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Del fracaso en taquilla al éxito en streaming

Дата публикации: 26-09-2026 08:01:03

A lo largo de la temporada cinematográfica, estamos acostumbrados a qué títulos en los que las productoras confiaban se estrellen estrepitosamente en taquilla. Hubo un tiempo en que esas cifras se remontaban en el mercado del vídeo doméstico. Ahora es el streaming el que puede dar esa segunda vida. Los últimos movimientos en la taquilla veraniega pueden dejar desconcertado al analista y llevarle a diagnósticos que pueden parecer salidos de una barra de bar. "The Mandalorian" y "Supergirl" eran dos de esos títulos con los que Disney y Warner pretendían romper la taquilla estival. No fue así. La nueva entrega de la saga de Star Wars y las aventuras de la última hija de Krypton acabaron recaudando menos de lo que costó hacerlas. Ya estaban afilando los cuchillos quienes frecuentemente recurren al socorrido diagnóstico de "fatiga superheroica", cuando llegó la cuarta entrega de la saga de Spider-Man protagonizada por Tom Holland para echar por tierra estos pronósticos, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras de todos los tiempos. El estreno de las otras dos películas supuestamente fracasadas en sus correspondientes plataformas de streaming ha supuesto un vuelco acumulando entre ambas 35 millones de espectadores en apenas dos semanas. Todos aquellos que les dieron la espalda y no las disfrutaron en el cine, se han reenganchado tras su llegada al streaming.

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A lo largo de la temporada cinematográfica, estamos acostumbrados a qué títulos en los que las productoras confiaban se estrellen estrepitosamente en taquilla. Hubo un tiempo en que esas cifras se remontaban en el mercado del vídeo doméstico. Ahora es el streaming el que puede dar esa segunda vida. Los últimos movimientos en la taquilla veraniega pueden dejar desconcertado al analista y llevarle a diagnósticos que pueden parecer salidos de una barra de bar. "The Mandalorian" y "Supergirl" eran dos de esos títulos con los que Disney y Warner pretendían romper la taquilla estival. No fue así. La nueva entrega de la saga de Star Wars y las aventuras de la última hija de Krypton acabaron recaudando menos de lo que costó hacerlas. Ya estaban afilando los cuchillos quienes frecuentemente recurren al socorrido diagnóstico de "fatiga superheroica", cuando llegó la cuarta entrega de la saga de Spider-Man protagonizada por Tom Holland para echar por tierra estos pronósticos, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras de todos los tiempos. El estreno de las otras dos películas supuestamente fracasadas en sus correspondientes plataformas de streaming ha supuesto un vuelco acumulando entre ambas 35 millones de espectadores en apenas dos semanas. Todos aquellos que les dieron la espalda y no las disfrutaron en el cine, se han reenganchado tras su llegada al streaming.

Hay una diferencia importante entre no querer ver una película y no querer pagar una entrada para verla. Durante años, el seguidor de las grandes franquicias ha sido denostado tanto por la industria como por la propia crítica al reducirle como un consumidor casi automático. Bastaba con colocar el logotipo de Marvel, DC o Lucasfilm en un cartel para generar la sensación de que había que estar allí el primer fin de semana y que iba a ir a verla con independencia de la calidad del producto. Ese modelo ya no funciona igual. El espectador actual tiene muchas más opciones y, además, conoce perfectamente cómo funciona la vida comercial de una película. Sabe que lo que hoy cuesta una entrada individual acabará formando parte, tarde o temprano, de una suscripción que ya está pagando. La pregunta, por tanto, ya no es simplemente "¿quiero ver esta película?". Es otra: "¿Quiero pagar ahora por verla en el cine o prefiero esperar a verla en casa?". Un cambio aparentemente pequeño que modifica por completo las reglas del juego.

