Casi tres meses después de que Roma reintrodujera los controles en sus conexiones aéreas y marítimas con España, el pulso fronterizo entre ambos países llega a su fin. Los ministros del Interior, el italiano Matteo Piantedosi y el español Fernando Grande-Marlaska, han acordado que las suspensiones de Schengen en vigor no se prolongarán más, según han informado los dos gobiernos este jueves. Seguir leyendo....
Casi tres meses después de que Roma reintrodujera los controles en sus conexiones aéreas y marítimas con España, el pulso fronterizo entre ambos países llega a su fin. Los ministros del Interior, el italiano Matteo Piantedosi y el español Fernando Grande-Marlaska, han acordado que las suspensiones de Schengen en vigor no se prolongarán más, según han informado los dos gobiernos este jueves.
La decisión, de acuerdo con un comunicado difundido por el Ministerio de Interior italiano, se produce tras "un atento análisis de la situación" de parte de las autoridades transalpinas. "La decisión de no prorrogar los controles fronterizos [...] irá acompañada de un refuerzo del intercambio de información para garantizar la plena seguridad del espacio común de Schengen", ha añadido el departamento español, sin dar más detalles.
El desenlace llega asimismo "tras una conversación telefónica cordial", programada después de que los jefes de Gobierno, Giorgia Meloni y Pedro Sánchez, se reunieran la semana pasada al margen del Consejo Europeo, según ha puntualizado Italia. Con todo, sigue poco claro qué habría en concreto desbloqueado la crisis después de que los dos líderes estuvieran a la gresca durante muchas semanas.
La peor crisisLa decisión cierra uno de los episodios más ásperos entre los dos socios mediterráneos en décadas. Todo empezó el pasado 31 de julio, cuando Meloni anunció la suspensión temporal de la libre circulación con España en nombre de la "seguridad nacional", tras la entrada masiva de migrantes en Ceuta desde Marruecos, la mayoría de los cuales regresó voluntariamente. Madrid exigió entonces sin éxito el levantamiento de la medida de forma inmediata y el 8 de agosto respondió con controles recíprocos a los viajeros procedentes de Italia.
Posteriormente, Italia llegó a ventilar posibles peligros ligados "a eventuales infiltraciones terroristas", y Madrid respondió una vez más con dureza. Tanto que, en septiembre, el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, calificó el comportamiento de Italia de "vergüenza". "Es absurdo, es inútil y es una vergüenza porque es dinamitar el espíritu, la filosofía de lo que quiere decir ser socios europeos", llegó a decir, en una comparencia en el Senado.
Efectos limitadosEn realidad, los efectos prácticos de las medidas fueron muy limitados, pues Italia no comparte frontera terrestre con España y los controles se concentraron en aeropuertos y puertos de forma aleatoria. Pero el simbolismo pesó, ya que el Código de Fronteras Schengen permite reintroducir controles temporales ante amenazas graves al orden público o la seguridad nacional.
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En este marco, la oposición italiana de centroizquierda acusó a Meloni de plegarse a una agenda populista y estar colaborando con el partido ultraderechista Vox, mientras que en Bruselas creció la inquietud ante un precedente que Austria, Finlandia o Dinamarca respaldaron. En la crisis también intervino el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien responsabilizó al Gobierno de Sánchez por la crisis de Ceuta por sus "políticas de extrema izquierda".
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