En conversación con EL TIEMPO, el paisa explica por qué decidió no repetir la fórmula de ‘La camisa negra’ y cómo encuentra inspiración para seguir.
Entrevista
En conversación con EL TIEMPO, el paisa explica por qué decidió no repetir la fórmula de ‘La camisa negra’ y cómo encuentra inspiración para seguir.El artista colombiano habla de su trayectoria y lo que lo sigue motivando a crear. Foto: Cortesía

23.10.2026 18:01 Actualizado: 24.10.2026 22:40
Hay artistas que pasan años tratando de descubrir cómo mantenerse vigentes. Juanes parece haber encontrado otra respuesta: volver siempre al mismo lugar. A la guitarra, a la familia, a Medellín, a la música que escuchaba en casa y a esa sensación que tuvo de niño cuando cantar solo en la sala le parecía parecido a enamorarse por primera vez.
Después de décadas de giras, hoteles, premios y escenarios, sigue durmiendo con una guitarra al lado, todavía siente miedo antes de salir a tocar y reconoce que gran parte de su vida ha transcurrido viajando y aprendiendo a convivir con la soledad. Pero cuando empieza el concierto, dice, todo cambia: entra en “otra dimensión”.
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En esta conversación con EL TIEMPO en Nueva York, durante su gira World Tour 2026, Juanes habla sin filtros sobre lo que la fama le enseñó, por qué decidió no repetir “La camisa negra”, cómo intenta que sus canciones nazcan de la honestidad y no de una fórmula, qué ve en la nueva generación de músicos latinoamericanos y cuál sería el consejo que hoy le daría al joven que alguna vez soñó con vivir de la música. La respuesta atraviesa toda la entrevista: adaptarse, sí; traicionarse, nunca.
Actualmente está de gira por varios países y sigue creando música. Después de tantos años de carrera, ¿qué lo sigue motivando a subirse a un escenario y qué encuentra hoy en la música que lo impulsa a continuar?Yo creo que la razón por la que todos los días me despierto por la mañana y sigo sintiendo que tengo un propósito es porque amo demasiado la música. Amo tocar la guitarra, amo cantar, amo componer canciones. Para mí, el proceso de composición siempre ha sido una especie de terapia, una manera de canalizar toda la energía, la buena y la mala, a través del filtro de la música, de los acordes y de las melodías.
Después viene el momento más hermoso, que es conectarme con la gente. Para mí eso es una cosa muy loca. El momento del show es lo que paga todo. La gran mayoría del día y de los viajes son muchas horas de soledad, de practicar, de trabajar, de “picar piedra”, pero cuando llega el show, esas dos horas, siempre pienso: ‘Dios mío, gracias por esta oportunidad’.
Por eso sigo sintiendo que hago esto. Más allá de cualquier otra cosa, amo genuinamente la música desde que era muy pequeño. Recuerdo que cuando tocaba la guitarra y cantaba solo en la sala de mi casa sentía algo hermoso. Era como si me hubiera enamorado por primera vez. Y eso es lo que todavía siento hoy. Creo que eso es lo que finalmente me anima a seguir.
El artista colombiano habla de su trayectoria y lo que lo sigue motivando a crear. Foto:Cortesía
¿Qué ha descubierto de sí mismo después de tantos años recorriendo el mundo en compañía de su guitarra?Hace unos dos o tres meses me desperté en algún hotel, no recuerdo en qué ciudad. Lo primero que vi fue el techo, el nochero, el teléfono, la lámpara, el televisor, la ventana y una ciudad cualquiera. Y ese día pensé: ‘Dios mío, yo llevo toda mi vida en esto’. Desde que tengo 13 o 14 años me estoy despertando en hoteles, viendo las mismas cosas: la mesita, el televisor, la lamparita, la ventana. Toda la vida viajando por el mundo. He aprendido que soy capaz de estar solo. No es que disfrute necesariamente la soledad, pero he encontrado en ella casi una manera de meditar y de hablar mucho conmigo mismo; a veces, demasiado. También he aprendido a conocerme y a aceptarme, a saber con mayor claridad qué me gusta, qué no me gusta, qué quiero hacer, qué no quiero hacer, qué extraño y qué amo. He aprendido a tocar mejor la guitarra, a cantar mejor y a relacionarme mejor con las personas. También he aprendido algo que hoy me fascina: ampliar mi percepción del mundo. Antes pensaba que el mundo era Medellín, que era mi casa. Después empecé a salir: Bogotá, Manizales, Venezuela, Puerto Rico, Estados Unidos… y de repente terminé dándole la vuelta al mundo. Eso fue expandiendo mi conciencia y mi conocimiento.
