Libertad, miembro de la organización marxista-revolucionaria surgida en 2024 e integrada en el Movimiento Socialista, desgrana cómo sus banderas rojas ganan terreno en la acampada, la movilización por la vivienda y la calle en general: "Cada vez más gente pregunta por nosotros y se interesa en militar"El quién es quién de Sol, donde más de 40 colectivos integran la acampada entre miles de manifestantes
Cuando el Congreso tumbó los decretos de vivienda con los votos de PP, Vox y Junts el pasado 2 de octubre, la gran movilización que se produjo junto al hemiciclo durante toda la mañana había ya disminuido sensiblemente. La mayoría de personas que permanecían en la Carrera de San Jerónimo y que protagonizaron el estallido de rabia tras la decisión parlamentaria pertenecían a una única organización, una de las grandes protagonistas en Sol —más allá del Sindicato de Inquilinas— desde la primera noche de acampada tras la manifestación del 26 de septiembre. La misma que ha convertido las banderas rojas en uno de los elementos más reconocibles de Sol y de las marchas por la vivienda: la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS).
Libertad, que conversa con Somos Madrid en la Puerta del Sol, se define como “una militante más” de CJS. Pero fue precisamente la primera persona que tomó la palabra ante los medios cuando las derechas rechazaron las medidas impulsadas por el Gobierno central después del traumático desahucio de Maricarmen. “Que ni siquiera hayan podido aprobar estos parches nos muestra que lo único que este sistema puede ofrecernos a la clase trabajadora es una vida de humillación y explotación. Tenemos que seguir luchando”, declaró con rabia “Líber”, delante de una pancarta con el mensaje “PSOE y Sumar, responsables de nuestra miseria”.
CJS es seguramente el grupo que más visibilidad ha logrado en las últimas semanas al margen del citado Sindicato. Se trata de la rama joven del Movimiento Socialista, corriente surgida a finales de la década pasada en Euskadi que en pocos años ha logrado implantación por todo el país, en gran medida impulsada por el desencanto de muchos militantes del PCE ante su institucionalización. También, dice Líber, por “un proceso de crítica de lo que había sido el ciclo del 15M debido a su canalización de toda esa energía de las calles hacia una representación institucional incapaz de conseguir mejoras mínimas para la clase trabajadora”.
La llegada del Movimiento Socialista a la capital, por entonces bajo el nombre Encuentro por el Proceso Socialista, estuvo muy ligada a la okupación de dos espacios para establecer “un despliegue político donde se pudiera intervenir en lo local”. Así hablaban miembros de la organización de su papel en La Yuntera y El Arrabal, situados en los distritos de Latina y Tetuán, respectivamente.
Por aquel entonces, marzo de 2024, lanzaron además una sobria, pero intensa campaña en redes sociales. Es el estilo comunicativo digital que les sigue caracterizando dos años después, con mensajes directos y fácilmente entendibles, pero desprovistos de la habitual ligereza de las campañas políticas de corte institucional. Superan los 20.000 seguidores en X y los 33.000 en Instagram, aunque Líber recalca que tienen claro que sus principales tareas están en las calles.
Organización y disciplina para construir un horizonte de máximos
“Lo que nos define son los principios del marxismo revolucionario”, resume. “La sociedad capitalista está dividida en clases y es necesario plantear no una reforma de ella, sino una transformación completa mediante la abolición de la propiedad privada y la organización, en base a los principios de la planificación social y las necesidades de una mayoría”, expone. Otorgan un papel primordial a “la militancia disciplinada, el estudio de la teoría marxista y la independencia política”.
Liber, militante de la Coordinadora Juvenil Socialista, tras la entrevista desde la acampada de Sol.
Creen que su propuesta de máximos es la más idónea para resolver problemas como el del acceso a la vivienda, motor de las movilizaciones sociales de las últimas semanas: “Mientras las necesidades sociales estén organizadas en función de las del capital, van a seguir ocurriendo situaciones como la de Maricarmen y en general todo lo que sucede con la cuestión de la vivienda. También con lo que vemos en cuanto a los bajos salarios, la degradación ecológica... sin una transformación completa, no vamos a superar estas situaciones”.
