Brasil decide el próximo domingo, 25 de octubre, si culmina el giro a la derecha de las grandes economías de América Latina, pues Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú están dirigidas por gobiernos conservadores. Los brasileños pueden sumarse a esa lista si el senador ultra Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente encarcelado Jair Bolsonaro, vence al actual mandatario, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva. En la primera vuelta, el candidato del Partido Liberal, con el 47,03% de los votos, se impuso por dos puntos al líder del Partido de los Trabajadores (45,16%), por lo que el actual presidente debe remontar para mantenerse en el poder.
Brasil decide el próximo domingo, 25 de octubre, si culmina el giro a la derecha de las grandes economías de América Latina, pues Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú están dirigidas por gobiernos conservadores. Los brasileños pueden sumarse a esa lista si el senador ultra Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente encarcelado Jair Bolsonaro, vence al actual mandatario, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva. En la primera vuelta, el candidato del Partido Liberal, con el 47,03% de los votos, se impuso por dos puntos al líder del Partido de los Trabajadores (45,16%), por lo que el actual presidente debe remontar para mantenerse en el poder.
La carrera electoral llega a su recta final con un escenario que pocos días atrás parecía más favorable para Bolsonaro, pero que, a menos de una semana para las urnas, comienza a sonreírle a Lula. Y es que la ventaja que las encuestas daban al candidato derechista se ha reducido en la última semana y ahora mismo hay un empate técnico al 47%, según el agregador de sondeos Polling Data. Otros promedios dan una ligera ventaja al senador ultra de poco más de un punto.
El último sondeo de Datafolha pronosticó el viernes un distancia de solo dos puntos (51% contra 49%) a favor de Bolsonaro. Una semana antes, este mismo instituto demoscópico daba cuatro puntos de ventaja a Bolsonaro (52% frente a 48%). La proyección confirma que ambos candidatos están técnicamente empatados debido a que el margen de error del sondeo es de dos puntos porcentuales hacia arriba o hacia abajo. Teniendo en cuenta los votos totales, Bolsonaro tiene el 47% de la intención de voto en la última encuesta, frente al 45% de Lula. La semana pasada, el senador aparecía con el 49% y el presidente, con el 45%.
Estos datos coinciden con el sondeo de la empresa Quaest, en el que Bolsonaro cuenta con el 46% de la intención de voto y Lula, con el 44%. A pocos días de la segunda vuelta, el 2% de los electores se declaran indecisos y el 6% asegura que votará en blanco o nulo. Según Datafolha, el índice de rechazo de ambos candidatos es similar: un 46% de los votantes afirman que nunca apoyarían a Bolsonaro y un 44% aseguran que jamás elegirían la papeleta de Lula. Además, el 41% del electorado suspende la gestión de Lula frente al 35% que la aprueba.
La campaña entra en su tramo decisivo con el último debate el próximo viernes y ambos candidatos intensificando los ataques, las denuncias y los escándalos en sus actos públicos, en su propaganda electoral y en las redes sociales. El objetivo es llegar a los votantes indecisos, dado que la abstención alcanzó el 21% en la primera vuelta, el porcentaje más alto desde 1998.
Lula tiene otro obstáculo: Bolsonaro acude a las elecciones con el apoyo de casi todos los partidos de derecha y centroderecha que no pasaron a la segunda vuelta. Recibió el respaldo del psiquiatra Augusto Cury, tercer candidato más votado en la primera vuelta (2,89%); del activista de ultraderecha Renan Santos (2,24%), que quedó cuarto; y de los exgobernadores Ronaldo Caiado (2,18%) y Romeu Zema (0,27%), quinto y sexto más votados. Lula, por su parte, tan solo ha sumado a su alianza a partidos de izquierda minoritarios que no concurrieron al primer turno.
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