Y lo más bonito es que todo finalmente me lleva al principio. Todo me lleva a mi casa, a Colombia, a Medellín, a mis papás, a la música que escuchaban mis padres, a mi colegio.
A medida que avanzo en la vida y voy creciendo, siento como si estuviera madurando hacia la infancia. Me siento mucho más conectado con todo aquello. He aprendido que puedes viajar por todo el mundo y al final vuelves al mismo lugar: el tesoro está adentro de ti, muy cerca.
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Es literal: yo duermo con la guitarra en la cama. Normalmente la tengo ahí al lado porque estoy practicando todos los días. No me voy de mi casa sin la guitarra, aunque no tenga concierto. A veces salgo y Cecilia (esposa de Juanes) me pregunta: “¿Pero para qué vas a llevar la guitarra?”. Y yo le digo: “Tengo que practicar”. No puedo dejar de tocar guitarra un día; me enloquezco si no la toco. Cuando veo los álbumes familiares de mi casa, de cuando todavía no había nada digital, esas fotos que se pegaban en libros, aparecen las fotos de mi primera comunión, de mi infancia, de mi casa, y en todas estoy tocando guitarra. Tengo algunos recuerdos de mi infancia en el pueblo de mis papás, donde pasábamos las vacaciones, montando a caballo, en bicicleta… pero la guitarra siempre estaba ahí.
Mi papá cantaba en la casa como hobby y mis hermanos también tocan. Mi hermano mayor, Javier, canta y toca la guitarra. Desde que tengo uso de razón estaba rodeado de guitarras. Llegábamos del colegio y todos nos poníamos a tocar. Por eso la guitarra terminó convirtiéndose en una proyección de mi alma. Y hasta el día de hoy sigo descubriendo cosas nuevas. Nunca puedes dejar de aprender sobre armonía o sobre cómo tocar mejor.
Además, me relaja. Hace que deje de pensar en bobadas y me conecte con la música. Es mi manera de conectarme y de expresar mis sentimientos.
El artista colombiano habla de su trayectoria y lo que lo sigue motivando a crear. Foto:Cortesía
Usted ha vivido la transformación de la industria musical, del vinilo y el casete a los CD, el MP3 y las plataformas digitales. ¿Qué ha tenido que cambiar para mantenerse vigente y qué ha decidido conservar intacto de su esencia?En la música he aprendido a escuchar de todo. Escuchar a los maestros, entendiendo que los maestros no necesariamente son las personas mayores o quienes ya fallecieron. También hay maestros muy jóvenes. Uno aprende de todo el mundo. Me gusta escuchar toda la música que está pasando y aprender de cada persona un poquito. También he aprendido a entender mi propia evolución y a experimentar con diferentes ritmos. Por ejemplo, pensar en el bajo del vallenato dentro de un formato más funk; tocar la guitarra como si fuera un acordeón; tomar algo de la caja vallenata y convertirlo en un riff de guitarra eléctrica. Son cosas que aparentemente no tendrían conexión. Eso lo aprendí también estudiando diseño: tomar elementos diferentes y crear algo nuevo a partir de ellos. En poesía puedes tomar palabras que aparentemente no tienen nada que ver, juntarlas y construir un poema. Con la música sucede lo mismo. Creo que lo que me ha permitido irme actualizando es estar atento, aprender, escuchar y observar mucha gente y muchos artistas nuevos, pero también revisar constantemente la esencia de la música, los maestros y la teoría. Y después está la capacidad de adaptarse. Resiliencia absoluta. Tú planeas algo y de repente resulta que ahora las cosas funcionan de otra manera. Ha cambiado la forma de comunicar y ha cambiado la forma de consumir música, pero la música en sí no puede cambiar. Puedes cambiar mil maneras de consumirla o de hacerla, pero finalmente vuelves a la esencia.
