CI. – El 15 de abril de 2023 estalló una guerra en Sudán en la que se enfrentan dos bandos: el ejército sudanés, liderado por el general Abdel Fattah Al-Burhan, quien llegó al poder en 2021 tras un golpe de Estado contra el gobierno de transición surgido de los movimientos revolucionarios que comenzaron en 2018; y […]
CI. – El 15 de abril de 2023 estalló una guerra en Sudán en la que se enfrentan dos bandos: el ejército sudanés, liderado por el general Abdel Fattah Al-Burhan, quien llegó al poder en 2021 tras un golpe de Estado contra el gobierno de transición surgido de los movimientos revolucionarios que comenzaron en 2018; y las Fuerzas de Apoyo Rápido, dirigidas por Mohamed Hamadan Dagalo (conocido como Hemetti). En esta entrevista, Hamad Gamal, del medio Sudfa Media, nos comparte la perspectiva de un tercer bando: el revolucionario que lucha contra el ejército sudanés y contra las Fuerzas de Apoyo Rápido.
Hamad Gamal: Se cumplió el tercer aniversario de esta guerra, que comenzó el 15 de abril de 2023. Estalló justo después de un momento revolucionario muy importante en la historia de Sudán que nos hizo vivir un estado de esperanza y entusiasmo por la construcción de un país libre y digno. La guerra se desató en medio de una movilización revolucionaria que duró más de tres años, por lo que se inscribe en un marco contrarrevolucionario y tiene como objetivo sofocar las movilizaciones del pueblo sudanés.

Fuerzas de Apoyo Rápido (FSR)
Pero también es una guerra que podríamos calificar como “guerra subsidiaria”, ya que ciertos países tienen intereses económicos y geopolíticos en Sudán, y la situación de guerra los beneficia enormemente. Además, podríamos calificarla como imperialista, porque algunos países eligen explotar los recursos naturales del país de manera brutal.
Tras tres años de guerra, el balance es muy grave en términos humanitarios: el número de personas muertas y desplazadas, la destrucción del país, el colapso económico, etc.
Es una situación catastrófica; de hecho, varios informes de la ONU se refieren a la situación actual en Sudán como una de las más graves del mundo. Y todo esto ocurre en un contexto en el que la situación política sigue siendo bastante sombría. No hay esperanza de una solución política; estamos en un escenario en el que la guerra no deja de extenderse por el país. Ahora afecta a zonas que antes no se habían visto afectadas, pero también se reaviva en regiones ya afectadas y en las que ya se había restablecido la calma.
Después de tres años, la guerra sigue muy activa, porque los actores que la financian siguen ahí y las razones de la guerra siguen siendo las mismas. Por lo tanto, esto da muy pocas esperanzas de que se encuentren soluciones en el corto plazo. Por el momento, la guerra ha logrado detener las movilizaciones revolucionarias, al tiempo que ha permitido a muchos actores seguir explotando los recursos del país.

Mujeres de Sudán
Hamad Gamal: Se trata de una guerra por los recursos naturales, y es que la cuestión del extractivismo es un problema que tiene una larga historia en Sudán, ya que el país es muy rico en recursos naturales: hay petróleo, oro, uranio, tierras agrícolas, ganado, etc.
Lamentablemente, en Sudán —al igual que en el Congo y en otros países africanos o no occidentales— estos recursos naturales, en lugar de ser medios útiles para financiar los servicios para la población, se convierten en una maldición, en la medida en que desencadenan la guerra y sumen al país en el caos. Esto es lo que Sudán ha vivido desde la independencia hasta hoy.
Si intentamos reconstruir la historia de este conflicto, debemos remontarnos a la independencia, momento en que estalló la guerra entre Sudán del Sur y Sudán del Norte, principalmente a causa del petróleo existente en el sur. Algunos países apoyaron a la región debido a ello, mientras que otros respaldaron a Sudán del Norte, lo que desembocó en una guerra que se prolongó durante varios años.
