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Fumar se asocia con mayores niveles de soledad no deseada y lastra el bienestar de las personas mayores, según un nuevo estudio

Дата публикации: 05-10-2026 07:00:00


Fumar se asocia con mayores niveles de soledad, según un estudio pendiente de publicación que analiza datos de personas mayores que participaron en la Encuesta sobre Salud y Envejecimiento en Europa


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La soledad no deseada es un problema de salud pública de primer nivel en las sociedades occidentales, por su impacto negativo en la salud y el bienestar de las personas que la sufren y por los costes sociales y económicos que lleva asociados. Según datos del Barómetro de la soledad no deseada en España 2024, elaborado por el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada, se estima que una de cada cinco personas en España sufre soledad no deseada y que ese porcentaje (disparado en la juventud y atenuado en la edad adulta) se va incrementando con la edad, especialmente a partir de los 75 años.

Desde hace tiempo se sabe que el tabaco guarda una importante relación con la soledad no deseada. Un estudio publicado en 2020 en la revista científica Addiction, por ejemplo, concluyó que la experiencia prolongada de la soledad es en numerosas ocasiones para muchas personas la causa de comenzar a fumar o de incrementar el consumo de cigarrillos. De hecho, sostienen expertos consultados, no es extraño que muchas personas que buscan ayuda para dejar de fumar se refieran al tabaco como “un compañero de toda la vida”, lo que hace que su abandono sea más complicado al vivirse como un duelo.

Ahora, una investigación aún pendiente de publicación, pero presentada en Barcelona en el marco del congreso de la European Respiratory Society (ERS), ha apuntado a una bidireccionalidad en la relación tabaco-soledad en las personas mayores. Según los resultados del estudio, que analizó datos de más de 50.000 personas de una media de 67 años que participaron en la Encuesta sobre Salud y Envejecimiento en Europa (SHARE), fumar se asocia con mayores niveles de soledad y con un mayor aumento de la sensación de soledad a largo plazo.

“Nuestro estudio resulta interesante porque sugiere que la otra dirección también es un problema: el tabaquismo también puede conducir a la soledad”, explica a La Vanguardia Keir Philip, profesor clínico de medicina respiratoria en el Instituto Nacional del Corazón y los Pulmones del Imperial College de Londres y uno de los autores de la investigación. Para Philip, estos resultados cuestionan la idea, fuertemente arraigada, de que fumar es un acto social. “Deberíamos rebatir esa idea cada vez que se repita, ya que no está respaldada por los datos”, enfatiza.

El estudio, que analizó datos de más de 50.000 personas de una media de 67 años, concluye que el tabaquismo se asocia con mayores niveles de soledad

Aunque el estudio británico no investigó específicamente los mecanismos que llevarían del tabaco a la soledad, Philip mantiene la hipótesis de que se trataría de una combinación de factores, entre ellos un mayor índice de enfermedades vinculadas al tabaquismo que afectan a la movilidad y dificultan la vida social, la legislación sobre el consumo de tabaco, con la generalización de espacios públicos libres de humo, que podrían desanimar a los fumadores; y la evolución de las actitudes sociales respecto al tabaco, que provocan que los no fumadores ya no sean tan tolerantes a verse expuestos al humo de segunda mano.

“La gran aportación de este estudio es que mira el tabaco desde la salud social y como posible antecedente de la soledad, en lugar de analizar únicamente la soledad como posible factor asociado al consumo”, afirma Juan Ignacio Vela, director de contenidos del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada – SoledadES. Según Vela, la definición de salud de la OMS incluye tres pilares: salud física, salud mental y salud social. “Sin embargo, la mirada clínica sobre el tabaquismo se ha centrado tradicionalmente en la salud física. Este estudio aporta a la salud social”, añade.

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Su opinión la comparte el psiquiatra Ignacio Basurte, vicepresidente de la Fundación Patología Dual, que recuerda que una adicción, en este caso al tabaco, no afecta únicamente al organismo. “Puede condicionar rutinas, relaciones personales, actividades de ocio e incluso la forma en que una persona organiza su día; en determinadas personas, el cigarrillo acaba ocupando un espacio cada vez mayor en su vida”.

