Grifols vive, en teoría, un momento dulce. Tras cinco años de todo tipo de vaivenes y cambios, la farmacéutica catalana ha mejorado prácticamente todos sus indicadores financieros, ha realizado cambios de gobernanza que en principio han gustado al mercado, su negocio crece y tiene entre manos un proyecto en Egipto que, anticipan, va a cambiar la industria global del plasma. Lo que sin duda será para ellos es un antes y un después: recolectar plasma de donantes de un país, para tratarlo y fabricar medicamentos allí mismo para el propio público de la región, les hace menos dependiente de una zona del mundo en concreto (ahora, Estados Unidos) y les da acceso a una materia prima más variada y, en muchos sentidos, más rica. Sin embargo, pese a todo esto, Grifols, que justo antes de estallar el coronavirus, había alcanzado su máximo valor bursátil (21.000 millones de euros), vale esta semana en bolsa poco más de 4.000 millones. Seguir leyendo....
Grifols vive, en teoría, un momento dulce. Tras cinco años de todo tipo de vaivenes y cambios, la farmacéutica catalana ha mejorado prácticamente todos sus indicadores financieros, ha realizado cambios de gobernanza que en principio han gustado al mercado, su negocio crece y tiene entre manos un proyecto en Egipto que, anticipan, va a cambiar la industria global del plasma. Lo que sin duda será para ellos es un antes y un después: recolectar plasma de donantes de un país, para tratarlo y fabricar medicamentos allí mismo para el propio público de la región, les hace menos dependiente de una zona del mundo en concreto (ahora, Estados Unidos) y les da acceso a una materia prima más variada y, en muchos sentidos, más rica. Sin embargo, pese a todo esto, Grifols, que justo antes de estallar el coronavirus, había alcanzado su máximo valor bursátil (21.000 millones de euros), vale esta semana en bolsa poco más de 4.000 millones.
El problema, según resume Jaume Puig, director general de GVC Gaesco, es que la compañía «tiene una deuda enorme: el doble de la que sería normal en cualquier otra empresa». Llegó a superar los 9.400 millones de euros (más de seis veces su ebitda) y sigue por encima de los 7.500 millones (más de cuatro veces su ebitda).
Las complicaciones comenzaron, en realidad, algo antes del escándalo Gotham. Grifols, que se dedica a recolectar plasma sanguíneo para tratarlo y elaborar curas para enfermedades como inmunodeficiencias, hemofilias y dolencias hepáticas, sufrió mucho durante la pandemia de covid. La obtención de plasma depende de que la gente lo done y el confinamiento para prevenir los contagios de covid paró en seco esa parte de la cadena, lo que además encareció mucho la obtención de esta materia prima. Al principio pudo aguantar con el excedente acumulado, pero, a partir de 2021, empezó a dificultarse la cosa.
Esto ocurrió, para más inri, después de un tiempo de mucha inversión para crecer a través de la compra de otras empresas, lo que dejó a la compañía con otro frente abierto: ese nivel de deuda que empezó a inquietar al mercado. El colofón fue que el histórico Víctor Grífols Roura cediera la presidencia del grupo, la dejara en manos, por primera vez, de un hombre ajeno a su familia (probablemente, como gesto para calmar a los mercados), y que este directivo, Steven F. Mayer, dimitiera por motivos personales apenas unos meses después.
Con todo, Grifols persistió en la estrategia: fichó al directivo sueco Thomas Glanzmann como consejero delegado, lo que hizo que Raimon Grífols (hermano del primero) y Víctor Grífols Deu (hijo del expresidente) –quienes hasta entonces compartían el cargo– se convirtiesen en director general corporativo, el uno, y director de operaciones, el otro. Entre esto, el anuncio de unos resultados prometedores y la venta de una parte de su negocio en China para conseguir capital con el que reducir su deuda, la acción empezó a recuperarse. Pero entonces cayó el meteorito Gotham.
Las evidencias que señaló Gotham«Grifols siempre ha sido una compañía que ha tendido a operar con niveles de deuda tirando a elevados. La compañía se sentía cómoda con ratios de 3 o 4 veces el ebitda y el mercado se lo permitía, porque históricamente lo han hecho bien y porque era la joya de la corona de la industria farmacéutica española», rememora Ana Gómez Fernández, analista de Renta4.
Fue el poscovid el que hizo que esta ratio deuda-ebitda se disparase hasta cotas de seis veces una sobre la otra. Así que el informe de Gotham, dice Gómez Fernández, sencillamente «puso sobre la mesa cosas que ya se sabían: que la empresa operaba con demasiada deuda o que había cuestiones entre su sociedad patrimonial [Scranton] y la empresa que no eran suficientemente transparentes». Pero aquello fue demasiado para un tipo de inversor (sobre todo el extranjero) que puso la etiqueta de no tocar sobre la farmacéutica. Y no es raro que, una vez puesto un sello así, este perfil de accionista decida no volver a mirar en la dirección de la compañía en muchos años.
La respuestaSea como fuere, superado el choque inicial, la farmacéutica con sede en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), apostó por mover las fichas como lo venía haciendo para remontar del bache pandémico. Los dos exconsejeros delegados dejaron definitivamente sus funciones ejecutivas y se limitaron a ser miembros del consejo; Glanzmann ascendió a presidente ejecutivo y se fichó a Nacho Abia (otro externo) como consejero delegado. Todo esto, para dejar claro que toda la gestión del día a día de la compañía quedaba en manos de profesionales ajenos a la familia fundadora.
El mensaje era importante, teniendo en cuenta que Scranton, una sociedad de inversión en la que participa parte de la familia Grifols, así como directivos actuales o pasados de la farmacéutica, entre otros, era pieza central en los supuestos líos de cuentas que le atribuía Gotham a la compañía.
Noticias relacionadas
Ese verano, la empresa anunció que su director financiero se jubilaba tras toda una vida en el grupo y que fichaba a un directivo de Bank of America, Rahul Srinivasan, para el cargo. Era otro alarde de profesionalidad que acompañaban con una sucesión de presentaciones de resultados más que halagüeñas: ingresos ininterrumpidamente al alza desde 2022 (en 2025 son más de 7.500 millones), la deuda menguando desde 2023 (el año pasado quedó en 7.759 millones) y un beneficio neto disparado desde 2024 (más de 400 millones en 2025, frente a los 59 millones de 2023).
Suscríbete para seguir leyendo