Esta situación no afecta únicamente a Sudán del Sur, sino que se ha extendido a otras regiones por los mismos motivos. Por ejemplo, en el este, donde estalló la guerra en la década de 1990 por el control del oro. Es una región muy rica gracias al oro, pero está muy mal administrada. En la región de Darfur, muy rica en petróleo y uranio, se han producido guerras de manera continua que han desestabilizado la región por esas mismas razones.
La guerra que vivimos hoy se inscribe en la continuidad de esas guerras históricas por los recursos naturales. Son guerras de rivalidad entre la agricultura, por un lado, y las poblaciones nómadas, por el otro, ya que la cuestión del reparto de las tierras es muy importante en el conflicto sudanés, pues el Estado no es capaz de ejercer su soberanía sobre la totalidad de los territorios del país. Esto desencadena conflictos entre los grupos nómadas y los grupos dedicados a la agricultura. Además, forma parte de una guerra ecológica en torno a recursos como el agua o la tenencia de la tierra, etc.
En el caso actual, la guerra es una fuente de ingresos en sí misma, porque los intereses de los actores que participan y financian la guerra no se ven amenazados. La exportación de oro continúa a pesar de la guerra. Hay varios informes que hablan del aumento de la producción y la exportación de oro desde Sudán desde el inicio de la guerra.
Pero también hay otros productos importantes, como la goma arábiga, que sigue siendo transportada. Y es extraño, porque se habla mucho de las dificultades que enfrenta la ayuda humanitaria para ingresar a Sudán, debido a la guerra y a que las carreteras no son seguras, pero el oro y la goma arábiga siguen siendo extraídos y exportados fuera de Sudán de manera continua. El mercado mundial depende en un 90% de la goma arábiga sudanesa, y este no se ve afectado por esta guerra.
La guerra es una fuente económica en sí misma que, para ciertos actores, permite explotar los recursos naturales sin verse afectados por el conflicto. Por el contrario, todos los sectores del país relacionados con las necesidades de la población sufren las consecuencias de la guerra: la economía interna, los servicios, la seguridad, la ayuda humanitaria.

Movilización Popular en Sudán
Hamad Gamal: Cuando hablamos de las potencias imperialistas que intervienen en Sudán, hay que mencionar a muchas, porque es un país rico y por lo mismo atrae mucho interés externo; como sabemos, esto además provoca múltiples conflictos en torno al reparto del pastel.
Se ha hablado del oro, y uno de los países más activos en la guerra por el oro son los Emiratos Árabes Unidos, un país pequeño pero muy activo en la desestabilización de Sudán, y en particular en la región del Cuerno de África. Los Emiratos también buscan explotar las tierras agrícolas de Sudán.
También está Rusia, que explota el oro en Sudán desde hace mucho tiempo y que cambia de interlocutor o de aliado según sus intereses. En un momento dado, Rusia se acercó a las Fuerzas de Apoyo Rápido, pero luego se pasó al bando del ejército sudanés.
Otro país presente es Egipto, cuya economía depende en gran medida de Sudán, sobre todo en lo que respecta a sus productos agrícolas, como los cereales, y en general para su abastecimiento alimentario. Ya sea que se trate de ganado o de productos agrícolas, creo que más del 50% de las importaciones provienen de Sudán, por lo que existe un gran interés en controlar esta región y explotar estas tierras.
El papel de Egipto ha sido muy importante en los últimos años para detener y sofocar la movilización del pueblo sudanés, ya que sabe que si la revolución llega hasta el final, esto amenaza los intereses egipcios. Egipto desempeñó un papel crucial en 2021 al alentar al ejército a dar un golpe de Estado contra el gobierno de transición, lo que cambió brutalmente la trayectoria de Sudán.
Por último, también están China, Turquía y Estados Unidos en la contienda por el control del mar Rojo, que se encuentra en una zona muy estratégica. Creo que el conflicto actual en Asia suroccidental pone de manifiesto la importancia del mar Rojo, que une el Mediterráneo con el océano Índico. Estos países siempre han buscado el control de esta zona para instalar bases militares. En resumen, Sudán es un terreno abierto para todas las regiones, donde cada uno busca su parte del pastel.
