A Esther le dijeron que, si el bultito dolía, no debía preocuparse porque significaba que no era peligroso. Se lo dijo la cultura popular. La misma que asegura que cuando a los niños les duelen las piernas es porque están creciendo o que si comes mucho es señal de buena salud. La sabiduría de la calle falló, la biopsia hizo saltar las alarmas y comenzaron pruebas y protocolos. Algunos de ellos dirigidos por profesionales más empáticos que otros. Esther tuvo que hablarle de sus miedos y antecedentes a una inteligencia artificial, mientras el facultativo que debía mirarle a los ojos para tranquilizarla toqueteaba botones porque el aparatejo se colgaba continuamente. Durante un tiempo, ha combinado trabajo y reuniones con salas de espera, toqueteos de mamas, agujas y resultados. El otro día la operaron y ahora toca esperar. Todos sus amigos, compañeros, familiares y personas que la queremos deseamos que todo vaya bien y, con la presencia e intensidad que ella desee, estaremos a su lado. Estos meses, Esther me ha sorprendido de múltiples maneras.
A Esther le dijeron que, si el bultito dolía, no debía preocuparse porque significaba que no era peligroso. Se lo dijo la cultura popular. La misma que asegura que cuando a los niños les duelen las piernas es porque están creciendo o que si comes mucho es señal de buena salud. La sabiduría de la calle falló, la biopsia hizo saltar las alarmas y comenzaron pruebas y protocolos. Algunos de ellos dirigidos por profesionales más empáticos que otros. Esther tuvo que hablarle de sus miedos y antecedentes a una inteligencia artificial, mientras el facultativo que debía mirarle a los ojos para tranquilizarla toqueteaba botones porque el aparatejo se colgaba continuamente. Durante un tiempo, ha combinado trabajo y reuniones con salas de espera, toqueteos de mamas, agujas y resultados. El otro día la operaron y ahora toca esperar. Todos sus amigos, compañeros, familiares y personas que la queremos deseamos que todo vaya bien y, con la presencia e intensidad que ella desee, estaremos a su lado. Estos meses, Esther me ha sorprendido de múltiples maneras.
Ha seguido cuidando a quienes tiene cerca. Se ha preocupado por la amiga que pasa una mala época, ha llamado al compañero que ha vuelto a pillar el covid o ha ayudado con ese informe que trae de cabeza a quien tiene que compartirlo. Es generosa de sí misma y de sus capacidades. Pese a la enfermedad y el miedo, lo ha seguido siendo. Me tiene admirada.
Ha celebrado las alegrías de los demás. He conocido a personas (más de las que desearía) que, en el fondo, se crecen ante los infortunios ajenos. Que sienten cierto alivio al oír que un colega no ha conseguido la promoción o que una amistad acaba de separarse. Si todos estamos fastidiados, mi desdicha no es tan grande, piensan los desgraciados. Esther está contenta si tú estás contenta. Simple, pero no tan común como creemos.
Se ha encargado de cuestiones logísticas que a todos dan pereza. Me refiero a esas que tienen que ver con recoger el dinero para comprar un regalo, pasar una mañana entera buscando algo especial, enviar fotos a un grupo de WhatsApp para buscar el refrendo, tener que lidiar con opiniones diversas, volver a intentarlo y, por supuesto, acertar. Una jefa de la organización.
Ha compartido su afecto. Ha dicho «te quiero». Ha escrito poemas. Ha dibujado. Ha confeccionado listas de música para quien sabía que las apreciaría. Ha sonreído a todos los que la mirábamos con una mezcla de tristeza y esperanza. Se ha reído de sí misma y ha usado el sentido del humor como arma protectora. Ha organizado un viaje. Ha mimado a sus amigas. Ha continuado adorando su trabajo y valorando cada buen momento que vive. Ha dicho cosas bonitas de las personas que tiene a su lado. Se ha puesto guapa cada día. Pelo perfecto, uñas arregladas, conjuntada siempre y cuidada hasta la médula. Ha hecho gimnasia. Ha meditado. Ha querido y se ha dejado querer. Su fortaleza interna abruma.
Deseo que Esther se cure, quiero tenerla cerca, estar con ella en jornadas y sentarme a su lado en las comidas. Necesito encontrarme con ella en el aparcamiento del trabajo y caminar juntas a la reunión. Hablar de todo y hablar de nada. Reír y, por encima de todo, vivir.
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