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100 cuadros para entender cómo los pintores de La Movida recurrieron a los mitos clásicos para narrar la modernidad

Дата публикации: 05-07-2026 04:00:53

Una muestra que, pese a llevar el nombre de la conocida artista Ouka Leele, es una exposición colectiva con un centenar de obras de los artistas más representativcos de la Nueva Figuración Marileña y otros pintores de los años ochenta que se movieron en las coordenadas culturales de lo que se ha conocido como La MovidaCómo una exposición sobre la revolución cuántica nos da ganas de entrar a clase de Física y preguntarnos acerca de la realidad
El pasado 2 de junio se inauguró en la sala Alcalá 31 Mitologías modernas: Ouka Leele & Co, una interesante exposición colectiva cuyo mayor problema radica en subrayar en el título de forma tan protagonista a una sola de las representadas en la gran sala de la Consejería de Cultura. Vista la exposición, uno diría que no va de Bárbara Allende Gil de Biedma sino de mucha gente.

La exposición es una magnífica muestra colectiva sobre la generación pictórica de La Nueva Ola –o La Movida–, en la que fue muy importante la llamada Nueva Figuración Madrileña, que venía desarrollándose en la capital desde principios de la década de los setenta.

Enseña retazos de biografías artísticas muy distintas entre sí, pero con algunos puntos en común que demuestran que todos los pintores presentes pertenecen a una misma generación y estuvieron atravesados por una misma época. La principal dentro de la selección es, claro, el tema clásico, que hilvana la muestra.























Vista de las dos plantas de la exposición en la sala Alcalá 31



Resulta curioso comprobar cómo el clasicismo se hace presente en el discurso abiertamente anti academicista de los artistas de principios de los años ochenta. Los temas y las formas clásicas se hibridan sin complejo con el peso autobiográfico de unos pintore muy militantes en la eclosión cultural postfranquista, las omnipresentes influencias del cómic underground y otros elementos de la cultura de masas.

Ouka Leele & Co tiene una original y acertada organización de los fondos, al menos en su primera y más importante parte. Se ha dispuesto en la primera planta del edificio de la calle de Alcalá una plaza ovalada de color rosa con puertas que dan acceso a las obras de los artistas más destacados en la selección. Justo antes del umbral, una tele vieja, de las de culo gordo, enseña grabaciones de entrevistas de Paloma Chamorro en La Edad de Oro a los artistas de jóvenes y otras imágenes de su obra. Es imposible no preguntarse al ver las magníficas entrevistas de Chamorro por qué casi todos los participantes en el programa tenían esa pose de alucinados.























Santa Lucía, 1985



La nómina de artistas está formada por El Hortelano, Ceesepe, Carlos Franco, Sigfrido Martin Begué y Ouka Leele. No faltan algunos cameos en las obras de los distintos artistas que dejan constancia de que aquel momento era cosa de pandillas (el dibujo de línea clara que Ceesepe hace de Ouka Lelee y El Hortelano, la foto coloreada de Ceesepe tirada por la fotógrafa…). Salvo Carlos Franco, por cierto, están todos muertos.

La obra de Ouka Leele ocupa el espacio más central de la sala. Da la bienvenida al visitante a su espacio Rapelle toi, Bárbara!, la conocida obra de gran tamaño con La Cibeles como leiv motiv que la fotógrafa-pintora realizara en 1987. El cuadro teatraliza la historia de Hipómenes y Atalanta, por lo que resulta un buen punto de partida para el hilo clásico de la musealización.























Decoración de la Casa panadería (proyecto parcial), 1989



La planta de arriba –los pasillos laterales alrededor del patio interior del edificio– sirven para darnos a conocer a otros compañeros de generación, ¡Por fin aparece Guillermo Pérez Villalta! Ahora ya sin una narrativa muy marcada, se suceden obras dispares de artistas como Carlo Alcolea, Carlos Forn, Julio Juste o Miluca Sanz, entre otros.

Ouka Leele & Co es una exposición con un centenar de obras, muchas de gran formato, que se muestra eficaz para contar una época que, detrás de sus colores rotundos, esconde muchos matices, algunos clásicos, muchos que explican aquellos años.