A la hora de aterrizar esas ideas y en concreto en materia de vivienda, plantean medidas como “la prohibición de la especulación y su uso como bien de mercado, la expropiación del patrimonio especulativo o la planificación social de las viviendas a nivel de construcción, pero también de planificación o rehabilitación para que sean universales, gratuitas y de calidad”. Un programa que depende, sostienen, de que “la clase trabajadora tome el poder político y genere una sociedad donde las necesidades se planifiquen al servicio de una mayoría”. Por ello, abogan por “una denuncia crítica del conjunto de situaciones que vive la clase trabajadora, no solo la vivienda, que integre los diferentes procesos de lucha mediante una solución real que pasa por ser revolucionaria”.
Para CJS, tan definitorios son los postulados como “la forma organizativa”: “Nos basamos en la militancia, el trabajo cotidiano, la lucha y la formación”. De hecho, Líber resta importancia a los focos que comienzan a recibir estos días y vincula este éxito a los años de trabajo previo: “La construcción organizativa tiene que ir más allá de un día o una semana y no se inicia cuando están las cámaras, sino en lo cotidiano. En asambleas juveniles en los barrios, en las universidades, en procesos de lucha previos relacionados con la vivienda y los desahucios o con la cuestión de la mujer trabajadora...”.
La construcción organizativa tiene que ir más allá de un día o una semana y no se inicia cuando están las cámaras, sino en lo cotidiano. En asambleas juveniles en los barrios, en las universidades, en procesos de lucha previos...
Libertad
— Militante de la Coordinadora Juvenil Socialista
Líber contrasta esta implantación previa ignorada o minusvalorada por altavoces comunicativos con la constante atención hacia movimientos de extrema derecha a su juicio minoritarios: “Los medios de comunicación han aupado de manera permanente e intencionada el relato de que la juventud es de derechas. No es cierto. Las organizaciones socialistas tenemos mucho más peso que las fascistas, pero no su cobertura mediática. Lo que hemos visto en los últimos tiempos han sido grandes movilizaciones antifascistas con un preponderante carácter de clase. Han sido mayores que las fascistas, a los que se ha expulsado y desenmascarado como perros de la burguesía en cuanto no les apunta una cámara, pero se ha seguido con un relato falso de la derechización de los jóvenes. Es evidente que hay un giro reaccionario aquí y en todo el mundo, pero la realidad es distinta a la de ese discurso desmovilizador”.
Más allá de esa falta de presencia en medios, Líber cuestiona “lo que siempre se nos decía: que nuestra propuesta era imposible”. “En los últimos años, se ha dicho que el marxismo estaba muerto y había que renunciar a los principios revolucionarios, que solo podíamos plegarnos al reformismo y las propuestas de mínimos para conseguir un impacto masivo. En cambio, hemos conseguido crecer hacia una apuesta de masas sin renunciar a uno solo de nuestros principios”, sentencia.
Todo al rojo en la acampada
Como recuerda la militante, CJS ha estado presente en la acampada de Sol “desde un primer momento”. Se hicieron notar liderando muchos de los cánticos en aquella protesta del 26 de septiembre que acabó frente a la Real Casa de Correos. “Siempre hemos querido ver qué podíamos aportar con nuestra militancia organizada, nuestra implantación territorial y nuestros principios políticos, pero entendiendo que participan muchos otros colectivos y somos un agente más dentro de ella. Debemos contribuir sin apropiarnos de ella y sin perder nuestra presencia en acampadas de otras comunidades autónomas y en general en los procesos de lucha. La fuerza que está en Sol debe seguir movilizada dentro de unos años en las calles, los institutos, las universidades y los centros de trabajo”.
En cuanto a la continuidad, aclara: “No depende de nosotros, somos uno más de los agentes presentes”. Subraya eso sí “el carácter de punto de encuentro entre organizaciones y entre la clase trabajadora que está suponiendo, como se pudo comprobar en la comunión espontánea que se generó cuando se conoció la muerte de Maricarmen”. Eso sí, circunscribe la acampada a “una herramienta, que ha sido importantísima, pero tras la cual nos seguirán quedando muchos otros medios de lucha”.
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Pese a ese mensaje de colaboración durante el asentamiento en Sol, estas dos semanas también han marcado un perfil propio que les ha convertido en una de las organizaciones más destacadas de la acampada. Se han decantado por ir más allá de las asambleas, de su puesto cerca de la calle Carretas o de las movilizaciones convocadas por el Sindicato de Inquilinas. “Hacemos apuestas propias que creemos que pueden ser importantes, como la reclama nocturna [otra manifestación junto al Congreso en la noche del 2 de octubre], donde plantear nuestro punto de vista diferencial”.
