Desde que plantó su primera viña en 1984, el bodeguero de Arnoia ha apostado por devolver el prestigio a Ribeiro, cuyo futuro vincula la conservación de las variedades autóctonas con las nuevas generaciones
Al noroeste de Orense se encuentra la DO más antigua de Galicia y una de las más antiguas de España; reconocida en 1932, la historia de Ribeiro viaja varios siglos atrás. La protección de sus vinos se remonta a las Ordenanzas Municipales de Ribadavia de 1579 —uno de los primeros antecedentes de una indicación geográfica española—. Pero pasó del prestigio de los siglos XVI y XVII al descrédito durante el XX.
La ubicación estratégica de la zona tuvo mucho que ver en la difusión de su vino. Al ser una región interior, se comunicaba a través del Miño con el resto de Galicia. Además, una red de transporte terrestre acercaba sus vinos a los puertos atlánticos. Los vinos bajaban mediante arrieros hacia toda la comunidad y, desde allí, embarcaban hacia el norte de Europa. ¿Los destinos principales? Inglaterra, Flandes, Holanda y mercados del norte.
Desde las Ordenanzas Municipales de Ribadavia, el vino de la región gozaba de gran reputación, lo que hacía más fácil su venta en comparación con otras zonas de Galicia. En A Treatise on the Wines of Portugal (1787/88), el comerciante británico John Croft afirmó que se importaban al año a Inglaterra entre 2000 y 3000 pipes —1,5 millones de litros de vino—.
No obstante, a finales del siglo XVI, las relaciones entre España e Inglaterra empeoraron debido a sus guerras, hasta el punto de que Felipe II dificultó en gran medida la importación de vino español por parte de los británicos. Los comerciantes buscaron otras alternativas. ¿Dónde? En Oporto. Esta zona comienza a barrer toda la cuota de mercado gallega, lo que afectó de manera directa a la zona de Ribeiro, empobreciéndola notablemente.
El tráfico anglo-gallego no se reanuda hasta el Tratado de 1611. Pero la recuperación es débil y la situación vuelve a complicarse con la crisis asociada a la independencia de Portugal (1640-1661). Habría que esperar hasta 1932 para que Ribeiro tuviese cien por cien reconstruida su estructura vinícola, aún así, no ha sido antes del SXXI que la región va recuperando poco a poco su prestigio.

En la actualidad, Ribeiro lo conforman catorce municipios; el paisaje lo constituyen tres valles, con viñas en laderas y terrazas fluviales, lo que da lugar a muchísimos microclimas con una influencia moderada del Atlántico.
Luis Anxo Rodríguez es uno de esos viticultores que desde 1984, año en el que decidió plantar su primera viña, ha luchado por hacer de Ribeiro una apelación de prestigio, posicionándose en contra de la producción masiva de vino sin atender a lo que verdaderamente prima: la calidad.
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Háblenos un poco de usted…
Arnoia es un pequeño pueblo donde, hasta hace 40 años, la población obtenía su sustento de la elaboración y venta de vino. Yo provengo de una de esas familias, y aprovechando los aires de cambio que se respiraban en Galicia en este sector en los años 80, planté mi primera viña en 1984. En 1988 elaboré mi primera cosecha, 1.400 botellas, en la pequeña bodega de mi abuelo, fallecido años antes. Desde entonces he ido reestructurando parcelas, ya fueran de la familia o adquiridas, hasta un total de seis hectáreas, que son las que trabajamos hoy.
¿Cómo es el cultivo de la vid en la zona?
La orografía de nuestro pueblo nos obliga al trabajo manual, lo que dificulta y encarece la viticultura. Pese a ello, estoy convencido de que podemos aportar algo valioso al mundo del vino. Actualmente, somos seis personas en la empresa y elaboramos unos 30.000 litros/año repartidos en diez etiquetas.
Luis Anxo
Viticultor
Teniendo en cuenta lo rural de la zona, ¿cuál era el modelo productivo en el pasado?
Desde siglos atrás el modelo de producción/comercialización en el Ribeiro consistía en que el viticultor era a la vez bodeguero y vendía su vino a granel a intermediarios que se encargaban de transportarlo en recipientes de madera de distintos tamaños, normalmente entre 300 y 600 litros, hasta el punto de consumo que solían ser las tabernas gallegas. Hasta bien entrados los años 60, los vinos de Ribeiro se consumían únicamente a granel.
