Un psicólogo nos ayuda a diferenciar estas tipologías para que, al menos, puedas hablar de tus exparejas con la terminología correcta.
Aunque las redes sociales han popularizado ciertos términos psicológicos de manera que en las conversaciones del día a día aparecen con una asombrosa cotidianeidad, es innegable que en muchos casos no estamos haciendo un buen uso de ellos.
Cuando al analizar el comportamiento de alguna expareja recurrimos a ciertos conceptos sin saber en realidad si tiene sentido hacerlo, convertimos muchos discursos en una trampa y en un terreno resbaladizo. Porque, queridas lectoras, pese a que es probable que efectivamente vuestro ex sí tuviera algún rasgo que coqueteara con el narcisismo, también hay muchísimas posibilidades de que en realidad tan solo fuera un imbécil egocéntrico y carente de empatía.
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Pero que la cosa no acabara bien no debería ser excusa para caer en el victimismo facilón y el encasillamiento del otro en algo que no es. «Hoy en día, ser víctima tiene muchas ganancias. Y ojo con esto: no significa que no señalemos y atendamos el dolor de las víctimas de este tipo de perfiles, que son horribles. Pero hay que evitar banalizar las etiquetas y entender cómo, desde dónde y para qué las utilizamos», advierte Buenaventura del Charco, psicólogo en Estar Contigo Terapia. Por eso, es tan importante distinguir entre un narcisista, un psicópata y un sociópata.
Una pista: la diferencia esencial radica en la estabilidad de esos rasgos, en su nula empatía y en su dificultad para sentir realmente algo más allá de su impulso o necesidad.
Tildar a tu ex de narcisista, es narcisismoLa psicóloga clínica estadounidense Ramani Durvasula describe el narcisismo como «un estilo de personalidad asociado con empatía baja, variable y performativa. No es una ausencia de empatía, sino que esta es inconsistente. La persona narcisista tiene un egocentrismo y una grandiosidad patológicos, sumado a una necesidad excesiva de validación y admiración. Sienten mucha angustia si esa admiración no llega». Pero de ahí a que tu ex encajara en ese perfil hay cierta distancia.
El psicólogo del Charco aclara que menos del 1% de la población tiene un perfil narcisista. Pero convertido en adjetivo, engancha. Hace parecer al otro como un villano de telefilme. «Preferimos demonizar al otro y convertirlo en alguien perverso». El experto explica que buscamos una explicación sencilla a algo complejo (por qué alguien que queremos y nos quiere nos acaba haciendo daño y nosotros lo permitimos) y poder obtener las ganancias de ser una víctima (algo que da autoridad moral y legitimidad en la sociedad moderna del discurso de minorías).
«Posicionarnos como víctima nos ayuda a perdonarnos, darnos permiso y entender lo vivido», añade. La paradoja reside en que etiquetar fácilmente como narcisista al otro es profundamente narcisista, ya que «tachamos al otro de perverso por no haber empatizado, por priorizarse o por ser protagonista de la historia».
Manipulador maligno con otro nombreTachar a alguien de sociópata porque no quería quedar con tus amigos puede ser excesivo. Meterle en el saco de los psicópatas por no hacer buenas migas con tu perro, también es pasarse de frenada. El Manual DSM-5 declara que el psicópata nace con rasgos biológicos y cerebrales que limitan su empatía. El sociópata, en cambio, debe ese odio a los demás a traumas de la infancia o a defectos en la educación. «El sociópata es más impulsivo, mientras que el psicópata suele ser más frío y controlado. El narcisista, sin embargo, tiene una necesidad de reconocimiento y atención que no existe en los otros dos», dice el psicólogo.
Matiza que hay que tener en cuenta que no es lo mismo tener rasgos que tener un trastorno completo. Además, «puede haber comorbilidad, es decir, que se den dos o más cosas a la vez». También es importante aclarar aquí que no hay personas 100% psicópatas y 0% sociópatas, pues los trastornos se mezclan entre ellos. Considera que el más peligroso es el psicópata por su no impulsividad y su capacidad de no sentir. «Los otros tienden a evidenciarse más y poseen menos capacidad de autocontrol cuando las cosas no salen como quieren», asegura.
El criminólogo y psicólogo Vicente Garrido explicó en el podcast de Jordi Wild que el narcisista necesita mucho más la adulación de los demás y se cree sus propias mentiras, por lo que es más impulsivo que el psicópata. Sin embargo, es menos peligroso para su núcleo cercano. Y aun así, recomienda «evitar cualquier relación cercana con alguien narcisista».
Simplemente... un cretinoPor mucho que cueste aceptarlo, en la mayor parte de los casos esa persona que nos ha hecho daño no tiene un perfil psiquiátrico relevante. ¿Cómo saber cuándo se trata, sencillamente, de un cretino de manual? De entrada, cuando ese sujeto del que usted me habla, aunque sea capaz de ponerse en el lugar del otro, a menudo decide ignorarlo por egoísmo. De hecho, tiende a actuar por conveniencia, pereza social o falta de educación. No pone en marcha estrategias maquiavélicas, ni busca destruir de forma sistemática el equilibrio emocional de los demás. Que no quita para que sea, en muchas ocasiones es desagradable y maleducado.
Si le señalan de forma clara cómo se ha comportado o si recapacita, puede sentir vergüenza o culpa. Lo habitual es que pensemos que hemos estado con un narcisista cuando es harto probable que fuera solo un imbécil. Y punto. Lo esencial es diferenciar entre las diferentes tipologías y, sobre todo, reflexionar acerca de por qué, en el caso de que siempre terminemos con perfiles similares, nos atrae ese tipo de personas.
Un apunte final: todas hemos estado con algún cretino, por lo que, por favor, que nadie se culpe a sí misma por haber caído en su trampa.
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