Los espacios de datos requieren inversión en tecnología, gobernanza, integración y confianza. ¿Qué papel están jugando actualmente las ayudas públicas para impulsar este tipo de proyectos?Seguir leyendo....
Los espacios de datos requieren inversión en tecnología, gobernanza, integración y confianza. ¿Qué papel están jugando actualmente las ayudas públicas para impulsar este tipo de proyectos?
Las ayudas públicas tienen un papel decisivo para que este tipo de proyectos pasen de la idea a la ejecución. Al final, un espacio de datos requiere una inversión inicial importante y los retornos no siempre son inmediatos. A su vez, es necesario generar confianza y establecer unas reglas comunes entre organizaciones que, en muchos casos, son incluso competidoras. Por eso, la financiación pública ayuda a reducir ese riesgo inicial y facilita que más empresas se animen a participar. También aporta un respaldo importante a la hora de presentar el proyecto ante socios, clientes o inversores. Desde Ayming estamos viendo que las empresas que tienen en cuenta las ayudas públicas desde el principio son capaces de plantear proyectos más ambiciosos y, sobre todo, de avanzar con mayor seguridad.
Desde vuestra experiencia, ¿qué características debe tener un proyecto de economía del dato para que sea financiable y tenga opciones reales de acceder a ayudas públicas?
Los proyectos que prosperan suelen compartir varios elementos. Lo primero es que haya un proyecto sólido detrás de la tecnología. Es decir, que esté claro qué problema se quiere resolver, qué valor aporta el uso compartido de los datos y qué resultados se esperan conseguir. Esto es especialmente importante porque las ayudas no financian simplemente la adquisición de tecnología, sino proyectos que aportan un desarrollo o una mejora relevante. A partir de ahí, es clave que el proyecto tenga un componente claro de innovación, que esté bien definido qué se quiere desarrollar y por qué supone un reto. También ayuda mucho contar con los socios adecuados: empresas que aporten datos o conocimiento del negocio, proveedores tecnológicos y, cuando sea necesario, centros de investigación o conocimiento.
Y hay un tercer elemento que cada vez tiene más peso: la capacidad de demostrar que el proyecto va a generar un impacto real. No basta con explicar qué tecnología se va a desarrollar; hay que poder justificar para qué sirve, qué resultados va a generar y cómo se van a medir. Por último, el proyecto tiene que estar bien preparado para la convocatoria a la que se presenta: objetivos, presupuesto, calendario, participantes y justificación deben encajar. Cuando todos estos elementos están alineados, las posibilidades de financiación aumentan considerablemente.
¿Cuáles son los errores más habituales que cometen las empresas cuando plantean proyectos de espacios de datos o explotación avanzada del dato para optar a financiación?
Uno de los principales errores es pensar primero en la tecnología y después en el proyecto. Que una iniciativa incorpore IA, datos o una nueva tecnología no significa, por sí solo, que sea financiable. Hay que explicar qué necesidad responde, qué se quiere desarrollar y qué impacto va a tener. Otro error es llegar tarde a la financiación. Vemos proyectos que están prácticamente diseñados cuando la empresa empieza a buscar una ayuda que encaje. Y ahí las posibilidades se reducen, porque la financiación debería tenerse en cuenta desde el momento en que se define el proyecto.
Por otro lado, también hay dificultades operativas como presupuestos poco realistas, una distribución de responsabilidades poco clara entre los socios o no prever desde el principio cómo se van a justificar los gastos y los resultados. En proyectos de economía del dato, además, es especialmente importante dejar claro quién aporta los datos, quién puede utilizarlos y en qué condiciones. Y, por último, hay que ser muy rigurosos a la hora de diferenciar innovación de implantación. No todo lo que es nuevo para una empresa es necesariamente innovador a efectos de una ayuda. En definitiva, muchos de estos errores no tienen tanto que ver con la falta de calidad del proyecto como con no plantearlo desde el principio teniendo en cuenta también cómo se va a financiar y justificar.
Muchas iniciativas nacen gracias a fondos públicos. ¿Cómo se evita que el proyecto termine cuando se acaba la subvención y se consigue construir un modelo de negocio sostenible?
La subvención debe entenderse como un acelerador del proyecto, no como su modelo de negocio. La sostenibilidad tiene que estar planteada desde el principio, definiendo qué valor va a generar el espacio de datos, quién está dispuesto a pagar por ese valor y cómo se va a financiar su evolución una vez finalice la ayuda. De esta forma, es importante combinar distintas vías de financiación y plantear el desarrollo por fases, empezando por casos de uso que permitan demostrar resultados y generar valor en el corto plazo. También es fundamental contar con una gobernanza estable y con unos roles claros entre los participantes. Al final, un espacio de datos perdura cuando deja de depender de la subvención y empieza a generar un valor tangible para las organizaciones que participan en él. Ese debería ser el objetivo desde el principio.
¿Qué oportunidades de financiación están apareciendo para proyectos relacionados con compartición de datos, inteligencia artificial, digitalización o creación de nuevos servicios basados en datos?
Actualmente, el panorama es amplio y la clave está en combinar instrumentos según la madurez del proyecto:
Con el cierre del ciclo de los fondos NextGenerationEU, ganan protagonismo la financiación europea directa y los instrumentos del próximo periodo, lo que hace aún más importante planificar con antelación.
Si una empresa está hoy valorando participar en un espacio de datos, ¿en qué momento debería empezar a pensar en la financiación y qué tendría que preparar desde el principio para no perder oportunidades?
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Desde el primer día y en paralelo al diseño del proyecto. La financiación no debería ser un paso posterior, porque puede condicionar aspectos importantes, desde el calendario y la composición del consorcio hasta el propio alcance del proyecto. Además, las convocatorias tienen plazos muy concretos que no siempre coinciden con los tiempos de decisión de las empresas.
Fuente: Diario Córdoba