“Es genial estar de vuelta”. La frase de Meghan Markle este jueves en Nottingham sintetiza más que el mero sentimiento de la duquesa de Sussex al regresar al lugar donde se había estrenado como miembro de la casa real británica, allá por 2017. La visita junto a su marido, Harry, compendia simultáneamente una batería de primeras veces: primer acto conjunto tras su sorprendente retorno al Reino Unido este verano, primera iniciativa pública de Meghan Markle tras abandonar su soleada California natal, primera aparición oficial de la pareja en tierras británicas desde el funeral de Isabel II y, sobre todo, la primera vez que despliegan en el reino de Carlos III su magnetismo ‘royal’, sin estar en nómina de la factoría Windsor.
“Es genial estar de vuelta”. La frase de Meghan Markle este jueves en Nottingham sintetiza más que el mero sentimiento de la duquesa de Sussex al regresar al lugar donde se había estrenado como miembro de la casa real británica, allá por 2017. La visita junto a su marido, Harry, compendia simultáneamente una batería de primeras veces: primer acto conjunto tras su sorprendente retorno al Reino Unido este verano, primera iniciativa pública de Meghan Markle tras abandonar su soleada California natal, primera aparición oficial de la pareja en tierras británicas desde el funeral de Isabel II y, sobre todo, la primera vez que despliegan en el reino de Carlos III su magnetismo ‘royal’, sin estar en nómina de la factoría Windsor.
En Nottingham, el llamado ‘Megxit’ (una mezcla entre el nombre de ella y ‘exit’, “salida” en inglés, inspirada por el Brexit) parecía nunca haber existido. En un universo paralelo, Harry y Meghan protagonizarían exactamente la misma coreografía, la única disparidad era la seguridad oficial. El Ministerio del Interior estudia todavía si restablece la protección pública que la familia disfrutaba cuando formaba parte del organigrama real. El duque de Sussex había llegado a denunciar al Gobierno británico (formalmente denominado el Gobierno de Su Majestad, es decir, de su padre) por la retirada del operativo e incluso manifestó que no podría llevar nunca a su familia a su país de nacimiento, por el riesgo para su seguridad.

El príncipe Harry y su mujer, Meghan Markle, durante su visita a Epic Partners en Nottingham, este 15 de octubre. / JOE GIDDENS / AFP
Harry, con americana y sin corbata, y Meghan, ataviada en tonos granate, con falda tubo, jersey fino y abrigo, visitaron un estudio de grabación comunitario, donde ella participó en un taller de pulseras, una cocina colectiva que promueve un banco de alimentos y un proyecto que apoya a los jóvenes a través del deporte. Cuesta encontrar diferencias con la agenda oficial que cualquier día asumirían Guillermo y la princesa de Gales. En los meses inmediatamente posteriores al compromiso de los duques de Sussex, las dos parejas habían llegado a ser conocidas como ‘Los cuatro fantásticos’, pero las rencillas no tardaron en surgir y no hay contacto desde hace años. Harry contó en su biografía que había llegado a las manos con su hermano, después de que este cuestionara el ritmo al que avanzaba su relación con la actriz de ‘Suits’.
El cisma familiar, de puntillasEl cisma familiar, sin embargo, pasó de puntillas por una jornada saldada con éxito en la que dominó, como es habitual, la expectación de los curiosos, los apretones de manos, los selfis, los ramos de flores y la sonrisa casi permanente de una pareja en aguas inexploradas. El hijo menor del rey había figurado tradicionalmente entre los más queridos de la familia real, pero su popularidad ha caído dramáticamente desde su marcha, aunque no al nivel de su esposa, quien solo es superada en repudio popular por el expríncipe Andrés, actualmente investigado por la policía por sus vínculos con el pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein.

El príncipe Harry y su mujer, Meghan Markle, durante su visita a Epic Partners en Nottingham, este 15 de octubre. / JOE GIDDENS / AFP
Las memorias de él, ‘En la sombra’ (‘Spare’, el título original en inglés), la entrevista con Oprah Winfrey en 2021, en la que alegaron un supuesto racismo en la familia real y, en general, la ambigüedad sobre sus intenciones, más allá de pertenecer a la órbita Windsor, los ha convertido en figuras que polarizan opiniones. En Nottingham fueron agasajados con la cara más amable, pero el desafío acaba de empezar. Ella continúa centrada en su empresa, As Ever, de alimentos de lujo, fundamentalmente confituras, tés y miel; mientras él se mantiene centrado en Invictus, los juegos inspirados en las Olimpiados que fundó para apoyar a veteranos y heridos de guerra.
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Es probable que en el palacio de Buckingham hayan tomado nota de la fascinación que generaron en su primer contacto en Nottingham. Las suspicacias ante la agenda paralela de los Sussex surgieron desde que en agosto anunciasen inesperadamente que regresaban al Reino Unido. La desconfianza es tal que, en septiembre, el rey procedió al inusual movimiento de aclarar públicamente que son ciudadanos privados y que, por tanto, no deben ser tratados como miembros de la casa real. A juzgar por su retorno a Nottingham, resulta difícil creer que el mensaje de Carlos III ha calado.
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