Hamad Gamal: Las movilizaciones por la soberanía nunca se detienen, aunque se vuelva complejo hacerlas por el contexto de la guerra, que impuso otras prioridades y una agenda diferente que antes no existía. Tanto dentro del país como entre el pueblo sudanés en el exilio hay una búsqueda constante para seguir el camino de la protesta y la resistencia. Desde el interior del país se pueden observar movimientos de resistencia en favor de la soberanía alimentaria, especialmente en contextos de asedio, donde las cuestiones alimentarias se han convertido en un arma de guerra.
Por lo tanto, en su lucha contra estas lógicas imperialistas y colonialistas y contra esta arma de guerra que les mata de hambre, el pueblo sudanés busca imponer alternativas o soluciones locales.
Hoy en día se observa que en las salas de emergencia y entre los grupos humanitarios de Sudán se están desarrollando muchos huertos colectivos. La gente cultiva la tierra con los productos que necesita para no depender del exterior, siguiendo una lógica de la soberanía alimentaria.
Al mismo tiempo, también buscan recursos que permitan desarrollar estos proyectos sin depender de grandes estructuras globales, que imponen una determinada agenda y ciertas condiciones; así, para obtener los recursos, estas estructuras recurren más a la diáspora sudanesa que a las subvenciones internacionales. Es una forma de recuperar el control apoyándose en esfuerzos colectivos que imponen menos condiciones, restricciones y agendas políticas ocultas.
Fuera del país seguimos manteniendo esta perspectiva; tratamos de hacer que la organización revolucionaria dependa lo menos posible de financiación que provenga de ciertas organizaciones. Porque en el caso de Sudán hay mucha financiación problemática que puede llegar incluso a provenir de la extrema derecha occidental, la cual considera que las personas compañeras en Sudán son el bando progresista que lucha contra el islam político, y toma a estas personas como aliadas por defecto.
Pero la realidad es muy diferente, aunque las personas revolucionarias estamos en contra del islam político, evidentemente no estamos del lado de la extrema derecha que instrumentaliza este tema. Estamos muy pendientes de no crear dependencias ni aceptar cualquier tipo de financiamiento en el contexto del exilio, en el que la gente no cuenta con muchos recursos, especialmente en ciertos países como Kenia, Uganda o Egipto, donde las cuestiones económicas siguen siendo muy importantes.
Pero sí, la cuestión de la soberanía es una de las más presentes en nuestras reflexiones. Esto se debe a que en los últimos años muchos países han desempeñado un papel fundamental en la interrupción de las movilizaciones en Sudán, al desplegar considerables recursos y financiar a partidos políticos y a las élites sudanesas, lo que finalmente contribuyó al estallido de la guerra.
Por eso hoy, con la esperanza de no repetir los mismos problemas, la gente está muy atenta a los temas de financiamiento, con la idea de que esa soberanía política pasa por la soberanía económica.

Mujeres de Sudán
Hamad Gamal: Sí, podría decir que hoy se habla mucho de la ausencia de la comunidad internacional en Sudán, pero, en cierto modo, me gustaría decir que es mejor así: esa ausencia nos ha permitido crear vínculos con otras fuerzas que son muy importantes, aunque no cuenten con las mismas capacidades. Esto nos ha permitido acercarnos a colectivos y organizaciones con los que compartimos visiones políticas, valores y líneas de acción, tanto sobre la situación mundial en general como sobre la situación en Sudán en particular.
Nos ha dado la oportunidad de forjar vínculos con muchos grupos de aquí que son muy sensibles y están muy atentos a ciertos temas, sobre todo al colonialismo o a cuestiones como el respeto y el lugar que ocupan las personas afectadas en los debates relacionados con su país o su situación. Así que, la verdad, no lamento que la comunidad internacional no se haya movilizado en Sudán cuando veo las movilizaciones de la sociedad civil aquí y a las personas con quienes compartimos una visión revolucionaria —o al menos, radical— sobre la construcción de un mundo más equilibrado y más justo.
CI SC/FC/08/10/2026/12:00
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