Esa agitación propia ha hecho de la bandera roja, gran símbolo de las protestas de CJS, uno de los elementos más reconocibles en Sol. “Es positivo. Al final no es la bandera del Movimiento Socialista, sino la de la clase trabajadora organizada. Para nosotros recuperarla era fundamental, no es una cuestión corporativa. Ojalá siga habiendo miles de jóvenes luchando debajo de ella”, opina Líber.
La bandera roja no es la del Movimiento Socialista, sino la de la clase trabajadora organizada. Para nosotros recuperarla era fundamental, no es una cuestión corporativa. Ojalá siga habiendo miles de jóvenes luchando debajo de ella
Aunque sin aportar cifras concretas, reconoce que ese protagonismo se ha traducido ya en un aumento del número de militantes: “Cada vez más gente pregunta por nosotros y se interesa en militar, colaborar o conocer nuestra apuesta política”. No obstante, apostilla que “lo importante más allá de las cifras es convertir ese interés en un compromiso duradero y organizado”. Una penetración social que permita tomar medidas de cambio “que no queden aisladas” y “desemboquen en la toma del poder político” mediante “un gran partido de masas comunista a escala europea, el nivel al que está organizado la burguesía”. Y añade: “No renunciamos hasta entonces a pequeñas reformas que ayuden a mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, pero serán impotentes sin ese marco más amplio”.
En cuanto a sus próximos y más inmediatos pasos, CJS apoya la convocatoria de huelga general del 11 de noviembre promovida por el Sindicato de Inquilinas y lanzada por sindicatos laborales, ante la cual han presentado “más de 100 comités para la juventud trabajadora para ejercer un trabajo a nivel barrial y que la gente siga organizándose más allá de Sol”.
Con más tibieza reciben el adelanto de los comicios anunciado por Pedro Sánchez al calor de las movilizaciones por la vivienda. “Han gobernado ocho años y no han hecho nada hasta que la situación de Maricarmen ha obligado a unas medidas mínimas”, critica Líber.
Desde CJS recalcan que su posición no es necesariamente abstencionista de cara al 29N o en los procesos electorales en general, pero defienden que la frustración generada por la caída de los decretos de vivienda ante la aritmética parlamentaria refuerza su visión: “Lo primordial es aportar por la organización de clase hacia medidas realmente emancipatorias”. Un potente discurso con el que buscan canalizar la efervescencia de un panorama social al rojo vivo.
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Cuando el Congreso tumbó los decretos de vivienda con los votos de PP, Vox y Junts el pasado 2 de octubre, la gran movilización que se produjo junto al hemiciclo durante toda la mañana había ya disminuido sensiblemente. La mayoría de personas que permanecían en la Carrera de San Jerónimo y que protagonizaron el estallido de rabia tras la decisión parlamentaria pertenecían a una única organización, una de las grandes protagonistas en Sol —más allá del Sindicato de Inquilinas— desde la primera noche de acampada tras la manifestación del 26 de septiembre. La misma que ha convertido las banderas rojas en uno de los elementos más reconocibles de Sol y de las marchas por la vivienda: la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS).
Libertad, que conversa con Somos Madrid en la Puerta del Sol, se define como “una militante más” de CJS. Pero fue precisamente la primera persona que tomó la palabra ante los medios cuando las derechas rechazaron las medidas impulsadas por el Gobierno central después del traumático desahucio de Maricarmen. “Que ni siquiera hayan podido aprobar estos parches nos muestra que lo único que este sistema puede ofrecernos a la clase trabajadora es una vida de humillación y explotación. Tenemos que seguir luchando”, declaró con rabia “Líber”, delante de una pancarta con el mensaje “PSOE y Sumar, responsables de nuestra miseria”.
CJS es seguramente el grupo que más visibilidad ha logrado en las últimas semanas al margen del citado Sindicato. Se trata de la rama joven del Movimiento Socialista, corriente surgida a finales de la década pasada en Euskadi que en pocos años ha logrado implantación por todo el país, en gran medida impulsada por el desencanto de muchos militantes del PCE ante su institucionalización. También, dice Líber, por “un proceso de crítica de lo que había sido el ciclo del 15M debido a su canalización de toda esa energía de las calles hacia una representación institucional incapaz de conseguir mejoras mínimas para la clase trabajadora”.
