Entrevista con la jefa de Proyectos en el Instituto Geológico y Minero de España
01/07/2026 Actualizado 02/07/2026 - 08:46h.
Santander se convertirá desde hoy en el epicentro global del debate medioambiental con la celebración del CIACC 2026. La quinta edición del Congreso Internacional Acción Climática recala de nuevo en la región para dar voz a aquellos profesionales que están diseñando soluciones para afrontar la emergencia climática.
El Diario Montañés, a través de su proyecto Sostenibles, publicará en este espacio una serie de entrevistas con algunos de sus ponentes para amplificar el mensaje que dejarán durante este gran evento.
Virginia Rodríguez
Jefa de proyectos técnicos en el IGME-CSIC, es experta en gestión de residuos mineros. Cuenta con más de 20 años de experiencia en la gestión de instalaciones de residuos mineros, evaluación de riesgos, caracterización ambiental de los residuos, rehabilitación de zonas mineras abandonadas y economía circular aplicada a los residuos mineros abandonados, como fuente potencial de materias primas secundarias, incluidas las materias primas críticas y estratégicas.
—Lleva más de 20 años dedicada a la gestión de residuos mineros. Para el gran público, un vertedero o una mina abandonada se percibe únicamente como un problema ambiental del pasado. ¿En qué momento los científicos y la industria empezaron a mirar estos lugares como una posible fuente de riqueza?
—La industria minera actual siempre ha perseguido valorizar sus residuos, como forma de gestión. Es bastante común que se utilicen residuos mineros no peligrosos para fabricar áridos, adecuar caminos, etc. La mirada hacia los residuos mineros abandonados como fuente potencial de materias primas secundarias, críticas y estratégicas, comienza, para el IGME-CSIC, en el momento en que la Comisión presenta en 2015 su plan de acción para una economía circular en Europa. Y, más intensamente, desde el lanzamiento, en 2020, del plan de acción sobre economía circular, uno de los principales elementos del Pacto Verde Europeo. Gracias a los diversos inventarios de instalaciones de residuos abandonados que el IGME-CSIC ha desarrollado, hemos podido tener una idea preliminar del potencial de dichos residuos para contener materias primas secundarias valiosas actualmente.
—Desde 2018, su trabajo se ha centrado en buscar materias primas secundarias y críticas en estos residuos. Cuando hablamos de este tipo de materiales, ¿a qué minerales o elementos nos referimos exactamente y por qué son tan importantes para la actual transición energética y tecnológica?
—Los residuos mineros son materiales considerados de baja ley debido a que son el resultado de la extracción y procesado de los minerales. Sin embargo, algunas de las materias primas que hoy son consideradas críticas o estratégicas, no eran el objeto de la actividad minera en el momento en que dichos residuos fueron depositados. Hablamos de elementos como el litio, las tierras raras, antimonio, cobre, elementos del grupo del platino, wolframio, incluso arsénico, incluido en la última lista de la Comisión. Son fundamentales para el desarrollo de tecnologías estratégicas implicadas en los sectores de las energías renovables, movilidad eléctrica, industrias intensivas en el uso de energía, el sector digital y el sector aeroespacial y de defensa.
—¿Hasta qué punto es viable, tanto técnica como económicamente, recuperar estos materiales estratégicos a partir de las escombreras de minas que llevan décadas cerradas?
—Esta pregunta es muy difícil de contestar. Pese a que tenemos en España bastante conocimiento sobre nuestras instalaciones cerradas y abandonadas de residuos mineros, los estudios que se han hecho hasta hace poco estaban enfocados en la caracterización del riesgo ambiental y en la rehabilitación. Los muestreos y caracterizaciones que se han realizado cuentan con limitaciones de cara a evaluar el potencial de reaprovechamiento. Los residuos mineros son matrices complejas y los procesos de extracción y procesamiento no están actualmente optimizados para estos residuos. Ha habido ya experiencias en España que han puesto en valor las materias primas estratégicas contenidas en residuos mineros, como la desarrollada en las antiguas escombreras de la mina de Penouta. Gracias a ese proyecto, España fue, en 2021, el único productor de la UE de tántalo. En algunos proyectos mineros en activo se está extrayendo mineral de los residuos mineros, como el caso del cobre. Y otras empresas mineras están invirtiendo en investigación para el desarrollo de procesos de lixiviación específicos para la extracción del mineral de instalaciones de residuos mineros. A esto se suman, evidentemente, todos los proyectos de investigación, financiados por fondos regionales, nacionales o europeos, en materia de caracterización and procesamiento. Estamos prácticamente en los inicios de este conocimiento a una escala nacional. El Programa Nacional de Exploración Minera y otras iniciativas como el proyecto de Plataforma Temática Interdisciplinar (PIT) del CSIC sobre materias primas críticas pretenden dar respuesta a esta pregunta.
—Europa es actualmente muy dependiente de terceros países para obtener las materias primas críticas que hacen funcionar nuestra tecnología. Dada la inmensa historia minera de España, ¿tenemos en nuestro territorio el potencial para ayudar a reducir esta dependencia internacional?
