Lejos de los registros del interior peninsular, en el litoral alicantino los termómetros se han contenido en torno a los 32 o 33 grados.Más información: Pedro Gómez, meteorólogo: "Las noches tropicales se han cuadruplicado en Alicante desde finales de los años 70"
Mientras buena parte de España encadena días por encima de los 40 grados, la provincia de Alicante vive el episodio de calor desde una realidad distinta. No menos incómoda, pero sí menos extrema en cifras.
La clave, según explica Pedro Gómez, de MeteOrihuela y colaborador de la AEMET, está en el mar: “En la costa nos salva el viento marítimo, frena la subida de temperaturas, pero a cambio tenemos más humedad y noches más duras”.
Durante la última semana, la provincia no ha alcanzado oficialmente los umbrales de ola de calor. Lejos de los registros del interior peninsular, donde ciudades como Sevilla, Córdoba o Toledo han superado los 40 grados de forma persistente, en el litoral alicantino los termómetros se han contenido en torno a los 32 o 33 grados. Sin embargo, la sensación térmica cuenta otra historia.
“El problema aquí no es tanto el calor extremo, sino el bochorno”, señala Gómez. La humedad elevada —con valores que no bajan del 60 o 70%— convierte cualquier actividad al aire libre en un esfuerzo añadido. “A la mínima sudas. Es un calor muy pesado”, resume.
Ese equilibrio térmico tiene un origen en el Mediterráneo. El viento de levante actúa como un regulador natural que evita que las temperaturas se disparen durante las horas centrales del día. Pero ese mismo aire arrastra la humedad del mar, elevando la sensación de calor.
Además, este verano el mar presenta temperaturas anómalamente altas. “La Costa Blanca está entre 3 y 4 grados por encima de la media”, explica el experto.
Esto tiene un efecto directo: la brisa nocturna llega más cálida y pierde eficacia, impidiendo que el ambiente se refresque. Resultado: noches tropicales que no bajan de los 23 o 24 grados, especialmente en zonas urbanas.
A este fenómeno se suma la llamada “isla de calor”. En ciudades como Alicante o Benidorm, el aumento del tráfico, el uso masivo de aire acondicionado y la alta densidad turística elevan aún más las temperaturas nocturnas.
El contraste con el interior de la provincia es notable. En localidades como Villena u Orihuela, donde la influencia del mar es menor, las temperaturas máximas sí se disparan. De cara a los próximos días, se esperan valores de hasta 38 o 39 grados.
Sin embargo, estas zonas tienen la ventaja del descenso térmico nocturno. “Allí sí refresca por la noche, cosa que en la costa cada vez ocurre menos”, apunta Gómez. La explicación vuelve a estar en el mar, pues cuanto más cálido está, menos capacidad tiene la brisa para enfriar el ambiente.
Tras este primer episodio, todo apunta a que el calor volverá a intensificarse en los próximos días. “A partir del sábado llega otro episodio cálido”, avanza Gómez. Aunque, de nuevo, la provincia de Alicante quedará al margen de los umbrales más extremos.
La situación será distinta en el centro y sur peninsular, donde sí se esperan jornadas consecutivas por encima de los 40 grados y noches tórridas, sin bajar de los 25.
Más allá del corto plazo, el diagnóstico no pinta muy bien. “La tendencia es muy mala”, advierte el colaborador de la AEMET. El calentamiento global está intensificando la frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor. “Vamos hacia veranos cada vez más parecidos al norte de África”, afirma.
En este contexto, el viento marítimo sigue siendo el gran aliado del litoral alicantino. Pero con matices. “Si cambia a poniente, podríamos alcanzar fácilmente los 40 o incluso 42 grados”, alerta.
A todo ello se suma otro factor de riesgo, el de la radiación ultravioleta. Actualmente, el índice UV se sitúa en niveles de 10 sobre un máximo de 11, lo que implica un riesgo muy alto. La recomendación, en este contexto, es evitar la exposición solar en las horas centrales del día, utilizar protección solar y buscar sombra.
En definitiva, Alicante esquiva por ahora los peores registros, pero no el impacto del calor. Menos extremos en cifras, más persistentes en sensación. Y, sobre todo, cada vez más habituales.