"Spider-Man: Brand New Day" ha vuelto a demostrar que el personaje conserva una enorme capacidad para movilizar al público. Algo parecido ocurrió anteriormente con "Guardianes de la Galaxia Vol. 3", que consiguió romper la inercia negativa que atravesaban otras producciones de Marvel en aquellos años. El propio Hombre Araña ya había demostrado con su anterior entrega su capacidad de arrastrar a los espectadores masivamente a las salas de cine en plena época de las restricciones de la pandemia. Una cinta que tenía el aliciente de reunir a todos los actores que habían encarnado al personaje en una misma película y que se convirtió en un evento que nos recordó a los tiempos de "Vengadores Endgame", que por cierto vuelve este fin de semana a los cines con un metraje adicional para preparar el terreno al que promete ser el próximo taquillazo.

La cuestión, por tanto, no parece ser que el público haya dejado de querer superhéroes. Lo que ha desaparecido es la obligación de acudir a ver todos los superhéroes. Los experimentos periféricos de Sony son un buen ejemplo. "Morbius", "Madame Web" o "Kraven" demostraron que una marca reconocible ya no garantiza automáticamente que el espectador considere imprescindible una visita al cine. Con el caso de "Spider-Man: Brand New Day" ocurre la paradoja de que tiene el título de una de las sagas más odiadas del personaje y que motivó que muchos fans indignados dejaran al personaje ante el giro de guión que habían tomado los guionistas. Giro que por cierto está presente en el argumento de esta película: el mundo ha olvidado a Peter Parker. La cinta ha cumplido con el objetivo tanto de atraer al público a las salas de cine como a los cómics del personaje. La película se convierte en un enorme Team-Up en el que van haciendo cameos y apariciones un amplio repertorio de personajes de la Marvel. Yo personalmente echo de menos en estas películas el entorno del Daily Bugle, con el cascarrabias de J. Jonah Jameson utilizando su socorrido titular de "Spider-Man: ¿héroe o amenaza?" con fotos que le vende el propio Peter Parker.

Pero no todo el verano ha dado tantas alegrías a la casa del ratón y ahí está la nueva entrega de "The Mandalorian" para atestiguarlo. Desde la compra de la saga Star Wars por Disney, la serie del mandaloriano y Andor parecían un reducto alejado de las iras de los haters. Por eso alguien debió decidir que esta era la vía de entrada para que la franquicia regresara a la gran pantalla. La serie de Jon Favreau y Dave Filoni consiguió convertirse en uno de los grandes puntos de encuentro de un fandom cada vez más fragmentado. Sin embargo, Disney enseñó al espectador a consumir a Mando y Grogu desde el sofá. Durante tres temporadas, ese fue su entorno natural. No había que comprar una entrada, desplazarse hasta un cine ni reservar dos horas de una tarde. Bastaba con encender el televisor. De hecho, la serie fue una de las principales cartas de presentación durante el desembarco en España de Disney Plus en pleno confinamiento por la pandemia.

La respuesta del fan tras el estreno de la película en cines no ha sido la esperada. Viendo "The Mandalorian and Grogu" tuve la sensación de que parecía una película construida como si fueran varios episodios de la serie encadenados. Como si el título estuviera rodado para cerrar todos los cabos sueltos que quedaron abiertos en la serie. Algo parecido a lo que pasó en Firefly, serie de culto que se canceló tras la primera temporada y que pudo cerrar sus tramas en el cine en "Serenity". Pero no es el caso de "The Mandalorian", la película no viene a cerrar nada, pero da la sensación de ser una especie de cuarta temporada con la que satisfacer el mono de los fans. Los retrasos en los rodajes por la huelga de guionistas y la cada vez más ocupada agenda de Pedro Pascal pueden estar en la génesis de este proyecto cinematográfico. Es más bien una aventura independiente de Din Djarin y Grogu, el rescate de Rotta, el hijo de Jabba el Hutt.