Matices que no son otra cosa que la personalidad de cada uno de los autores y que pasa por la pincelada expresiva con guiños al cómic de El Hortelano a las compasiones clásicas y los motivos oníricos de Martín Begué, entre muchas otras muchas improntas que merecen ser divulgadas para que cada uno juzgue sin la tan manoseada Movida se agotaba en querer ser un bote ce Colón o había más.


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El pasado 2 de junio se inauguró en la sala Alcalá 31 Mitologías modernas: Ouka Leele & Co, una interesante exposición colectiva cuyo mayor problema radica en subrayar en el título de forma tan protagonista a una sola de las representadas en la gran sala de la Consejería de Cultura. Vista la exposición, uno diría que no va de Bárbara Allende Gil de Biedma sino de mucha gente.

La exposición es una magnífica muestra colectiva sobre la generación pictórica de La Nueva Ola –o La Movida–, en la que fue muy importante la llamada Nueva Figuración Madrileña, que venía desarrollándose en la capital desde principios de la década de los setenta.

Enseña retazos de biografías artísticas muy distintas entre sí, pero con algunos puntos en común que demuestran que todos los pintores presentes pertenecen a una misma generación y estuvieron atravesados por una misma época. La principal dentro de la selección es, claro, el tema clásico, que hilvana la muestra.

Vista de las dos plantas de la exposición en la sala Alcalá 31

Resulta curioso comprobar cómo el clasicismo se hace presente en el discurso abiertamente anti academicista de los artistas de principios de los años ochenta. Los temas y las formas clásicas se hibridan sin complejo con el peso autobiográfico de unos pintore muy militantes en la eclosión cultural postfranquista, las omnipresentes influencias del cómic underground y otros elementos de la cultura de masas.

Ouka Leele & Co tiene una original y acertada organización de los fondos, al menos en su primera y más importante parte. Se ha dispuesto en la primera planta del edificio de la calle de Alcalá una plaza ovalada de color rosa con puertas que dan acceso a las obras de los artistas más destacados en la selección. Justo antes del umbral, una tele vieja, de las de culo gordo, enseña grabaciones de entrevistas de Paloma Chamorro en La Edad de Oro a los artistas de jóvenes y otras imágenes de su obra. Es imposible no preguntarse al ver las magníficas entrevistas de Chamorro por qué casi todos los participantes en el programa tenían esa pose de alucinados.

Santa Lucía, 1985

La nómina de artistas está formada por El Hortelano, Ceesepe, Carlos Franco, Sigfrido Martin Begué y Ouka Leele. No faltan algunos cameos en las obras de los distintos artistas que dejan constancia de que aquel momento era cosa de pandillas (el dibujo de línea clara que Ceesepe hace de Ouka Lelee y El Hortelano, la foto coloreada de Ceesepe tirada por la fotógrafa…). Salvo Carlos Franco, por cierto, están todos muertos.

La obra de Ouka Leele ocupa el espacio más central de la sala. Da la bienvenida al visitante a su espacio Rapelle toi, Bárbara!, la conocida obra de gran tamaño con La Cibeles como leiv motiv que la fotógrafa-pintora realizara en 1987. El cuadro teatraliza la historia de Hipómenes y Atalanta, por lo que resulta un buen punto de partida para el hilo clásico de la musealización.

Decoración de la Casa panadería (proyecto parcial), 1989

La planta de arriba –los pasillos laterales alrededor del patio interior del edificio– sirven para darnos a conocer a otros compañeros de generación, ¡Por fin aparece Guillermo Pérez Villalta! Ahora ya sin una narrativa muy marcada, se suceden obras dispares de artistas como Carlo Alcolea, Carlos Forn, Julio Juste o Miluca Sanz, entre otros.

Ouka Leele & Co es una exposición con un centenar de obras, muchas de gran formato, que se muestra eficaz para contar una época que, detrás de sus colores rotundos, esconde muchos matices, algunos clásicos, muchos que explican aquellos años.

Matices que no son otra cosa que la personalidad de cada uno de los autores y que pasa por la pincelada expresiva con guiños al cómic de El Hortelano a las compasiones clásicas y los motivos oníricos de Martín Begué, entre muchas otras muchas improntas que merecen ser divulgadas para que cada uno juzgue sin la tan manoseada Movida se agotaba en querer ser un bote ce Colón o había más.

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