Muchas de sus canciones han trascendido las modas y siguen conquistando a nuevas generaciones. ¿Cuál cree que es el secreto para que una canción perdure en el tiempo y conecte con públicos de distintas épocas?Es una de las cosas que más agradezco hoy. Pensar que ‘Es por ti’ salió hace tantos años, que ‘La camisa negra’ tiene ya tantos años o que ‘Fíjate bien’ salió hace muchísimo tiempo, y que hoy las toco en los conciertos y la gente todavía las conoce y las canta, es muy bonito. A veces alguien se acerca y me dice: “Esta canción me la ponía mi abuela”, o “mi mamá la escuchaba cuando yo estaba pequeño y me llevaba al colegio”. Esas cosas me dan muchísima alegría. ¿Qué necesita una canción para que eso suceda? Ojalá supiera la respuesta. Es un misterio absoluto. A veces piensas que determinada canción será la que conectará con la gente y termina conectándote a otra. Lo que sí podría decir es que las personas siguen buscando canciones que conecten desde el alma. Creo que eso es muy importante. Hay canciones muy chéveres para parrandear y pasar bueno, pero quizá no trascienden en el tiempo. Y hay otras canciones más profundas que conectan contigo y se quedan para siempre. Pero si tú te sentaras diciendo: “Voy a componer una canción que trascienda”, sería imposible. No hay una fórmula. Es algo que sucede o no sucede.
Creo que tiene mucho que ver con la honestidad y con la profundidad del alma.
Juanes. Foto:Cortesía
Después de un éxito mundial como ‘La camisa negra’, puede surgir la presión de repetir la fórmula. Usted ha conseguido conectar con el público en muchas ocasiones sin dejar de evolucionar. ¿Qué cree que le ha permitido seguir creando canciones que llegan a tanta gente sin perder su autenticidad?Cuando hago música trato primero de preguntarme si a mí me gusta. Ese es el primer filtro.
Pienso: ‘¿Esto me gusta? ¿Se lo quiero mostrar a alguien?’. Cuando siento que está bien, pasa ese primer filtro y después va avanzando. A veces estoy enamorado de una canción y pienso: ‘Esta canción es lo máximo’. Se la muestro a Cecilia o a mis hijos y me responden: “No sé, papá…”. Y yo pienso: ‘Qué raro’. Al final creo que se trata de dejar de pensar tanto.
Es como tomar una fotografía: no puedes quedarte media hora tratando de cuadrarla porque puedes perder el momento. Tienes que dejarlo fluir. Eso también me ha pasado con la música.
Al principio tenía la inocencia de no ser reconocido por mis canciones. Cuando empezó a llegar la fama y llegó ‘La camisa negra’, obviamente empiezas a confundirte. Piensas: ‘¿Ahora qué hago? ¿Hago una canción parecida porque eso funcionó o tomo otro camino?’
Mi decisión artística fue tomar otro camino. Yo no volví a hacer ‘La camisa negra’. No hay otra canción igual. Pero sí he entendido que ciertas cosas tienen que ver con mi estilo y las he ido incorporando de otras maneras. Al final todo tiene que ser natural. Hoy me siento a componer y no pienso que tengo que hacer una cosa determinada. Voy haciendo lo que me fluye. Si me fluye metal, hago metal; si me fluye una cumbia, hago cumbia. Quiero hacer mi música libre, como el aire que respiro.