Esto no significa que parezca una película de televisión en el sentido tradicional. Los efectos especiales están perfectamente a la altura de cualquier otra producción cinematográfica de "Star Wars", y hay secuencias que justifican sobradamente una pantalla grande. Mi problema está más en la narración que en la factura. Incluso hay una decisión estética que me llamó especialmente la atención: cierta tendencia a infantilizar a demasiados alienígenas, convirtiendo algunos personajes y criaturas en figuras más cercanas al humor y la ternura que a aquella extraña fauna de la Star Wars original, que podía resultar simpática, pero también inquietante, extravagante o directamente desagradable.

Y aquí aparece una paradoja interesante. "The Mandalorian" nació para ser una serie y el público aprendió a consumirla como tal. Ahora llega al cine una historia que sigue pareciendo, en buena medida, un episodio especialmente largo de esa misma serie. La pregunta es inevitable: si la experiencia narrativa sigue siendo esencialmente televisiva, ¿qué motivo tiene el espectador para pagar una entrada y desplazarse hasta una sala? El problema es que la propia compañía ha creado durante años un hábito de consumo diferente.

El caso de "Supergirl: Woman of Tomorrow" añade el matiz más interesante a esta ecuación. Tras quedarse en apenas 223 millones de dólares en cines, su desembarco en Max ha supuesto el mejor estreno de una película de la marca en la plataforma en todo el año, superando los 14,2 millones de espectadores únicos en su primer fin de semana. La película venía lastrada en parte por las interminables discusiones en redes sociales: por un lado, los "haters" de todas aquellas películas del género que tengan a una mujer como protagonista; y, por el otro, los seguidores que intentan boicotear a James Gunn como gerifalte del universo cinematográfico de DC para restaurar el Snyderverso.

Los datos nos han demostrado que el público no rechazaba al personaje ni a la propuesta. Simplemente, prefirió esperar a descubrirla en el catálogo doméstico. De hecho, la llegada a HBO Max se ha producido muy pocas semanas después de que la película abandonara las carteleras. La película se aleja por completo de la Metrópolis luminosa o del tono más tradicional y blanco que vimos en la serie del Arrowverso. Se trata de una adaptación del cómic de Tom King para construir un Space Western sucio, crepuscular y lleno de personalidad. Hay en ella una atmósfera galáctica de piratas espaciales, cazarrecompensas y tugurios clandestinos que recuerda inevitablemente a la Cantina de Mos Eisley y al "Star Wars" más fronterizo, que bien podría competir con The Mandalorian. Resulta bastante revelador que en HBO Max esté arrasando otra serie basada en el trabajo de King, "Lanterns", con una imagen totalmente distinta del personaje de Hal Jordan a la que estaban acostumbrados los fans de "Green Lantern". A esos que se rasgan las vestiduras cuando alguien se toma determinadas licencias creativas no se les ha oído mucho.

Ese universo le sienta como un guante a Milly Alcock. La actriz, a quien descubrimos como la joven Rhaenyra Targaryen en La casa del dragón, compone una Kara Zor-El cínica, irreverente y emborrachándose en bares perdidos de la galaxia para fingir que nada le importa. Ese pasotismo no es más que la máscara perfecta para ahogar el trauma de haber visto morir su planeta con catorce años. En sus antípodas, Superman representa la esperanza porque creció en la calidez de una granja en Kansas; Kara es el cinismo desgarrado y la rabia de la superviviente. Un matiz con el que evita quedarse como una copia femenina del Hombre de Acero. A ese pedigrí procedente del universo de George R. R. Martin se le suma la presencia de Jason Momoa encarnando a Lobo, el mercenario espacial gamberro y ultraviolento que funciona como la respuesta irreverente de DC al fenómeno Deadpool de Marvel.

Tanto "Supergirl" como "The Mandalorian" han demostrado que una película puede tener una segunda oportunidad cuando desaparecen las barreras que dificultaron su estreno y que lo recaudado en los primeros fines de semana no siempre es el indicador más fiable. No estamos necesariamente ante un público cansado de los superhéroes. Las series y el streaming no solo han conseguido competir con el cine a la hora de contar grandes historias. También han educado al espectador para decidir cuándo quiere consumirlas y en qué condiciones.

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