Una relación más preocupante entre las personas con adicciones y otros trastornos mentales

Como señala Juan Ignacio Vela, los datos del Estudio sobre Soledad No Deseada y Salud Mental en España de 2026 revelan que la soledad no deseada se multiplica casi por cinco entre las personas con problemas de salud mental, diagnosticados o no: 49,1% frente al 11,0% de la población general. “La relación estrecha entre salud y soledad está bien documentada, especialmente cuando se habla de salud mental, y encaja con lo que vemos en nuestros estudios: la soledad no deseada se concentra donde hay peor salud, menos autonomía y menos apoyos”, argumenta.

Precisamente, el estudio TUT-ESP, desarrollado por la Fundación Patología Dual para estudiar la adicción al tabaco y su relación con otros problemas de salud mental y adicciones, encontró que el 71% de las personas atendidas en dispositivos de salud mental y adicciones consume tabaco, lo que supone casi cincuenta puntos porcentuales más que la población general.

Hay relación entre el tabaquismo y la soledad, según un estudio. 

Hay relación entre el tabaquismo y la soledad, según un estudio. 

“No deberíamos asumir que detrás de una persona mayor que fuma y se siente sola existe necesariamente un trastorno mental, porque eso sería estigmatizante, pero lo que sí sabemos es que tabaco y salud mental están estrechamente relacionados. Las personas con depresión, ansiedad, otros trastornos mentales o problemas relacionados con otras sustancias presentan con mayor frecuencia trastorno por consumo de tabaco, y muchas veces tienen también más dificultades para abandonarlo”, argumenta Ignacio Basurte.

Un motivo más para dejar de fumar

Dado que el tabaquismo afecta no solo, como ya sabíamos, a la salud física, sino que también tiene un impacto sobre el bienestar psicosocial de los adultos mayores, la pregunta es si este nuevo estudio ofrece otro motivo para buscar estrategias que ayuden a las personas mayores a dejar de fumar.

“La respuesta en pocas palabras es sí”, responde Keir Philip, que añade que, aunque todavía quedan muchas preguntas sin responder sobre las repercusiones psicosociales de fumar y de dejar de hacerlo, considerado en su conjunto, “existe un volumen abrumador de evidencia científica que respalda hacer todo lo posible para ayudar a la gente a dejar el tabaco”.

Quizás en adelante las estrategias para dejar de fumar puedan incorporar también una dimensión social

Juan Ignacio Vela

Portavoz del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada

Su opinión la comparte Juan Ignacio Vela. Para el portavoz del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada, dejar de fumar tiene beneficios claros para la salud y puede favorecer una mayor capacidad para que las personas se mantengan activas. Sin embargo, matiza, “nadie asegura que dejar de fumar hará que desaparezca el sentimiento de soledad de una persona” y fumar también puede servir para ordenar rutinas y ratos compartidos y, si se retira sin sustituir esa estructura, “el primer efecto puede ser de vacío”.

“Quizás en adelante las estrategias para dejar de fumar puedan incorporar también una dimensión social, facilitando la participación en grupos de apoyo, actividades comunitarias o iniciativas de actividad física que ayuden a cuidar al mismo tiempo la salud física y las relaciones sociales”, reflexiona Vela, que pone el ejemplo de Madrid Salud, “donde conviven programas de prevención del tabaquismo y un proyecto específico de prevención de la soledad no deseada bajo el techo de un mismo organismo público de promoción de la salud”.

Para Ignacio Basurte, por último, los datos del estudio refuerzan la necesidad de contemplar el consumo de tabaco dentro de la salud integral de las personas. “Separar tabaco, salud mental y entorno social probablemente nos hace perder una parte importante del problema”, sostiene el portavoz de la Fundación Patología Dual, que añade que, cuando coinciden en una misma persona trastorno por consumo de tabaco, aislamiento y malestar emocional, los profesionales sanitarios deben mirar a la persona de una forma global y no limitarse únicamente al número de cigarrillos que fuma. “Estas circunstancias pueden alertarnos de una situación de vulnerabilidad y representan una oportunidad para preguntar, escuchar y, cuando sea necesario, ofrecer ayuda”, concluye.

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