Woody Allen ha traído el otoño a Madrid. El desembarco del cineasta en la capital estos días para grabar su próxima película ha coincidido con la bajada de las temperaturas y la llegada de las primeras lluvias. El Retiro se ha disfrazado de Central Park mientras el neoyorquino se pasea por la cuesta de Moyano y se pierde paseando por los jardines del Botánico. Pocos saben que tras su enjuta figura se esconde un boxeador frustrado, un entusiasta del tenis o un segunda base de béisbol. "La gente cree que, porque tengo una complexión más bien pequeña y llevo gafas, no puedo haber sido muy atlético. Pero es una equivocación. Yo corría rápido y había ganado algunos torneos, jugaba muy bien al béisbol y albergaba la fantasía de dedicarme a ello profesionalmente, una aspiración que desapareció hasta que de pronto me contrataron para escribir gags", advertía en su autobiografía 'A propósito de nada'. Seguir leyendo....
Woody Allen ha traído el otoño a Madrid. El desembarco del cineasta en la capital estos días para grabar su próxima película ha coincidido con la bajada de las temperaturas y la llegada de las primeras lluvias. El Retiro se ha disfrazado de Central Park mientras el neoyorquino se pasea por la cuesta de Moyano y se pierde paseando por los jardines del Botánico. Pocos saben que tras su enjuta figura se esconde un boxeador frustrado, un entusiasta del tenis o un segunda base de béisbol. "La gente cree que, porque tengo una complexión más bien pequeña y llevo gafas, no puedo haber sido muy atlético. Pero es una equivocación. Yo corría rápido y había ganado algunos torneos, jugaba muy bien al béisbol y albergaba la fantasía de dedicarme a ello profesionalmente, una aspiración que desapareció hasta que de pronto me contrataron para escribir gags", advertía en su autobiografía 'A propósito de nada'.

Woody Allen juega al tenis, durante su película 'Manhattan' / United Artists
Béisbol y boxeoEl deporte fue tan trascendente en la vida de Allan Stewart Konigsberg, que su nombre artístico quedó condicionado por un bateador. "Cuando pensaba en elegir un pseudónimo me sonaba bien Allen y Mel Allen todavía mejor, pero en los años 50 no te podías llamar así porque Mel Allen era la estrella de los Yankees. Era difícil rivalizar con él y me tuve que conformar con Woody". La afición le viene de su padre, que le consiguió una plaza de mascota en los Brooklyn Dodgers, popular equipo de béisbol de Nueva York. En su casa la radio siempre estaba encendida y se escuchaban "a todas horas partidos de béisbol y combates de boxeo de Sugar Ray Robinson o Muhammad Ali", a quienes Allen conoció personalmente. De Muhammad llegó a decir: "Amo tanto a Ali como a Bergman".
De hecho, Woody llegó a subirse al ring de niño "y tenía buenos golpes, pero mis padres no firmaron la autorización médica para pelear en torneos". Allen reconoce "Toro Salvaje como la mejor película sobre deporte, aunque al final le sucede lo mismo que a otras películas de deporte, que se fijan más en lo que rodea al deporte que en el deporte mismo". El cineasta llegó a presenciar en 1966 en Londres como "Muhammad Ali apaleaba a Henry Cooper" en compañía del también director Roman Polanski, la actriz Sharon Tate y los productores Charlie Joffe y Vic Lownes.
Su cine está trufado de guiños. En 'Annie Hall' aparece vestido de tenista, en 'Manhattan' jugando al squash y al tenis, y en 'Poderosa Afrodita' hace incluso de periodista deportivo. Pero su homenaje más destacado es quizás el inicio de 'Matchpoint' donde aparece la imagen de una pelota de tenis golpeando la cinta de la red y una voz en off que dice "más vale tener suerte que talento". O como advertía el propio Woody en la promoción de la película: "Es mejor tener suerte que ser bueno".
De los Kincks a HemingwaySostiene el neoyorquino que "el deporte es todo lo que el teatro debería ser y no termina de ser. Cuando vas al teatro, te dejas llevar pero intuyes hacia dónde te está llevando la historia. Hay momentos de placer, pero no son demasiado sorprendentes. Sin embargo, si vas al Madison a ver a los Knicks la proporción es inversa". Y como buen mitómano confiesa haber seguido la trayectoria de Michael Jordan durante años. "Puedo citar cada resultado, cada jugada... Los campeones son efímeros. Son llamas que brillan y luego se extinguen. Es fascinante ver a un deportista en la cima de su carrera".
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El cineasta va más allá y llega a admitir que se siente "más a gusto delante de un ring de boxeo o en una cancha de baloncesto que en un concierto. Esto no quiere decir que no me guste poner un disco de Wagner de vez en cuando. No puedo renegar del deporte porque me gusta lo bonito y lo sorprendente. A Hemingway y a Steinbeck también les gustaba. Creo que el deporte tiene una profundidad tan estimable como la que se le supone a la literatura o a la música. El deporte es inútil y vano, pero tiene sentido cuando nosotros decidimos dárselo".
Fuente: El Periódico