La llegada del Movimiento Socialista a la capital, por entonces bajo el nombre Encuentro por el Proceso Socialista, estuvo muy ligada a la okupación de dos espacios para establecer “un despliegue político donde se pudiera intervenir en lo local”. Así hablaban miembros de la organización de su papel en La Yuntera y El Arrabal, situados en los distritos de Latina y Tetuán, respectivamente.
Por aquel entonces, marzo de 2024, lanzaron además una sobria, pero intensa campaña en redes sociales. Es el estilo comunicativo digital que les sigue caracterizando dos años después, con mensajes directos y fácilmente entendibles, pero desprovistos de la habitual ligereza de las campañas políticas de corte institucional. Superan los 20.000 seguidores en X y los 33.000 en Instagram, aunque Líber recalca que tienen claro que sus principales tareas están en las calles.
Organización y disciplina para construir un horizonte de máximos“Lo que nos define son los principios del marxismo revolucionario”, resume. “La sociedad capitalista está dividida en clases y es necesario plantear no una reforma de ella, sino una transformación completa mediante la abolición de la propiedad privada y la organización, en base a los principios de la planificación social y las necesidades de una mayoría”, expone. Otorgan un papel primordial a “la militancia disciplinada, el estudio de la teoría marxista y la independencia política”.
Creen que su propuesta de máximos es la más idónea para resolver problemas como el del acceso a la vivienda, motor de las movilizaciones sociales de las últimas semanas: “Mientras las necesidades sociales estén organizadas en función de las del capital, van a seguir ocurriendo situaciones como la de Maricarmen y en general todo lo que sucede con la cuestión de la vivienda. También con lo que vemos en cuanto a los bajos salarios, la degradación ecológica... sin una transformación completa, no vamos a superar estas situaciones”.
A la hora de aterrizar esas ideas y en concreto en materia de vivienda, plantean medidas como “la prohibición de la especulación y su uso como bien de mercado, la expropiación del patrimonio especulativo o la planificación social de las viviendas a nivel de construcción, pero también de planificación o rehabilitación para que sean universales, gratuitas y de calidad”. Un programa que depende, sostienen, de que “la clase trabajadora tome el poder político y genere una sociedad donde las necesidades se planifiquen al servicio de una mayoría”. Por ello, abogan por “una denuncia crítica del conjunto de situaciones que vive la clase trabajadora, no solo la vivienda, que integre los diferentes procesos de lucha mediante una solución real que pasa por ser revolucionaria”.
Para CJS, tan definitorios son los postulados como “la forma organizativa”: “Nos basamos en la militancia, el trabajo cotidiano, la lucha y la formación”. De hecho, Líber resta importancia a los focos que comienzan a recibir estos días y vincula este éxito a los años de trabajo previo: “La construcción organizativa tiene que ir más allá de un día o una semana y no se inicia cuando están las cámaras, sino en lo cotidiano. En asambleas juveniles en los barrios, en las universidades, en procesos de lucha previos relacionados con la vivienda y los desahucios o con la cuestión de la mujer trabajadora...”.
La construcción organizativa tiene que ir más allá de un día o una semana y no se inicia cuando están las cámaras, sino en lo cotidiano. En asambleas juveniles en los barrios, en las universidades, en procesos de lucha previos...
Libertad — Militante de la Coordinadora Juvenil Socialista
Líber contrasta esta implantación previa ignorada o minusvalorada por altavoces comunicativos con la constante atención hacia movimientos de extrema derecha a su juicio minoritarios: “Los medios de comunicación han aupado de manera permanente e intencionada el relato de que la juventud es de derechas. No es cierto. Las organizaciones socialistas tenemos mucho más peso que las fascistas, pero no su cobertura mediática. Lo que hemos visto en los últimos tiempos han sido grandes movilizaciones antifascistas con un preponderante carácter de clase. Han sido mayores que las fascistas, a los que se ha expulsado y desenmascarado como perros de la burguesía en cuanto no les apunta una cámara, pero se ha seguido con un relato falso de la derechización de los jóvenes. Es evidente que hay un giro reaccionario aquí y en todo el mundo, pero la realidad es distinta a la de ese discurso desmovilizador”.
Más allá de esa falta de presencia en medios, Líber cuestiona “lo que siempre se nos decía: que nuestra propuesta era imposible”. “En los últimos años, se ha dicho que el marxismo estaba muerto y había que renunciar a los principios revolucionarios, que solo podíamos plegarnos al reformismo y las propuestas de mínimos para conseguir un impacto masivo. En cambio, hemos conseguido crecer hacia una apuesta de masas sin renunciar a uno solo de nuestros principios”, sentencia.
