Responde dispuesto cada pregunta y no duda en interrumpir para añadir a destiempo algún matiz oportuno. Es cuidadoso en sus palabras, aunque al otro lado del teléfono le envuelve un sonido bastante alejado del propio de las grandes estrellas. Y lo es. Ciertamente y pese a que él no lo crea, Álvaro Fuentes, bajista y uno de los fundadores de La Oreja de Van Gogh, nunca ha dejado de serlo. Dice que llegará a la ciudad un día antes de lo previsto, “porque tengo familiar allí por parte de padre”, concreta. Su hermana se casó con un cordobés y confiesa que le gusta mucho la Córdoba romana, que es una gran desconocida, pero para obra de valor, su gastronomía. “¡Es un disparate! Todo lo que pongan, me lo como”. Fuentes es un tipo divertido y cercano, al que le gustaría estar con sus hijos en lugar de “dando vueltas por la carretera”. Pero lo empuja una fuerza mayor: su pasión por la música y cierto grupo donostiarra que lleva treinta años alojado en nuestras casas, y con tantas cosas que contar.