A finales de enero, el mundo tecnológico alucinó al descubrir que más de 30.000 agentes de inteligencia artificial conversaban en un portal llamado Moltbook para reírse de los humanos, crear idiomas propios e incluso inventar una religión propia. El chascarrillo acaparó titulares y desencadenó debates sobre una ficticia rebelión de las máquinas, pero en OpenAI se percataron de lo realmente importante: alguien había logrado convertir un chatbot en un asistente capaz de actuar por ti. Ese alguien era Peter Steinberger, el ingeniero austríaco que alumbró esa solución, OpenClaw. Pocos días después, anunciaban su fichaje "para impulsar la próxima generación de agentes personales".Seguir leyendo....
A finales de enero, el mundo tecnológico alucinó al descubrir que más de 30.000 agentes de inteligencia artificial conversaban en un portal llamado Moltbook para reírse de los humanos, crear idiomas propios e incluso inventar una religión propia. El chascarrillo acaparó titulares y desencadenó debates sobre una ficticia rebelión de las máquinas, pero en OpenAI se percataron de lo realmente importante: alguien había logrado convertir un chatbot en un asistente capaz de actuar por ti. Ese alguien era Peter Steinberger, el ingeniero austríaco que alumbró esa solución, OpenClaw. Pocos días después, anunciaban su fichaje "para impulsar la próxima generación de agentes personales".
Esa apuesta cristalizó a finales de septiembre en San Francisco. En su conferencia anual de novedades, la influyente start-up lanzó Dots, una función que permite automatizar tus tareas cotidianas. Piensa en un programa de IA que cada mañana lee los correos electrónicos que has recibido para pasarte un resumen, que calendarice encuentros basándose en tu agenda o que acceda a tu cuenta bancaria para hacer las compras que pidas. Ese anuncio era tan estratégico para la compañía que su director ejecutivo, Sam Altman, decidió no acudir al encuentro de Donald Trump con la plana mayor de Silicon Valley.
Quien sí estuvo ahí codeándose con el presidente de Estados Unidos fue Mark Zuckerberg. Tres semanas antes, el dueño de Meta había tomado la delantera al lanzar Muse, un agente de IA diseñado para planear y ejecutar multitud de tareas en tu nombre. El gigante de las redes sociales arrastra un largo historial de violaciones de la privacidad de los usuarios de Facebook e Instagram, pero esto no ha evitado que su aplicación haya sido la más descargada del último mes en el país, según datos recopilados por Sensor Tower.

Sam Altman anuncia el lanzamiento de Dots, el agente de IA de OpenAI. / OpenAI
Menos frontera y más diseñoAmbas compañías pugnan ferozmente por hacer que sus agentes sean los primeros en convertirse en un producto de masas, si bien con estrategias distintas. OpenAI dirige Dots a las empresas, pues necesita ingresos para alimentar un modelo de negocio en números rojos antes de su esperada salida a bolsa. A Meta no le urge ganar más dinero; en 2025 ya ingresó más de 140.000 millones de dólares principalmente de la venta de publicidad. Es por eso que ofrece Muse de forma gratuita para seducir al gran público y capturar rápidamente una gran cuota de mercado, la misma táctica que popularizó ChatGPT.
La dinámica de la competición tecnológica está cambiando. Si hasta ahora el dominio de la IA se basaba en el desarrollo de modelos de frontera cada vez más potentes, con los agentes se está centrando más en un diseño de producto que garantice su utilidad y una experiencia cómoda para el usuario, explica a EL PERIÓDICO el analista tecnológico Antonio Ortiz. A medida que la IA se complejiza, el reto está en simplificar su uso para así facilitar la adopción masiva que la industria ansía.
A medida que la IA se complejiza, el reto está en simplificar su uso para así facilitar su adopción, explica el analista tecnológico Antonio Ortiz
En esta carrera también compiten Grok Bot, de xAI (Elon Musk); Gemini Spark, de Google; o Instinct, una start-up que se ha convertido en todo un fenómeno en este nicho. Anthropic lanzó elmiércoles Claude Duet, un agente más dirigido al sector empresarial, pero que aún no ha abierto al público. Nilay Patel, redactor jefe del medio especializado The Verge, apunta que, como ha pasado con otros dispositivos tecnológicos de masas, esa carrera la puede ganar "el peor producto, pero el más fácil de usar".
La 'tamagotchización' de la IAHasta ahora, la IA ha llegado a los usuarios a través de móviles y ordenadores. Más allá de eso, los intentos por darle un cuerpo específico que facilite su interacción han fracasado. Tanto OpenAI como Meta aspiran a construir un dispositivo que supere esa barrera para convertir su tecnología en un producto de masas. Los de Altman trabajan con Jony Ive, el famoso diseñador del iPhone, en un producto que lanzarán a partir de febrero de 2027. Los de Zuckerberg se han adelantado: antes de Navidad comercializarán Muse Charm, un artilugio de bolsillo equipado con cámaras, pantalla táctil y un colgante para que no vayas a ningún sitio sin tu asistente. Muchos lo han comparado con el Tamagotchi, un aparato japonés con una mascota virtual dentro que fue un fenómeno en los años noventa.
Sin embargo, la 'tamagotchización' de la IA no pasa tanto por el hardware, sino por la estrategia de marketing de antropomorfizar esos agentes como criaturas tiernas y achuchables. Es el caso de Muse, pero también de Dots, que recurre a mascotas más parecidas a un Labubu. Son productos para adultos, pero vestidos de juguetes. "Cuánto más se hable de los riesgos de la IA, incluidos los más apocalípticos, más 'cuquis' serán los productos de estas empresas", asegura Ortiz.

Muse, el agente de IA de Meta, haciendo una compra en tu nombre / META / Europa Press
Riesgo para tu privacidadPara que cumplan con su prometedor propósito los agentes necesitan acceder a toda tu información personal —desde tu cuenta bancaria a tu historial médico—, pero también a tu contexto. Investigadores externos han destapado que Muse recopila datos de tu familia, amigos y compañeros de trabajo para así personalizar sus recomendaciones, informa Wired. Eso significa que, aunque no quieras someter tu intimidad a la IA, terminarás expuesto si alguien cercano a ti sí opta por cederla.
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En las últimas semanas, se han denunciado múltiples errores que golpean la privacidad de los usuarios, desde falsificación de datos o cancelaciones indebidas a un agente que envió a un desconocido a la casa de un hombre sin avisarle. Dejar que un programa informático controle tu ordenador en tu nombre también tiene implicaciones para la ciberseguridad. Este pasado verano, OpenAI se vio envuelto en un escándalo internacional después que el testeo de su última IA se traduciese en ciberataques contra empresas y páginas web de varios gobiernos. Todos esos riesgos hacen que, por ahora, los agentes de IA no estén disponibles en la Unión Europea.
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