Todo al rojo en la acampadaComo recuerda la militante, CJS ha estado presente en la acampada de Sol “desde un primer momento”. Se hicieron notar liderando muchos de los cánticos en aquella protesta del 26 de septiembre que acabó frente a la Real Casa de Correos. “Siempre hemos querido ver qué podíamos aportar con nuestra militancia organizada, nuestra implantación territorial y nuestros principios políticos, pero entendiendo que participan muchos otros colectivos y somos un agente más dentro de ella. Debemos contribuir sin apropiarnos de ella y sin perder nuestra presencia en acampadas de otras comunidades autónomas y en general en los procesos de lucha. La fuerza que está en Sol debe seguir movilizada dentro de unos años en las calles, los institutos, las universidades y los centros de trabajo”.
En cuanto a la continuidad, aclara: “No depende de nosotros, somos uno más de los agentes presentes”. Subraya eso sí “el carácter de punto de encuentro entre organizaciones y entre la clase trabajadora que está suponiendo, como se pudo comprobar en la comunión espontánea que se generó cuando se conoció la muerte de Maricarmen”. Eso sí, circunscribe la acampada a “una herramienta, que ha sido importantísima, pero tras la cual nos seguirán quedando muchos otros medios de lucha”.
Pese a ese mensaje de colaboración durante el asentamiento en Sol, estas dos semanas también han marcado un perfil propio que les ha convertido en una de las organizaciones más destacadas de la acampada. Se han decantado por ir más allá de las asambleas, de su puesto cerca de la calle Carretas o de las movilizaciones convocadas por el Sindicato de Inquilinas. “Hacemos apuestas propias que creemos que pueden ser importantes, como la reclama nocturna [otra manifestación junto al Congreso en la noche del 2 de octubre], donde plantear nuestro punto de vista diferencial”.
Esa agitación propia ha hecho de la bandera roja, gran símbolo de las protestas de CJS, uno de los elementos más reconocibles en Sol. “Es positivo. Al final no es la bandera del Movimiento Socialista, sino la de la clase trabajadora organizada. Para nosotros recuperarla era fundamental, no es una cuestión corporativa. Ojalá siga habiendo miles de jóvenes luchando debajo de ella”, opina Líber.
La bandera roja no es la del Movimiento Socialista, sino la de la clase trabajadora organizada. Para nosotros recuperarla era fundamental, no es una cuestión corporativa. Ojalá siga habiendo miles de jóvenes luchando debajo de ella
Aunque sin aportar cifras concretas, reconoce que ese protagonismo se ha traducido ya en un aumento del número de militantes: “Cada vez más gente pregunta por nosotros y se interesa en militar, colaborar o conocer nuestra apuesta política”. No obstante, apostilla que “lo importante más allá de las cifras es convertir ese interés en un compromiso duradero y organizado”. Una penetración social que permita tomar medidas de cambio “que no queden aisladas” y “desemboquen en la toma del poder político” mediante “un gran partido de masas comunista a escala europea, el nivel al que está organizado la burguesía”. Y añade: “No renunciamos hasta entonces a pequeñas reformas que ayuden a mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, pero serán impotentes sin ese marco más amplio”.
En cuanto a sus próximos y más inmediatos pasos, CJS apoya la convocatoria de huelga general del 11 de noviembre promovida por el Sindicato de Inquilinas y lanzada por sindicatos laborales, ante la cual han presentado “más de 100 comités para la juventud trabajadora para ejercer un trabajo a nivel barrial y que la gente siga organizándose más allá de Sol”.
Con más tibieza reciben el adelanto de los comicios anunciado por Pedro Sánchez al calor de las movilizaciones por la vivienda. “Han gobernado ocho años y no han hecho nada hasta que la situación de Maricarmen ha obligado a unas medidas mínimas”, critica Líber.
Desde CJS recalcan que su posición no es necesariamente abstencionista de cara al 29N o en los procesos electorales en general, pero defienden que la frustración generada por la caída de los decretos de vivienda ante la aritmética parlamentaria refuerza su visión: “Lo primordial es aportar por la organización de clase hacia medidas realmente emancipatorias”. Un potente discurso con el que buscan canalizar la efervescencia de un panorama social al rojo vivo.