¿Cómo pasó Ribeiro de ser una zona de reconocido prestigio a una de volumen?
La llegada de las cooperativas y bodegas que embotellaban y comercializaban transformó el tradicional modelo de vitivinicultor en solamente viticultor, correspondiendo a las bodegas el trabajo de elaboración y comercialización. Hoy en día queda en el Ribeiro un testigo de aquel viejo modelo, las “adegas de colleiteiro”, que tienen el compromiso de utilizar solamente uvas cosechadas por ellos mismos para su elaboración y comercialización. Hay que tener en cuenta que el impacto de la invasión filoxérica a finales del siglo XIX, unido a dificultades económicas en los mercados, fue empujando paulatinamente a los viticultores a la sustitución de las variedades de vid tradicionales por otras que, si bien eran más regulares y productivas, mostraban una calidad netamente inferior. Caldo de cultivo para lo que se venía.
¿Cuándo comenzó a tener lugar el renacimiento de la región?
Fue en los años 80; empezaron a aparecer en toda Galicia, desde Valdeorras a Rías Baixas, proyectos que buscaban restablecer aquellas variedades perdidas que permitían elaborar vinos finos, elegantes y con personalidad propia. Tal y como estaban reclamando críticos gastronómicos, prescriptores y una élite económico-cultural deseosa de degustarlos.
¿Cuál fue el impacto real en el modelo productivo de la época?
Cada vez que se produce un viraje en el sector primario, siempre motivado por exigencias del mercado, son inevitables los choques entre los que se resisten a adaptarse al necesario cambio y los que lo abrazan con entusiasmo. En los años 80 parecía claro que el modelo de viticultura con variedades de uva de baja calidad para vino, abonado intensivo, altos rendimientos por ha y precios bajos, no era sostenible. Pese a ello, las bodegas compradoras de uva no veían claro el futuro y seguían incentivando al viticultor a permanecer en el lado oscuro. Afortunadamente, fueron apareciendo, si bien muy lentamente, proyectos que apostaron por recuperar la calidad y el prestigio de épocas pasadas. Y así llegamos al Ribeiro de hoy, donde conviven pequeñas bodegas de “colleiteiro” con otras de mayor tamaño y diferente filosofía, pero con un objetivo claro de calidad. Es cierto que algunas otras siguen ancladas en el viejo modelo de producir vinos de bajo precio con uva palomino, pero incluso estas bodegas han mejorado sustancialmente sus procesos de elaboración y ofertan también etiquetas de variedades autóctonas.
Luis Anxo
Viticultor
¿Cómo afecta el cambio climático al viñedo gallego?
El cambio climático lo sufrimos y disfrutamos en Galicia desde hace muchísimos años; no queda otra que irse adaptando. Afortunadamente, tenemos muchas variedades de vid y eso nos permite elegir aquellas que mejor se adaptan a la climatología.
¿Por qué las llamadas variedades “mejorantes”, no tuvieron éxito en Galicia? ¿Fue quizás a causa del clima?
No, la razón no es climática, porque la mayoría de ellas han demostrado buena adaptación en climas diversos. La razón principal, a mi modo de ver, es que Galicia es una región vitícola con cierto aislamiento, donde no hubo un gran desarrollo industrial en el sector vitícola, lo que ha actuado como un reservorio varietal. Esperemos que este desarrollo industrial que estamos viviendo no sea el responsable de la extinción de varietales que durante tanto tiempo hemos vinificado, como ya ha ocurrido en zonas de gran éxito comercial.
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¿Cómo ve el futuro de la DO?
Soy optimista, pero veo nubes negras en el horizonte. Por una parte, estamos en una región con una historia que avala nuestro potencial y con un presente del que podemos estar moderadamente satisfechos, pero los peligros que se ciernen sobre nosotros no son tanto de naturaleza climática como política. Nuestra comunidad autónoma aplica rigurosamente la burocratización impuesta por la UE a todos los procesos de viticultura y elaboración, así como a la comercialización. Todo este papeleo solo sirve para dificultar e incluso bloquear el desempeño normal de nuestra actividad. La falta de motivación para que nuevas generaciones se incorporen con ilusión a la viticultura tiene un responsable muy claro en las autoridades políticas y en su desprecio por todo lo que signifique emprendimiento en este sector.