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Para mí tocar en Colombia es todo. Es el lugar donde nací y el lugar que me ha dado todo. Creo que mi principio y mi final están ahí. En especial el concierto de Medellín es muy significativo. Medellín es una ciudad que en este momento arde de creatividad y que desde hace mucho tiempo pedía un escenario de estas características. Poder llegar e inaugurar ese lugar me parece espectacular. Es importante para mí personalmente, obviamente, pero también por lo que ese escenario puede significar para otros artistas y para el movimiento de la música y del entretenimiento en Medellín. Y Bogotá es una ciudad que adoro profundamente. Vamos a tocar dos fechas en el Movistar Arena. Bogotá también es un lugar muy mágico para mí. Llegué allí en 2003, después de haber pasado varios años en Estados Unidos y de haber estado buscando muchas cosas. Allí conocí a Cecilia. Amo esa ciudad porque me trae los mejores recuerdos. Para mí, en este momento, la mejor forma de celebrar la vida es tocar en vivo y conectarme con los fans.
Usted es socio de un festival en Chile y ahora también observa la industria musical desde detrás del escenario. Desde esa nueva perspectiva, ¿cómo ve el futuro de la música latinoamericana y qué oportunidades identifica para las nuevas generaciones de artistas?Veo muchas cosas. Primero, la cantidad de talento joven que hay. Es impresionante.
Está pasando algo muy interesante con el pop en Bogotá, con el rock en Medellín y en muchos lugares de Latinoamérica. El festival se llama Bamba. La idea comenzó hace unos ocho años. Estábamos en un camerino con unos amigos de Lotus, la compañía productora que hace Lollapalooza en Chile, y soñábamos con tener algún día un festival con esas mismas capacidades, pero dedicado a la música en español y a la música de nuestros países. Lollapalooza es una marca estadounidense que lleva muchos artistas de Estados Unidos, y nosotros pensábamos: “Qué bonito tener un espacio así para nuestra música”.
La idea apareció, se apagó, volvió a aparecer durante varios años. Yo incluso pensaba que nunca iba a suceder, pero finalmente se activó. La primera edición será en Chile y estarán artistas como Carlos Vives, Fito Páez, yo y muchos otros. ¿Y qué he aprendido? Que la variedad de la música latinoamericana es una cosa increíble. Por eso la gente de Europa o de otros lugares llega a nuestro continente y queda sorprendida por la cantidad de música que existe.
Tenemos esa mezcla mestiza, indígena, africana… Es una locura. Desde Argentina y la Patagonia hasta el norte del continente. La cumbia se ha metido por todas partes, está el rock en español, el Pacífico y el Atlántico colombiano, todo el Caribe. Lo que eso produce musicalmente es absolutamente impresionante. Y ver gente joven tocando instrumentos y haciendo música de calidad me parece supremamente esperanzador. Hay muchos artistas nuevos y muy buenos. Bamba busca precisamente celebrar eso y hacerlo en familia: que puedas ir con tus hijos, con un recién nacido o con personas mayores y disfrutar desde Fito Páez o Carlos Vives hasta cualquier artista nuevo que esté comenzando a romperla. Se trata de apoyar la música y la cultura latinoamericanas.
¿Qué siente cuando está frente a miles de personas en un concierto? ¿Cómo describiría esa energía que se vive sobre el escenario y que, desde el público, a veces resulta difícil de imaginar?Es muy loco. Siento que realmente no puede expresarse completamente con palabras.
Es como estar en otro mundo, en otra realidad. Te montas a tocar y tienes los monitores en los oídos, tu guitarra, la banda conectada, las luces… y aparece una sensación de satisfacción, de alegría, de poder, pero también de mucho miedo. Antes de subir al escenario me muero del susto. Pienso: “Dios mío, ¿por qué estoy aquí? Qué susto”.
Pero después subo, empieza a sonar la música y es como si entrara a otra dimensión.
