundamental del proceso. Los bañadores en natación, los coches en la Fórmula Uno, las pértigas en atletismo, las bicicletas en el ciclismo, con las motos en MotoGP...
En los pies de Sawe viajaban unas zapatillas que apenas pesan 97,27 gramos, que cuentan con placa de carbono y espuma de alta respuesta, concebido para devolver energía donde antes solo había desgaste. Un calzado que -más allá de lo que muchos han puesto en entredicho- está dentro de la legalidad del World Athletics, –el órgano de gobierno del atletismo a nivel mundial–, y que ha pasado y superado más de 20 controles antidopaje.
Las zapatillas están dentro de la legalidad del World Athletics y han pasado y superado más de 20 controles antidopaje.
Es evidente que no corrieron por él en Londres porque el motor lo puso Sawe. Ninguna zapatilla -como pasa con los bañadores o las bicicletas- se levanta al amanecer para entrenar, ni administra el dolor cuando aparecen los calambres invisibles del kilómetro 35, ni decide atacar cuando las piernas ya negocian con la fatiga, ni lleva una dieta extricta, ni gestiona los tramos de descanso con los de entrenamiento. El récord del maratón es de Sawe. La gloria de bajar de las 2 horas en un maratón es de Sawe.
Desde que se lanzaron en septiembre de 2023, las Adizero Adios Pro Evo de Adidas han conseguido cuatro récords del mundo, ganar varias de las 30 carreras más importantes, incluida siete victorias en los Majors de maratón, ocho récords nacionales y hasta un récord olímpico. El modelo que llevaba Sawe, las Adizero Adios Pro Evo 3 -cuestan 500 dólares en la página oficial-, han salido después de tres años de trabajo en los laboratorios de la marca alemana. No buscaba una simple actualización, sino una depuración radical: menos peso, más eficiencia, mejor retorno de energía.
El resultado es una zapatilla que reduce cerca de un tercio la masa de su versión anterior y mejora el aprovechamiento de la pisada en la zona delantera, ese territorio donde se decide buena parte de la velocidad. La primera impresión no llega al correr, sino al sostenerlas. Hay objetos que contradicen lo que se espera de ellos, y estas zapatillas pertenecen a esa categoría. En la mano parecen casi una maqueta, una pieza inacabada, algo provisional. Sin embargo, ahí están: apenas 97 gramos en talla 42. Más ligeras que un teléfono móvil.
La obsesión por la ligereza empieza en el corte superior. El upper -estructura superior- es de un material fino hasta el límite, flexible, casi translúcido. Adidas asegura que su inspiración procede de las velas del kitesurf, donde cada gramo cuenta y cada tensión debe estar calculada. La idea es sencilla de formular y compleja de ejecutar: sujetar el pie sin cargarlo, envolverlo sin aprisionarlo. Todo en la zapatilla responde a esa idea, con acolchados mínimos alrededor del tobillo, un contrafuerte de talón reducido a lo esencial y ojales sin artificio. Incluso la lengüeta, unida a los laterales, parece concebida para evitar cualquier movimiento innecesario.
El upper -estructura superior- de la zapatilla es de un material fino hasta el límite, flexible, casi translúcido y que se ha inspirado en las velas del kitesurf
La horma sigue el patrón habitual de las grandes zapatillas voladoras contemporáneas: ajuste ceñido, espacio justo, sensación de precisión más que de comodidad expansiva. El pie entra como quien encaja una pieza en un mecanismo diseñado al milímetro. También la transpirabilidad forma parte del conjunto: el tejido deja pasar el aire con una naturalidad que contrasta con su aspecto delicado.
En realidad, el mayor logro de estas zapatillas quizá no sea tecnológico, sino filosófico. Han llevado al extremo una idea que domina el atletismo moderno: eliminar todo lo accesorio para conservar solo aquello que ayuda a correr más rápido. Desde los cordones hasta las costuras, cada detalle parece revisado con una minuciosidad casi obsesiva. Si el maratón de esta década se corre también en los talleres de materiales avanzados, las Pro Evo 3 representan una de sus expresiones más puras: menos objeto, más rendimiento.
La hazaña de Sabastian Sawe con sus Adidas no ha pasado desapercibida en los mercados bursátiles. La Bolsa de Fráncfort es el ejemplo del éxito, donde la empresa alemana comenzó la semana con subidas próximas al 2% en una sesión que presentaba un signo prácticamente plano en el Dax alemán, el índice de referencia de la Bolsa alemana.
Esta revalorización del 2% de la firma deportiva alemana se traduce en una ganancia próxima a los 500 millones de euros solo en la sesión de este lunes. Esta cuantía equivaldría al precio de más de un millón de zapatillas de las que usó el atleta keniano para conseguir bajar de las dos horas en Londres. Una enorme inyección económica que se suma a la de reputación e imagen de marca lograda gracias al éxito de Sabastian Sawe en el maratón londinense.