Álvaro José Gómez Molina cuenta su travesía junto a su equipo para ayudar tras el terremoto y sobrevivir a un operativo en el que resultó herido.
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El cabo segundo Álvaro José Gómez Molina estuvo al frente atendiendo durante ocho días la emergencia en Cali. Foto: Particular

PERIODISTA30.09.2026 19:05 Actualizado: 30.09.2026 19:05
Con una sudadera ancha, un buzo de manga larga, un cabestrillo en el brazo derecho y sentado en una silla de ruedas, el cabo segundo Álvaro José Gómez Molina, suboficial del Batallón Agustín Codazzi de Palmira, respira profundo y agradece estar vivo.
A pesar de la convalecencia, no pierde la firmeza en su voz de mando. Alimentada por su marcado acento cucuteño, la voz hace una pausa momentánea para saludar a su equipo de diez hombres, quienes lo han acompañado en momentos cruciales en los que le ha visto la cara a la muerte: primero como parte del grupo de rescate tras el terremoto en Cali y, pocos días después, en una operación militar en la que recibió cuatro disparos.
Sin equipos especializados, los uniformados atendieron el edificio Vanessa, ene l sur de Cali. Foto:Particular
"Primero, gracias a Dios porque estamos vivos, y agradecerles a ustedes por esa labor en Cali, porque nuestra prioridad es servir a la comunidad; a eso nos debemos", expresó el suboficial durante un breve e improvisado discurso para sus hombres.
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En esa primera emergencia no se trataba de un operativo de combate, ni de desarticular bandas criminales o incautar armas: la misión era salvar vidas entre los escombros del edificio Vanessa, infraestructura que colapsó tras el movimiento telúrico del 10 de agosto.
Por momentos, los uniformados arriesgaron sus vidas en busca de sobrevivientes. Foto:Particular
El cabo Gómez Molina recuerda que a mano limpia, sin equipos especializados pero con plena disposición, llegó junto a sus diez uniformados a las 9:00 a. m. del mismo día del sismo. Entre zozobra e incertidumbre, apoyaron las labores de búsqueda durante ocho días.
Junto a la estructura colapsada, un colegio sirvió como refugio temporal para la tropa, que se organizó en turnos y relevos continuos para descansar brevemente y reincorporarse a la búsqueda de sobrevivientes.
En total, el suboficial y su equipo apoyaron la recuperación de 15 cuerpos. Pese a la tragedia y al clamor de las familias, mantuvieron intacta la esperanza de hallar con vida a alguna víctima.
Los uniformados apoyaron las labores de los organismos de rescate. Foto:Particular
El hallazgo que marcó su vidaUno de los momentos más impactantes para el militar fue el hallazgo de una pareja de adultos mayores abrazados entre los escombros, un reflejo del drama vivido en la edificación.
"Por unos momentos noté a mi equipo derrumbado y triste ante una verdad que la naturaleza nos mostraba", recordó Gómez Molina.
La vivencia lo llevó a reflexionar sobre la empatía y la fe: "Hay que darle muchas gracias a Dios de que estamos vivos. Algunos la están pasando mal, pero están vivos; otros perdieron sus viviendas, pero siguen con vida. Lamento mucho a quienes perdieron a sus seres queridos, es muy duro".
Los militares también llegaron a lugares complejos para ayudar en el rescate. Foto:Particular
Nuevamente frente a la muerteApenas dos días después de regresar a su unidad militar, el cabo Gómez y su equipo motorizado enfrentaron un nuevo hecho en el que el suboficial estuvo a punto de perder la vida. Ocurrió durante una operación en el corregimiento de Tablones, en Palmira, donde se desató un intenso combate con un grupo armado organizado. En el enfrentamiento, el militar recibió cuatro impactos de bala: dos quedaron alojados en su chaleco de protección y dos más le impactaron en el brazo.
En medio de la confrontación, la rápida reacción de la unidad permitió neutralizar la amenaza y capturar a uno de los presuntos delincuentes.
"Destaco en mi equipo la disciplina y el valor en cada misión. Durante la emergencia trabajaron sin rendirse y en el territorio su compromiso fue con la seguridad de la población", recalcó el suboficial desde su proceso de recuperación.
Así quedó el chaleco antibalas del cabo segundo Álvaro José Gómez Molina, tras un operativo. Foto:Particular
Una década de servicio públicoEl cabo segundo Álvaro José Gómez Molina tiene 30 años y es oriundo de Cúcuta.
Completa una década al servicio del Ejército Nacional: se desempeñó como soldado profesional durante cinco años en Norte de Santander y, tras graduarse como suboficial, prestó sus servicios en el Vichada antes de ser destinado al departamento del Valle del Cauca.
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