Casi nunca estoy mirando la guitarra o pensando cuál es el acorde. Todo se vuelve automático. Todo fluye. Nos miramos entre los músicos y con una sola mirada sabemos que vamos a hacer algo diferente en determinado momento. Veo a la gente feliz, sonriendo, cantando y bailando, y eso es increíble. Muchas veces estoy viajando y tengo dos o tres conciertos seguidos. Físicamente es muy exigente. A veces voy camino al show pensando: ‘¿De dónde voy a sacar fuerzas hoy para conectarme?’. Y empiezas a tocar y la energía de la gente te inyecta energía. Se te olvida el cansancio y cualquier cosa que te haya sucedido.
Es un lugar mágico. Y también pasan cosas muy extrañas. Puedes estar cantando y de repente pensar: ‘Se me olvidó mandar aquel correo del colegio de Dante’. La mente hace cosas muy locas. Pero por encima de todo está la alegría. Terminas de tocar y tardas unos veinte minutos en bajar de esa sensación. Y después llega el cansancio absoluto.
Pasas de la euforia al agotamiento. Es hermoso. Es como haber ganado un partido de fútbol en un Mundial.
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Primero le agradecería muchísimo, porque si no hubiera sido por ese personaje que fui en ese momento, no estaría aquí. Y le diría que nunca deje de creer en él. Que nunca, nunca deje de creer en sí mismo y que siga sus ideas. Aprender a escuchar es una cosa; escuchar y aprender de las personas es importante. Pero otra cosa diferente es empezar a dudar de ti mismo simplemente porque alguien te dice: ‘No lo hagas’. Hay que creer en esa fuerza interior, en esa voz interior. Siempre desde el amor y desde el respeto puedes aprender de las personas. Hay gente que sabe mucho y puede enseñarte cosas: otros artistas o cualquier persona. Pero le diría que crea, que siga su sueño y que nunca permita que ese sueño se borre. Cuando dibujas un sueño en tu mente y tienes un plan, puedes pensar: ‘Eso es muy difícil de hacer’. Pero entonces tienes que empezar a preguntarte cómo convertirlo en realidad. Hay que estar constantemente buscando cómo hacer realidad ese sueño. Eso le diría. Y le agradecería muchísimo.
El cantante colombiano Juanes recibió el premio Lo Nuestro a la Trayectoria en 2026. Foto:Mario Alzate
Después de tantos años de carrera, ¿qué significa para usted que la industria siga reconociendo su trabajo?Mucha alegría. Mi álbum más reciente se llama ‘Juan Esteban’. La canción ‘Humano’ está nominada a ‘Canción del Año’ y el álbum está nominado como ‘Mejor Álbum Pop/Rock’.
Yo creo que uno nunca se acostumbra. Cada vez siento que es más difícil estar nominado porque hay más artistas, hay más música y están pasando muchísimas cosas. La industria está en movimiento constante. Cuando te nominan es un reconocimiento al trabajo, no solamente al tuyo, sino al de todo el equipo. Es muy chévere y me siento sinceramente muy agradecido. Pienso: ‘Qué maravilla que hayan pasado todos estos años y todavía tenga la oportunidad de estar nominado con este álbum a Canción del Año o a Mejor Álbum Pop/Rock’. Es una belleza. Siempre lo veo con muchísimo respeto. Uno no hace la música para recibir premios, pero cuando llegan, también es algo muy bonito.
¿Hay algo que quieras decirles a quienes están leyendo entrevista?Quiero decirles que los espero en mis shows en Colombia, que van a estar buenísimos.
Vamos a estar en Bogotá (19 y 20 de noviembre) y en Medellín (14 de noviembre de 2026). Y a quienes todavía no han escuchado mi álbum, ahí está también para que lo escuchen. Nos vemos muy pronto.
JUAN MANUEL VARGAS RAMÍREZ
Para EL TIEMPO
Nueva York
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