—Desde luego. Pero no solo por nuestro pasado minero, sino también por el potencial de los yacimientos minerales del territorio nacional para contener dichas materias primas fundamentales. Por ejemplo, España concentra prácticamente toda la producción de estroncio de la Unión Europea, principalmente a partir del mineral celestina. En 2022 fue el principal productor mundial. Con respecto a la fluorita, España es uno de los mayores productores de fluorita de Europa y el séptimo productor a nivel mundial. También estamos bien posicionados con respecto a la producción de cobre gracias a explotaciones como las de la Faja Pirítica Ibérica. Además, poseemos importantes recursos y minas de wolframio, especialmente en Galicia y Castilla y León.
—Coordina proyectos europeos de cooperación con América Latina y el Caribe para mapear el potencial de estos residuos. En un reto tan global como la escasez de materiales, ¿qué se está aprendiendo de esta colaboración?
—Las dimensiones actuales, tanto de la minería como de las instalaciones de residuos mineros en algunos lugares de América Latina y el Caribe, superan las que podemos encontrar en España y en Europa, en general. El IGME-CSIC forma parte, además, del grupo de expertos en pasivos ambientales mineros de la Asociación de Servicios Geológicos de Geología y Minería Iberoamericanos. Juntos estamos desarrollando protocolos para la exploración, caracterización y procesamiento de esos residuos mineros abandonados, generando un conocimiento que pretende ser escalable.
—Trabaja activamente con el Ministerio (MITERD) en el Programa Nacional de Exploración de España 2026-2030. Sin entrar en tecnicismos legales, ¿cuál es el gran objetivo que persigue nuestro país con este plan de cara a los próximos años?
—El gran objetivo es mejorar el conocimiento sobre los recursos minerales, tanto primarios como secundarios, de nuestro país, que se llevará a cabo mediante cuatro ejes: procesamiento e integración de la información existente sobre las materias primas fundamentales, tanto para depósitos minerales como para residuos de extracción; planteamiento y ejecución de trabajos de exploración e investigación, según la materia prima mineral fundamental y el tipo de yacimiento, para definir áreas de interés; mejora de los modelos metalogenéticos de las mineralizaciones, que servirán de guía para descubrir, estudiar y evaluar nuevos yacimientos; identificación y caracterización de las instalaciones de residuos de extracción que contengan materias primas fundamentales con potencial económico.
—Históricamente, la apertura de nuevas minas suele generar rechazo social o preocupación en las comunidades locales por su impacto ecológico. Sin embargo, su trabajo aplica la "economía circular" a la minería. ¿Genera menos resistencia social el hecho de volver a aprovechar y limpiar zonas que ya estaban degradadas?
—Sin duda. El reprocesamiento de los residuos mineros abandonados en busca de materias primas críticas y estratégicas, aún pudiendo estar presentes en bajas concentraciones, implica un triple beneficio: eliminación de instalaciones abandonadas de residuos mineros de sus localizaciones actuales y, por tanto, de los posibles impactos ambientales que pueden generar, la obtención de materias primas secundarias valiosas y la posibilidad de gestionar los residuos remanentes de los procesos de reprocesamiento conforme a los estándares ambientales actuales.
—En el CIAC 2026 impartirá una ponencia magistral en el bloque sobre Disponibilidad y circularidad de los materiales estratégicos. Teniendo frente a usted a líderes empresariales e industriales que dependen de estos materiales para fabricar sus productos, ¿cuál es el mensaje principal que le gustaría transmitirles?
—España es un país con una geología compleja y con un probado potencial para la extracción de algunas materias primas críticas y estratégicas. Es fundamental mejorar el conocimiento de los recursos conocidos, pero, sobre todo, de los no conocidos, por no haber sido objeto de estudio en los anteriores planes de exploración minera, que datan de la década de los 70. Aunque se ha investigado en recursos minerales en nuestro país durante todo este tiempo, a diferentes escalas, nos enfrentamos ahora a la necesidad de hacer una exploración sistemática y a nivel nacional, que se va a llevar a cabo bajo el Programa Nacional de Exploración Minera 2026-2030. Sería también importante, en España, invertir en procesos de manufactura de estas materias primas y estratégicas, para consolidar la cadena de valor de las mismas.
—Tras dos décadas analizando el impacto y las posibilidades de la minería, ¿qué hallazgo o cambio de mentalidad en el sector le hace ver con optimismo el futuro?
—La minería actual no tiene nada que ver con la minería de hace décadas. Los estándares actuales y las regulaciones son estrictos y medioambientalmente conservadores. Las empresas mineras desarrollan en la actualidad rigurosos proyectos de explotación, planes de gestión de residuos y planes de rehabilitación, incluyendo exigentes programas de vigilancia ambiental. Existen garantías financieras que establecen las normativas nacionales y autonómicas. Y documentos de buenas prácticas, mejores prácticas disponibles y de gestión sostenible. Las empresas mineras están invirtiendo muchos esfuerzos en desarrollar programas de comunicación, en implementar programas de responsabilidad social corporativa, igualdad de género, etc. En definitiva, en repercutir el beneficio que se obtiene de la actividad minera en las comunidades locales y regionales. Tenemos un gran reto por delante en lo que respecta a la percepción social de la minería.